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HORIZONTES El martes antes
No permitamos que la democracia que hemos construido se vea ensombrecida por aquellos que, sabiéndose perdedores, trataran de alterar el mandato ciudadano.
Por:
Francisco Beltranena
Faltan apenas cinco días para que se celebren las sextas elecciones generales del proceso democrático que se iniciara en 1985. En condiciones normales, todo debería estar más claro que nunca; sin embargo, sobre el proceso electoral se ciernen (y lo digo literalmente) serios nubarrones.
El huracán Félix, que amenaza el territorio nacional, se encuentra, cuando escribo esta columna, a 405 kilómetros al este del Cabo de Gracias a Dios, en la frontera entre Nicaragua y Honduras, con vientos sostenidos de 205 kilómetros por hora, lo que lo hace un huracán de categoría 4 en la escala de Sanfir.
Este fenómeno meteorológico lo consideraríamos como algo naturalmente relacionado con la temporada de huracanes, la que se encuentra en su plenitud en este momento. Sin embargo, resulta que el mismo se está dando apenas a unos días de las elecciones, algo que debería haber sido considerado al modificar la Ley Electoral y de Partidos Políticos.
De acuerdo con las predicciones del Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos, Félix debería estar entrando a Nicaragua en cualquier momento de la noche del lunes, y convirtiéndose en tormenta tropical para cruzar territorio hondureño y posiblemente reconvertirse en huracán antes de entrar a Belice a la altura del río Sarstún, en algún momento de la tarde del miércoles, y sus efectos serían sentidos en el territorio nacional desde el miércoles hasta el viernes, en forma de torrenciales aguaceros que abarcarían casi todo el territorio.
Cuánto daño pueda producir Félix y su cola es materia que corresponde a los expertos calcular; lo cierto es que lo que produce es una enorme incertidumbre sobre un proceso que si los daños llegaran a ser declarados de emergencia nacional, tendría como corolario la suspensión del proceso electoral.
Si las aguas ya estaban calientes con el empate técnico que, de acuerdo con la encuesta publicada por elPeriódico el viernes pasado, ya se estaba dando entre Álvaro Colom y Otto Pérez Molina por la Presidencia de la República, lo más probable es que se calienten aún más cuando se publique esta semana la que llevó a cabo Vox Latina para Prensa Libre, Nuestro Diario y Guatevisión.
La curva ascendente de Pérez Molina no se ha detenido, y es esperable que, o se encuentren estadística o matemáticamente empatados, o que incluso se hayan variado las posiciones entre el primero y segundo lugares a su publicación, algo que resultaría increíble para una gran cantidad de analistas que cuando leyeron mis columna en las que preveía un escenario como el que estamos viviendo se atrevieron a asegurar que había fumado de la que da risa.
El proceso electoral del que tanto hemos hablado está en su última semana, y no deja de estar lleno de vicisitudes, incertidumbres y novedades. Los políticos han hecho su parte, y la suerte está prácticamente echada. Lo que podría cambiar el destino de los resultados ya está presente en el horizonte: Félix. Corresponde ahora a todos los ciudadanos guatemaltecos ser garantes del proceso electoral. No permitamos que la democracia que hemos construido se vea ensombrecida por aquellos que, sabiéndose perdedores, tratarán de alterar el mandato ciudadano.
Las encuestas de opinión son un claro reflejo de lo que piensan los guatemaltecos el martes antes de las elecciones. El resultado electoral no debería variar más allá de los márgenes de error. Sin embargo, algunos todavía insisten en que los indecisos voltearán los resultados, lo que no es más que una excusa para sus aviesas intenciones.
Hoy, el martes antes de las elecciones, se ciernen los negros nubarrones de Félix, pero también los de aquellos que en su afán por satisfacer sus intereses personales sueñan con alterar el resultado electoral. A ellos, el martes antes les digo: los ciudadanos que creemos en la democracia y que estamos dispuesta a defenderla, no vamos a permitir que semejante situación suceda, con Félix o sin Félix. ¡Hasta la próxima!
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