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Guatemala, martes 11 de septiembre de 2007

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Económicas

CLARO Y CONCISO
Cerebros brillantes u opacos

Por: César García

Hemos descuidado –criminalmente– y por demasiados años, lo más importante que es la persona humana y dentro de este grupo, algo fundamental… nuestros niños.

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Opinión

La pruebas psicométricas a las que son sometidos los aspirantes a un empleo, tiene –entre muchos otros objetivos– medir la inteligencia de las personas; cualquier empresa o gobierno debiera querer tener entre sus filas a personas inteligentes, pues ello garantiza –en gran parte– eficiencia y productividad.

En este orden de ideas, podríamos afirmar que mientras más ciudadanos inteligentes existan en una nación, más posibilidades tiene ésta de descollar dentro del concierto de las naciones, de ser exitosa y realmente grande… aunque geográficamente sea pequeña… ejemplos de este tipo hay muchos.

La inteligencia se ha definido de muchas formas, pero hay dos que me parecen –por demás– interesantes: “La capacidad que tiene el cerebro para procesar correctamente la información que recibe del exterior” y “La posibilidad de la persona a adaptarse exitosamente a diversas circunstancias cambiantes”.

A la gente extremadamente inteligente se le conoce como “brillante” y su influencia se ha dejado notar a través de la historia, en muchas ocasiones… cerebros brillantes han sido capaces de aportar a la humanidad grandes inventos o descubrimientos que han cambiado el curso de la historia.

¿Cuántos millones de seres humanos hubiesen muerto si el cerebro de Alexander Fleming no hubiese aportado la penicilina? ¿Cómo hubiese evolucionado la matemática sin los valiosos cerebros de Arquímedes o Leonardo de Pisa?, ¿Cómo habría evolucionado la astronomía, sin los aventajados cerebros de Copérnico o Galileo Galilei?

¿Quién habría inventado las pilas alcalinas, el telégrafo, el fonógrafo o la iluminación eléctrica, de no haber existido el prodigioso cerebro de Thomas Edison? ¿Cómo habría evolucionado la Iglesia Católica sin la oposición cerebral de Martín Lutero? ¿Cuándo se habrían abaratado los automóviles de no haber concebido, el cerebro único de Ford el ensamblaje en serie?

El espacio asignado a esta columna no alcanzaría para nombrar a hombres y mujeres con cerebros admirables, entre los cuales se cuentan orgullosamente algunos connacionales, pero los –pocos– ejemplos mencionados, tienen como único propósito, ilustrar que el cerebro humano es fundamental, para el desarrollo –integral– de la raza humana; ésta tiene mucho más oportunidades si existe más gente con un cerebro brillante y menos con un cerebro opaco, pues es obvio a mayor cantidad de gente inteligente, mayor competitividad y eficacia… mejores e ideas y más soluciones.

Hemos descuidado –criminalmente– y por demasiados años, lo más importante que es la persona humana y dentro de este grupo, algo fundamental… nuestros niños.

Está científicamente demostrado que si un niño no recibe una adecuada nutrición durante sus primeros tres años de vida, el daño a su desarrollo craneal y cerebral está hecho… es irreversible; también estudios han demostrado que a mayor tamaño del cerebro humano, más habilidades intelectuales. Encontré la imagen adjunta que es propiedad de Unicef/BM Publishing Group y proviene de dos resonancias magnéticas.

La primera (izquierda) muestra el cerebro de un niño surafricano desnutrido de 12 meses de vida, en la cual puede ver usted la poca densidad de su tejido cerebral, en la imagen de la derecha aparece el mismo cerebro luego de un tratamiento de nutrición de apenas 90 días. Es decir, el infante ya para entonces tiene 15 meses de vida y su cerebro recuperado.

Pero si este mismo niño hubiese llegado a 36 meses de vida, sin tratamiento nutricional, habría corrido la misma suerte que la mitad (49 por ciento) de nuestros niños menores… habría sido un fracaso intelectual garantizado.

El hambre y la desnutrición crónica infantil tienen connotaciones mucho más graves que las que sus ojos alcanzan a observar, cuando se encuentra con un niño de 10 años que tiene apariencia de uno de la mitad de su edad… los daños al interior de ese pequeño cuerpo malformado, débil y de vientre prominente, colmado de parásitos, constituyen un verdadero crimen… un crimen del que todos somos culpables y todos somos víctimas.

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