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REVELACIONES Carolina Escobar
Por:
Margarita Carrera
Dentro de los homenajes que el Instituto Guatemalteco Americano ha instituido para exaltar a destacadas escritoras guatemaltecas sobresale el de Carolina Escobar Sarti, realizado el pasado 12 de septiembre.
Tasso Hadjidodou, Max Araujo y mi persona realizamos, desde diversos puntos de vista, la presentación y exaltación de Carolina.
En un curriculum resumido podemos leer su amplia y fecunda labor como escritora, poeta, ensayista, periodista, catedrática universitaria, proyectos de desarrollo a la cultura y a la investigación social en diferentes campos.
En todos los oficios que desempeña se muestra brillante. Conoce hasta cinco idiomas. Con frecuencia recibe invitaciones para congresos de diversa índole en diferentes partes del mundo, en donde representa con talento y altura a la mujer guatemalteca.
Yo la vengo conociendo desde 1996, cuando –como alumna en las clases de literatura– sobresalía por su capacidad de comprensión y precisión en trabajos y ensayos que me entregaba. “Usted es una escritora excelente”, le decía.
En ese entonces –me parece– aún no había publicado un libro y no era columnista de Prensa Libre.
He de confesar que yo aprendía más de ella, que ella de mí. La visión y profundidad en las diferentes ramas del saber eran dignas de admiración. Hundida como estaba yo en otros quehaceres, no le había dedicado mayor tiempo al movimiento feminista que ella conoce a la perfección. Al colmo que ignoraba la profunda significación de la palabra “género”.
Ella me indujo a leer, entre otras escritoras famosas, a Simone de Beauvoir. Mi mundo se amplió de manera insólita. Ahora veía con mayor claridad la tremenda lucha que –como mujer y escritora– había tenido que enfrentar durante toda mi vida.
Siendo ambas columnistas de Prensa Libre, me tocó la honra de recibir junto a ella el “Premio UNICEF a la Comunicación”, que nos fue por Carlos Fuentes. Con generosidad y cariño, me regaló una foto en donde aparecemos mostrando el codiciado galardón.
Como poeta ha publicado La penúltima Luz (1999), Palabras sonánbulas (2000), Rasgar el silencio (2003) No somos poetas (2006).
Gustavo Adolfo Wyld –excelente escritor, poeta, narrador y crítico literario– escribió el prólogo de Rasgar el silencio: “Verdad, emoción y belleza, las tres concepciones fundamentales de la poesía, parecen haberse dado cita en este poemario. Hermoso libro, éste, por su lección de vida y humanidad(...)”.
Refiriéndose al mismo poemario, Wyld agrega que “en él, las técnicas se han atenuado para dar paso a un amplio despliegue de creatividad, a una postura más libertaria, a una actitud más innovadora. La aptitud inventiva de la autora se percibe esta vez acendrada por la experiencia, purificada por el tiempo transcurrido entre un poemario y otro”.
En No somos poetas, la poesía se inicia desde el mismo índice: “No somos poetas – Somos apenas amantes – Suicidas con la cuerda en la mano – Caminantes de antes – Usurpadores de abecedarios – Adivinadores de oscuras cavernas – Transeúntes por azar – Locos por vocación…”.
Carolina ha sido invitada a leer poesía en México, Argentina, El Salvador, Hungría, España, Canadá y Panamá. Tanto poemas como artículos y ensayos han visto la luz en revistas y periódicos de Guatemala, Austria, Finlandia, Estados Unidos, México, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Alemania y España.
Carolina es, pues, una de las más insignes escritoras y académicas de Guatemala, digna del bello homenaje que le rindió el IGA, así como de otros muchos más.
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