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EDITORIAL El factor climático en los comicios
Conforme pasan las horas se afianza una de las posibilidades que hasta hace poco tiempo muy pocas personas consideraban factibles: la del componente climático como elemento que represente cambios y alteraciones en la participación popular electoral y, obviamente, en los resultados.
Los informes meteorológicos internacionales y nacionales señalan que el huracán Félix, de categoría 4 y con vientos de 215 kilómetros por hora, se encuentra a pocas horas de tocar las costas hondureñas.
Debido a ello, se predicen lluvias copiosas en el vecino país, mientras el fenómeno atmosférico avanza muy rápido hacia el oeste, por lo que se ha declarado alerta naranja en ocho departamentos nacionales. Esto sucede cuando faltan apenas cinco días para las elecciones del domingo.
No parece factible que el territorio guatemalteco sea afectado de manera directa, pero por otra parte casi es seguro que la zona norte del país –incluidos Petén, Izabal y las Verapaces, para un total de ocho departamentos– sea afectada por las lluvias que están pronosticadas para llegar el jueves y que pueden ser muy fuertes durante períodos breves, o suaves pero de larga duración. Esto puede causar disminución en el número de votantes, sobre todo, en las áreas rurales.
El problema en este momento no se refiere a la organización de las elecciones, ni a la capacidad de los miles de ciudadanos que participarán en su realización. Lo preocupante es la disminución de votantes a causa de las lluvias que –no se debe olvidar– son comunes en esta parte del año, y de las que las autoridades del Tribunal Supremo Electoral habían sido advertidas, según expresó ayer un funcionario.
Se puede dar la disyuntiva (inesperada y prácticamente imposible de predecir cuando se decidió cambiar la fecha de las elecciones) entre realizar los comicios a pesar de que la reducción de los votantes los convierta en representativos de solamente un determinado sector de la población, o suspenderlos mientras pasa el mal tiempo. Es necesario saber a quién le corresponde legalmente tomar cualquiera de esas decisiones.
Es preciso hablar a este respecto durante esta misma semana, antes de que llegue el domingo y se sepa cómo serán las condiciones climáticas. Para el país sería muy difícil resistir una discusión entre las partes involucradas una vez comenzadas las elecciones, así como la realización de impugnaciones y señalamientos de irregularidades debido a la presencia de las lluvias.
El hipotético pero ahora probable caso que nos ocupa hoy es un claro ejemplo de cuando se debe escoger entre dos males: una elección en la cual la gente no participó por motivos de fuerza mayor, o el incumplimiento de la letra muerta de la ley cuando ocurren situaciones evidentemente fuera de control.
Lo que está ocurriendo en estos días previos al domingo 9 de septiembre es una prueba de que en Guatemala todo puede ocurrir, y por ello la emoción y la inseguridad se conjugan para dar interés al llamado a expresar la voluntad popular.
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DE MIS NOTAS Recta final
Narcovoto: téngalo presente cuando vote por alcalde, diputado o presidente.
Por:
Alfred Kaltschmitt
Rememoraba las elecciones que me ha tocado vivir en esta Guatemala de los volcanes sociopolíticos aún humeantes. Comencé a tomar interés por el proceso democrático en las elecciones de 1974, que disputaron Laugerud García y Ríos Montt, de la Democracia Cristiana.
Tenía yo apenas 30 años cuando los militares le robaron las elecciones a Ríos Montt. En ese entonces, el poder dizque democrático era una especie de pañuelo lavable que sólo se prestaba –bajo severo escrutinio de los militares– al candidato que estuviese más alineado con ellos y éstos con la oligarquía, que en aquellos tiempos era un cúpula empresarial totalmente cooptada por el conflicto este/oeste.
Desde entonces para acá hemos progresado en forma consistente. El Tribunal Supremo Electoral les vino a dar a las sucesivas elecciones una verdadera confiabilidad electoral y el proceso democrático permitió que el voto cumpliese el mandato constitucional de elegir y ser electo con apego al debido proceso.
Otros son hoy en día los desafíos que hay que enfrentar en materia de procesos electorales. Ya no es a base de chanchullo, malabarismo estadístico o manoseo de urnas como se manipulan las elecciones. Las dos amenazas más peligrosas que acechan la democracia son el narcovoto y el clientelismo político.
Alcaldes y diputados que compran sus curules y varas edilicias a puro voto adquirido con dinero sucio proveniente del narcotráfico. El poder del dinero en una campaña política es incuestionable. Más aún en un país con niveles altos de pobreza e ignorancia.
Cuando un candidato a diputado o a alcalde dispone de enormes sumas de dinero para imprimir volantes, regalar gorras, camisetas, chumpas y banderas; organizar movilizaciones costosísimas; contratar bandas, tarimas y sistemas de sonido; disponer de flotas de vehículos terrestres y aéreos; y hacer propaganda por medio escritos, radiales y televisivos; no hay ninguna duda que esto tiene un peso crítico a la hora de conseguir votos. Ergo: el narcovoto es factible y real.
Luego está el clientelismo político, que aunque emparentado a distancia con el narcovoto, permite también a sus practicantes conseguir prebendas de todo tipo, por medio de jugosas donaciones y aportaciones en especie para las campañas.
No vivimos en un “cielito lindo” aséptico, como para prestar helicópteros, vehículos, infraestructura y plata sin esperar nada a cambio. Si hubiese donantes de este tipo, sin intereses particulares y una linda disposición a ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio, serían una especie en extinción digna ser conservada en el museo de la sociedad civil.
Todos sabemos que esto no ocurre así. Los donantes grandes esperan favores grandes. Los donantes pequeños tendrán la ilusión de por lo menos disponer de la “buena” y no mala voluntad de “su” candidato, al llegar éste al poder.
Los gobiernos son especialmente proclives a caer en la tentación de favorecer a su candidato oficial, permitiéndole la utilización de bienes públicos para acciones proselitistas, incluidas donaciones “en especie” en tiempos del cólera electoral, dirigidas a cultivar la imagen social del mismo grupo objetivo que su candidato pretende conquistar.
No se descartan los idealistas. Ciudadanos cuya motivación dominante proviene de un genuino deseo de servir a su país como forma de ver encarnadas sus ideologías y planes de administración en el poder local o gubernamental. Es el caso de los comités que proponen, por ejemplo, a la arquitecta Susana Asensio como candidata a alcalde por la Antigua.
El narcovoto es un voto “botado”, nulo y, a la larga, el más nocivo y difícil de extraer después del poder. Téngalo presente cuando vote por alcalde, diputado y presidente.
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RERUM NOVARUM Fecundar la sociedad con el evangelio
Labor intelectual y educativa de la Iglesia.
Por:
Gonzalo de Villa
La Iglesia Católica se ha hecho presente en sociedades determinadas en distintas épocas durante dos mil años. A lo largo de su historia, la Iglesia ha tenido que enfrentar, convivir y tratar de influir –para cambiarlas– a sociedades muy diferentes entre sí, tanto en los sistemas de gobierno como en los modos culturales de vivirse las dimensiones más básicas de toda sociedad: la familia, el trabajo, las relaciones locales, la educación de los hijos.
El esfuerzo de elaboración y sistematización de su doctrina social es reciente, y abarca un período de poco más de cien años. Sin embargo, encontramos también en siglos anteriores elementos de doctrina social tanto en sus más grandes pensadores cuanto en documentos pontificios y de magisterio local. El diálogo evangelizador con sus respectivas contemporaneidades en las diferentes épocas no ha sido fácil.
El título del artículo de hoy nos remite, sin embargo, a que la labor central de la Iglesia en la sociedad –toda sociedad, cualquier sociedad, en toda época y lugar– es la de fecundarla y fermentarla con el evangelio. En ello, sin duda, juegan papeles fundamentales tres dimensiones del accionar de la Iglesia, y ninguno de ellos debiera ser ignorado.
Una primera dimensión apunta a la labor intelectual y educativa de la Iglesia. Es la labor de reflexionar, a la luz de la fe, sobre las sociedades que uno tiene enfrente, sobre los cambios que sufren, sobre las tensiones y problemas que en ellas aparecen, sobre los escándalos e inconsecuencias que las sociedades presentan a la hora de definirse cuan humanas y humanizantes son para los seres humanos que en ellas nacen y viven. Es donde la doctrina social de la Iglesia, pero no sólo ella, trata de desenvolverse y de iluminar a las diferentes sociedades.
Una segunda dimensión va a ser el conjunto de la labor pastoral de la Iglesia. En ella la Iglesia tiene que atender a la motivación y formación de sus miembros, a la celebración de los misterios de su fe, a mantener viva la fe para los creyentes y hacerlo cultivando distintos métodos de evangelización que preparen a las nuevas generaciones de creyentes para vivir y proclamar su fe ante los nuevos retos que la sociedad presenta. Nada de todo ello adquiere verdaderamente sentido cristiano si no conduce al encuentro en la fe con Jesucristo vivo.
La tercera dimensión va a ser a dimensión misionera del accionar eclesial. La Iglesia nunca se ha conformado con cuidar de sus miembros activos. La parábola de la oveja perdida en el evangelio en la que vale la pena dejar a las 99 con que uno cuenta para buscar a esa que ya no está en el rebaño ha impulsado siempre a la Iglesia a preocuparse por los alejados, por los indiferentes y por aquellos que desconocen la fe cristiana. Esa labor misionera ha sido entendida con distintas sensibilidades en diferentes épocas, pero en todas ellas la Iglesia ha considerado esa labor como absolutamente fundamental en la expresión de su ser.
En las tres dimensiones hay elementos comunes. El primero es el anuncio del evangelio y el afincarse en el evangelio de Jesucristo para realizar esas variadas tareas. El segundo es llegar a los corazones de las personas en donde se deciden las opciones más vitales y comprometedoras de quien es uno como persona ante Dios. El tercero, finalmente, es iluminar desde la fe realidades sociales, políticas y culturales en las que la evangelización pasa por la reflexión y el diálogo con otros.
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HOMO ECONOMICUS ¿Pobreza disminuyendo?
La industria de la pobreza está pobre.
Por:
José Raúl González Merlo
Por ponerles atención a las encuestas electorales, no les pusimos suficiente atención a los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) que fuera publicada recientemente. Y quizás, porque los resultados mostraron una ligera mejora fue que tampoco hubo mayores comentarios. Cómo se nota que lo único que nos interesa resaltar son las malas noticias…
De acuerdo con dicha encuesta la pobreza, como porcentaje total de la población, habría bajado entre el 2000 y el 2006, de 55 a 50 por ciento. Una noticia de esa naturaleza debería haber provocado mayor atención de los medios de comunicación y de la opinión pública. Que la pobreza caiga en un porcentaje tan significativo no ocurre a diario.
Especialmente cuando diversos grupos interesados repiten como loros que las “medidas neoliberales del gobierno de empresarios han acentuado la pobreza en el país…”. ¿Qué pasó? Pasa que, cuando hay buenas noticias, éstas no venden; y son pésimas noticias para los “colectivos” que viven de la pobreza. Ya sea por motivos políticos o por razones ideológicas, la noticia no causó el furor que hubiera causado si el porcentaje de pobres en el país hubiera subido un 5 por ciento. ¿Se imagina la bulla que hubiera habido?
Aunque tener un 50 por ciento de pobres no es noticia de la cual nos podamos sentir orgullosos, algo estamos haciendo en la dirección correcta. El principal problema es que la velocidad a la que lo estamos haciendo no es lo suficientemente rápida para poder sacar a más gente más rápido de la pobreza.
Hay otras cosas interesantes de ese estudio. De acuerdo con la encuesta, sólo un 30 por ciento de aquellos considerados como “empleados” es pobre, mientras que un 48 por ciento de los que se consideran “independientes” es pobre. ¿Cuál es la forma más rápida de sacarlos de la pobreza? ¡Convirtiéndolos en empleados! Pero para ello necesitamos una empresa y capital que les dé trabajo.
La cosa no es como nos dicen los colegas socialistas y marxistas. El capital no es el enemigo del proletario. Al contrario, es el factor que lo sacará de la pobreza. Los enemigos ideológicos del capital (que buscan ponerle impuestos como el impuesto sobre la renta) son los peores enemigos del pobre. Sin capital no habrá empleos, y sin empleos reinará la pobreza.
Por andar perdidos en la demagogia de la “justicia social” y los innumerables “derechos” que hemos inventado, somos incapaces de atacar las verdaderas fuentes de la pobreza. Hay que crear las condiciones económicas y jurídicas que den certeza al capital nacional y extranjero, y ello nos sacará de pobres.
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PUNTO DE ENCUENTRO Sufrir la guerra
“María me dijo, vení. ¿Qué vamos a hacer? Ocho días te vamos a torturar, me dijo…”. Rehmi, caso 4,612, Tzalbal, Quiché.
Por:
Marielos Monzón
De acuerdo con la crónica del diario elPeriódico, del domingo 2 de septiembre, en una actividad proselitista en Quiché, la diputada Roxana Baldetti del Partido Patriota, aseguró que “él no tuvo los pantalones para sufrir la guerra en este departamento como lo hizo el general”. De acuerdo con el reporte, fue de esta manera como la diputada descalificó al candidato de la UNE, Álvaro Colom.
En esta columna me quiero referir al comentario de la diputada Baldetti, y abstraerlo de la crítica a Colom, porque me resulta realmente una afrenta a la población guatemalteca en general, pero a la población ixil en particular, las palabras de la congresista y candidata a la reelección.
Doscientos 50 mil muertos, 50 mil desaparecidos, 600 aldeas arrasadas, 263 masacres documentadas en esa área, miles de desplazados y refugiados son los números aterradores que nos dejó la guerra.
Y con todo ese dolor, toda esa sangre derramada, con las atroces violaciones a los derechos humanos, no se puede jugar. Porque la guerra no la sufrió el general, la sufrieron hombres, mujeres, niñas y niños guatemaltecos, que fueron torturados, quemados vivos, violados, asesinados, desaparecidos. Y las heridas aún están abiertas, porque nunca se hizo justicia y los responsables de todo lo ocurrido siguen libres, gozando de impunidad.
Se supone que la paz se firmó con el objetivo primordial de parar la barbarie, de detener las atrocidades que se cometían contra la población civil. Se supone que los militares que participaron en la firma de los acuerdos de paz estaban conscientes de que no se podía continuar con el camino de la muerte y el enfrentamiento.
Se supone que cuando el presidente de la República y comandante general del Ejército de aquellos años reconoció la responsabilidad del Estado en lo ocurrido y pidió perdón, quedó claro quiénes fueron las víctimas de la guerra y quiénes los verdugos. Y no precisamente es un acto de valentía haber formado parte de un Ejército al que la Comisión de Esclarecimiento Histórico señaló de genocidio y delitos de lesa humanidad.
Hay otras formas de ganar votos, otras formas de conseguir el favor del electorado, otra manera de explicar las bondades de un proyecto político. Hay otras formas de argumentar por qué otra opción partidaria, u otro candidato, no resulta el más adecuado para el país.
Pero después de lo ocurrido en Guatemala, durante 36 años de guerra, es inaceptable, una arenga de semejante naturaleza. Porque la ofensa no fue para el candidato de la UNE, su adversario político, sino fue para un pueblo masacrado, violentado, exterminado.
“Mano dura no significa regreso al pasado”, han asegurado hasta el cansancio los máximos líderes del Patriota. Flaco favor les hace la diputada Roxana Baldetti con sus palabras.
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HORIZONTES El martes antes
No permitamos que la democracia que hemos construido se vea ensombrecida por aquellos que, sabiéndose perdedores, trataran de alterar el mandato ciudadano.
Por:
Francisco Beltranena
Faltan apenas cinco días para que se celebren las sextas elecciones generales del proceso democrático que se iniciara en 1985. En condiciones normales, todo debería estar más claro que nunca; sin embargo, sobre el proceso electoral se ciernen (y lo digo literalmente) serios nubarrones.
El huracán Félix, que amenaza el territorio nacional, se encuentra, cuando escribo esta columna, a 405 kilómetros al este del Cabo de Gracias a Dios, en la frontera entre Nicaragua y Honduras, con vientos sostenidos de 205 kilómetros por hora, lo que lo hace un huracán de categoría 4 en la escala de Sanfir.
Este fenómeno meteorológico lo consideraríamos como algo naturalmente relacionado con la temporada de huracanes, la que se encuentra en su plenitud en este momento. Sin embargo, resulta que el mismo se está dando apenas a unos días de las elecciones, algo que debería haber sido considerado al modificar la Ley Electoral y de Partidos Políticos.
De acuerdo con las predicciones del Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos, Félix debería estar entrando a Nicaragua en cualquier momento de la noche del lunes, y convirtiéndose en tormenta tropical para cruzar territorio hondureño y posiblemente reconvertirse en huracán antes de entrar a Belice a la altura del río Sarstún, en algún momento de la tarde del miércoles, y sus efectos serían sentidos en el territorio nacional desde el miércoles hasta el viernes, en forma de torrenciales aguaceros que abarcarían casi todo el territorio.
Cuánto daño pueda producir Félix y su cola es materia que corresponde a los expertos calcular; lo cierto es que lo que produce es una enorme incertidumbre sobre un proceso que si los daños llegaran a ser declarados de emergencia nacional, tendría como corolario la suspensión del proceso electoral.
Si las aguas ya estaban calientes con el empate técnico que, de acuerdo con la encuesta publicada por elPeriódico el viernes pasado, ya se estaba dando entre Álvaro Colom y Otto Pérez Molina por la Presidencia de la República, lo más probable es que se calienten aún más cuando se publique esta semana la que llevó a cabo Vox Latina para Prensa Libre, Nuestro Diario y Guatevisión.
La curva ascendente de Pérez Molina no se ha detenido, y es esperable que, o se encuentren estadística o matemáticamente empatados, o que incluso se hayan variado las posiciones entre el primero y segundo lugares a su publicación, algo que resultaría increíble para una gran cantidad de analistas que cuando leyeron mis columna en las que preveía un escenario como el que estamos viviendo se atrevieron a asegurar que había fumado de la que da risa.
El proceso electoral del que tanto hemos hablado está en su última semana, y no deja de estar lleno de vicisitudes, incertidumbres y novedades. Los políticos han hecho su parte, y la suerte está prácticamente echada. Lo que podría cambiar el destino de los resultados ya está presente en el horizonte: Félix. Corresponde ahora a todos los ciudadanos guatemaltecos ser garantes del proceso electoral. No permitamos que la democracia que hemos construido se vea ensombrecida por aquellos que, sabiéndose perdedores, tratarán de alterar el mandato ciudadano.
Las encuestas de opinión son un claro reflejo de lo que piensan los guatemaltecos el martes antes de las elecciones. El resultado electoral no debería variar más allá de los márgenes de error. Sin embargo, algunos todavía insisten en que los indecisos voltearán los resultados, lo que no es más que una excusa para sus aviesas intenciones.
Hoy, el martes antes de las elecciones, se ciernen los negros nubarrones de Félix, pero también los de aquellos que en su afán por satisfacer sus intereses personales sueñan con alterar el resultado electoral. A ellos, el martes antes les digo: los ciudadanos que creemos en la democracia y que estamos dispuesta a defenderla, no vamos a permitir que semejante situación suceda, con Félix o sin Félix. ¡Hasta la próxima!
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SIEMBRA Por Guate
Benjamín Franklin: “El tiempo perdido no se recupera nunca, y cuando decimos que tenemos tiempo de sobra, descubrimos que nos falta”.
Por:
Carlos Zúñiga Fumagalli
Pero también por usted, por sus hijos y sus nietos; sus hermanos, sus padres, amigos y por todos. No sólo tenemos que hablar de derechos y obligaciones de ciudadanos, sino más bien debemos aprender a vivir nuestra ciudadanía.
Esto implica participar activamente en el proceso electoral, en ser parte de esa gran fiesta cívica que resulta de una madurez política adquirida a través de nuestra evolución. Es el momento de colocar otro grueso ladrillo en los cimientos de nuestro futuro; de hacer ciudadanía.
Es importante que cada vez más participemos en actividades relacionadas con nuestro proceso electoral. Ya sea con el partido de nuestra elección, con un comité cívico, o bien con la escuela, universidad u cualquier otra institución que represente una arena propicia para nuestra participación cívica y política. ¡No sólo se trata de votar!
El proceso se inicia desde recabar la suficiente información sobre las distintas propuestas políticas y hacer una lectura profunda y detallada de las mismas. Evaluar su contenido y compararlas entre sí. Luego, hacer el mismo ejercicio con los conceptos que manejamos sobre el tema. ¿Qué grupo de propuestas cumple con nuestras expectativas de plan de trabajo y administración de nuestros recursos?
Importante no es sólo el plan estructurado en papel, lo principal es quiénes serán los profesionales responsables de implementarlo. No sólo su capacidad demostrada, sino también su historial de vida y calidad moral. Porque no hay presupuesto que alcance, si no fundamentamos nuestros requisitos en la rectitud y ética de los que pretenden gobernar, sin olvidar que una manzana pudre al resto.
Por Guate debemos informarnos, evaluar nuestro voto, invitar a otros a votar, respetar la voluntad de la mayoría, evitar a toda costa la violencia y colaborar de lleno cumpliendo con todas nuestras obligaciones ciudadanas. Apoyar a quienes sean designados para administrar la Nación y nuestros recursos.
Debemos despreciar totalmente cualquier tipo de violencia, tanto física, moral, psicológica o de actitud que pueda empañar nuestra fiesta cívica. Si bien es cierto, hoy cada quien tiene su candidato, en enero todos tendremos un presidente, el de la Nación. Tendrá derecho a la duda y al respaldo otorgado por la mayoría, dejará de ser una bandera partidista y deberá ser azul y blanco. Por Guate consolidemos nuestro proceso democrático, participando responsablemente.
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OPINION DE LOS LECTORES Buena elección
Por:
Cartas
Propongo votar por el candidato que haya ofrecido menos, y que haya propuesto solución a los problemas de fondo –explosión demográfica, inseguridad, corrupción, narcotráfico, protección ambiental–. Elijamos a quien haya reconocido que ninguno de esos problemas los puede resolver su gobierno, pero que, como mínimo, sentará las bases para hacerlo.
Votemos por el candidato que pueda aceptar las críticas constructivas; que sea consciente de sus fortalezas y, más importante aún, de sus debilidades, y que sepa cómo superarlas. Que no se haya asociado con gánsteres, ni en el pasado ni ahora, y que sepa elegir a colaboradores que puedan actuar con independencia. Que escuche más y que hable menos, que sea flexible y que dialogue, pero que no ceda en sus principios.
En otras palabras, que sea íntegro; que sus sentimientos, pensamientos y acciones sean congruentes. ¿Tendremos alguien por quién votar? Reflexionemos.
José A. Sierra, sierrajos@yahoo.com.
• Hay prioridades
Dan pena y tristeza las propuestas de los candidatos presidenciales que sólo ofrecen lo mismo: economía, empleo, seguridad. Yo digo a estos candidatos –y, especialmente, a Rigoberta Menchú, quien es la que menos propuestas tiene en educación–, que a lo que hay que dar prioridad es al magisterio nacional. Hace falta presupuestar a los 13 mil maestros que están por contrato, crear más plazas en las áreas rurales, fortalecer la educación bilingüe intercultural y no privatizar las escuelas. Sólo así se ayudará a miles de padres de familia de escasos recursos o sin empleo.
Los ciudadanos debemos saber quién de los candidatos tiene las mejores propuestas y sabrá cumplirlas.
Buenaventura Díaz Sebaquijay, B-2 2,491.
• Voto razonado
Cada cuatro años se repite la misma historia: somos asediados por un gran número de partidos políticos, quienes, para conseguir votos, obsequian camisetas, gorras y pachones.
No debemos dejarnos engañar por sus estrategias, sino razonar para emitir un voto consciente y libre, que permita elegir a los candidatos ideales. En mi municipio, el actual alcalde quiere reelegirse, para lo que obliga a la gente a votar por él o, de lo contrario, no cubrirá sus necesidades.
Creo que, para elegir al presidente, o a diputados y alcaldes, hay que saber primero quiénes son los aspirantes y cuáles son sus intereses, y conocer su plan de gobierno.
Érick Rafael Tajiboy, rafe-rick@hotmail.com.
• Den el ejemplo
Sugiero a los candidatos a presidente, vicepresidente, diputados y demás cargos públicos, que, para lograr un mejor país, muestren amor y respeto a Dios, o a la divinidad en que ustedes crean; amor, respeto y responsabilidad por Guatemala; honradez, veracidad, dignidad y puntualidad, para que los guatemaltecos volvamos a confiar en ustedes. Deben ser amables y solícitos, no sólo en campaña, sino también ya electos.
Que administren honradamente los recursos del Estado. Las altas esferas gubernamentales deben dar el ejemplo, para que esto se transmita y se imite en la iniciativa privada y en toda la población guatemalteca.
Amy Barillas, A-1 273,894.
• Campañas negras
Es lamentable que, a estas alturas de los comicios, y con observadores internacionales, todavía se siga con la cantaleta de “no vote por narcos”. Se cree que esta es propaganda “negra”, donde hasta los curas han estado interviniendo –y eso que ellos se mantienen al margen.
Estos problemas son de índole nacional, y la Constitución determina quién está a cargo de la seguridad nacional e internacional. No se siga confundiendo más a la ciudadanía, ya que a diario la violencia sale como el vapor, en todos lados, y de esto las actuales autoridades no han podido hacer nada.
Carmen Girón C., A-1 275,410.
• Voto de pensionados
Estamos a pocos días de las elecciones generales, y los candidatos a cargos públicos aún no han ofrecido aumentar el monto de las pensiones de los jubilados del Estado y del Seguro Social. Por esta razón, muchos de ellos ya no quieren votar, y esto un caudal enorme de sufragios.
Aquellos aspirantes todavía tienen tiempo de ofrecer y cumplir con un aumento a nuestras pensiones. Y aún más: el actual gobierno aún puede hacerlo efectivo.
Lic. Mario Israel Paiz Hernández, U-22 61,163.
• Comicios generales
Es una lástima que nuestras leyes no se cumplan. En estos últimos días de campaña política, esta capital se encuentra llena de basura. Además, ya nos tienen hartos con tantos anuncios por la televisión y la radio.
Creo que, con tanta agrupación política, más bien confunden a la mayoría de electores. ¿Por qué no dejar, a lo sumo, cuatro partidos que en serio hagan algo por el país? Además, ¿por qué despilfarrar más de Q400 millones en dos vueltas electorales? ¿Por qué tenemos que hacer cola dos veces para elegir al presidente? ¿Por qué no hacerlo en una sola ronda? El que ganó, ganó, y punto.
Víctor Manuel Morales Gutiérrez, E-5 123,099.
• Usted decide
Ciudadanos de Guatemala: ahora, un montón de aspirantes a puestos públicos nos piden trabajo, pues somos los patronos. ¿A quién daríamos empleo? ¿A alguien que habla bonito y ofrece hacer muchas cosas, o a alguien cuyos antecedentes son intachables y cuya hoja de vida ya revisamos, para darnos cuenta de que es la persona idónea? Tenemos el derecho y la obligación de despedirlo, si no es la persona que esperábamos.
Ing. Édgar Wever Carrera, ingewever@itelgua.com.
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