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Pequeños con grandes síntomas
Si observa a su bebé irritado, indague las causas
Por:
Patricia Orellana
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| Los niños dependen de los adultos, bríndele un ambiente en el que se desenvuelva bien. (Foto PL: Patricia Orellana). |
Una de las situaciones que más estresa a los padres de familia es oír llorar a su bebé sin razón aparente. Aún más durante el primer año en el que tienden a enfermarse, sin poder comunicar más que con el llanto lo mal que se sienten.
Debido a su corta edad, su sistema inmune no tiene las suficientes defensas y por eso están expuestos a contraer enfermedades virales o bacteriales, aunque también hay otras como el reflujo gastroesofágico cuya causa estriba en la inmadurez de su sistema digestivo.
Por esas razones es importante que se detecte a tiempo cualquier padecimiento que presente el pequeño para darle el tratamiento necesario.
A criterio de la pediatra Carolina de García, las diarreas, infecciones respiratorias (garganta, oído, pulmonares), dermatitis y reflujo, son los motivos más frecuentes de consultas en las clínicas pediátricas.
Problema líquido
Cuando las evacuaciones aumentan considerablemente y las heces van de blandas a semilíquidas o líquidas, en ocasiones acompañadas de fiebre o vómitos, el bebé presenta un cuadro de diarrea.
Las causas de ésta varían, aunque la mayoría de veces es originada por virus que afectan el tracto digestivo. También pueden desencadenarla la sensibilidad a los alimentos o el uso de antibióticos.
La complicación de ésta es que el bebé corre grave peligro de deshidratarse y hasta fallecer si el líquido que pierde es mucho mayor que el que ingiere. Entre las medidas para tratar esta afección está darle al bebé cada media hora, suero tomado o intravenoso, según el cuadro clínico.
El médico es quien debe prescribir el tratamiento y por lo regular las recomendaciones van orientadas a continuar dando la misma alimentación (sobre todo si toma leche materna) e incrementar el consumo de alimentos ricos en fibra, que mejoran la función intestinal.
No espere a que manifieste llanto sin lágrimas, pérdida de apetito, vómitos y exceso de sed, para acudir con el especialista, pues éstos son signos de que se encuentren muy mal. Debe consultarle en cuanto tenga las evacuaciones anormales (acuosas) y recurrentes. Por lo general al pequeño se le extraen muestras de heces para determinar si hay infección.
Antes de preparar biberones y papillas, lávese bien las manos. Hierva bien las pachas y mantenga limpios los juguetes de sus hijos, ya que los bebés siempre se los llevan a la boca y si están sucios, constituyen un fuerte foco de contaminación.
¡Auxilio!, mi bebé vomita
Una de las causas por las que los bebés regurgitan después de alimentarse, es el reflujo gastroesofágico. Éstas son relajaciones transitorias del esfínter entre el esófago y estómago que se abre cuando tiene que estar cerrado y a la inversa, lo que provoca que el ácido y los demás contenidos del estómago regresen al esófago que causan vómitos, irritabilidad y arqueos de la espalda, explica Arturo Batres Prado, gastroenterólogo pediatra. También hay casos en que el reflujo llega a la mitad del esófago y no vomitan, pero los malestares sí se presentan.
El tratamiento va encaminado a reducir la acidez estomacal, pero también hay que tomar otras acciones. Batres sugiere que la cuna o moisés en donde se acuesta el pequeño tenga unos 30 grados de inclinación (hacia arriba) de manera que donde queda la cabeza del bebé esté más alta.
Respecto a la alimentación, se prescriben fórmulas especiales o bien, se espesa la leche con cereal de arroz o avena para que la comida sea más densa y se regrese menos, pero quien decide el tratamiento es el médico.
Por lo general los pacientes mejoran a partir del sexto mes, que es cuando ya permanecen más tiempo sentados, los alimentos que consumen son más sólidos y además su esófago es más largo, por lo que no se regresa la comida con facilidad, apunta Batres.
Si el niño no mejora a los 6 u 8 meses, es señal de que padezca reflujo persistente y debe prestarse más atención a la dieta, por ejemplo, se reduce la ingesta de jugos o compotas ácidas que alteran su nivel de acidez estomacal.
Otras causas por la cuales los bebés vomitan son las alergias a la proteína de la leche, problemas de píloro que causa vómitos pero expulsados con fuerza y el paciente pierde peso y se deshidrata.
Infecciones respiratorias
El 90 por ciento de las infecciones respiratorias superiores son virales y en el resto bacterial. Van acompañadas de moco, tos –se produce cuando hay irritación de la garganta cuando el mucosidad, tos fluye internamente y no necesariamente es indicio de que los pulmones están afectados– y fiebre, explica el neumólogo pediatra Freddy Avendaño. En esta categoría están: la amigdalitis, faringitis y laringitis, cuando se inflaman las amígdalas, faringe y laringe, respectivamente.
Los síntomas más comunes son dolores de garganta y molestias al tragar, añade De García.
Algunos bebés también vomitan, pueden presentar fiebre y estar intranquilos. Si la fiebre tarda más de 48 horas ya no es viral, sino bacterial. Se hacen exámenes de sangre y si hay bacteria, entonces se prescribe antibiótico, sugiere Avendaño.
Existe una conexión directa entre reflujo y enfermedades respiratorias. “El reflujo es como un volcán que hace erupción y las gotitas de lo que se regresa pueden llegar a la vía aérea y parte de atrás de la nariz o trompas de Eustaquio y provocar infecciones de oído y tos crónica”, añade Batres.
En mínimo porcentaje pueden aspirar los contenidos del estómago, llegar a los pulmones y provocar neumonía. De no tratarse, podría desencadenarse gastritis o esofagitis severa, y en casos extremos úlcera con riesgo de que llegue a sangrar.
¡Qué tos!
La tos también ocurre cuando hay inflamación en distintos órganos. Por ejemplo, cuando se inflama la tráquea ocurre lo que se llama crup y esto provoca una tos ronca. Esta enfermedad tiende a complicarse cuando la tráquea se empieza a cerrar y hay dificultad para respirar.
La tos también podría ser síntoma de una bronconeumonía (cuando hay moco en los pulmones pero el aire aún fluye) o neumonía (el moco tapa los bronquios y daña el pulmón), además si presentan sibilancias o “pitíos” cuando el bebé respira, hay que acudir pronto con el especialista.
El neumococo es la causa más frecuente de las neumonías y de infecciones en el oído, por lo que la vacuna que lo previene, se hace necesario a partir de los dos meses de vida del pequeño, añade Avendaño. El virus sinsitial respiratorio también está afectando actualmente a los pequeños y las repercusiones son a nivel broncopulmonar.
Problemas de oído
Es la inflamación e infección del oído medio debido al surgimiento de virus o bacterias, o como consecuencia del catarro o gripe. Ocurre también porque el líquido del biberón se les derrama con frecuencia y les llega al oído.
Entre los síntomas están los fuertes dolores provocados cuando el pus que se forma presiona el tímpano y el bebé llora, presenta fiebre, pierde el apetito y despierta intranquilo en las noches. El tratamiento suele ser con antibiótico y antiinflamatorios.
Fuentes consultadas
Médicos: Arturo Batres: 2385-7883, Fredy Avendaño: 2385-7664/65.
Recomendaciones
Bañe al bebé todos los días –con mayor razón si tienen fiebre– en un lugar encerrado.
No lo abrigue demasiado porque el calor contribuirá a que le suba la temperatura.
Evite las alfombras, ponchos o peluches en la habitación del bebé, porque en ellos se depositan los ácaros que producen alergia en las vías respiratorias.
Abra las ventanas de la áreas de la casa en donde no se encuentre el bebé, para evitar que se humedezca.
A las madres cuyos infantes tienen intolerancia a la leche materna se les recomienda una dieta especial, libre de lácteos. Si la intolerancia es a la leche de fórmula, existen algunas especiales a base de proteína hidrolizada, explica Batres.
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