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Tres Puntos...: YO-yo (II parte)
Por:
Guillermo Monsanto
Con una semana de por medio y luego de haber visitado la inusual reunión fotográfica (por lo menos tres veces), sigo pensando que Yo-yo es un evento que no hay que perderse.
Por supuesto que para quienes conocen a todos los convocados, el sentimiento de gozo que provoca el encuentro es muy diferente que para los neófitos.
Y es que si no todos, muchas cabezas sí hicieron un esfuerzo por encriptar información para crear un perfil de elementos que conforman sus personalidades. Entre ellos está el trabajo de José Mario Maza (director del Museo Nacional de Arte Moderno).
En esta creación lo primero que se destaca es el mosaico de países que Maza ha visitado en un lapso determinado, sin embargo hay una serie de objetos que van acompañando cada retrato y que se anexan a las imágenes como complemento ¿el reto es descubrir qué nos quiere decir? Sí, inequívocamente.
Otros cuatro trabajos que realzan por ser una ventana clara hacia el alma de los que aparecen en ellos, son los que captan los rostros de Lourdes de la Riva, Regina Prado de Batres, Daniel Chauché (tomados por este último) y María Girón (captada por Ugo Hernández).
Los tres primeros se destacan por la honestidad absoluta con la que los protagonistas nos enfrentan, desde un primerísimo plano, desprovistos de maquillajes y artilugios. Desde otra perspectiva y realzada especialmente en la museografía, María Girón atrae la vista espontáneamente. Su don de gente y “buena vibra” quedaron sabiamente congelados para la eternidad.
La escultora Claudia Ciricci no se quedó atrás. Ella resolvió sabiamente el problema de trabajar con una disciplina diferente en la que se desenvuelve. Con ello concilió las dos tecnologías expresivas y así recreó una cabeza tridimensional forrada con escenas que van desde su infancia hacia el presente.
Pocos son los casos en que el retratado nos cuenta su historia incluyendo un lapso tan prolongado (1969-2007). Ingrid Roldán también creó un interesante mapa políptico autobiográfico. Con humor realzable, Paulo Alvarado optó por volantes en los cuales se ofrece como único candidato y ni qué mencionar a Lorena Rojas quien se valió de la tecnología del presente para ofrecer un retrato en esquema de videoarte.
Como registro de una intervención al trabajo de otro autor está la propuesta de Lucrecia de Prera. Esta diligente artista y gestora cultural fue captada junto a su reflejo en uno de los espejos de aceite de Darío Escobar.
En otra realidad muy distinta se entiende el retrato de Valia Garzón (realizado por su pequeña ahijada Aisha Ribeaux, registrado por la cámara de J. M. Mayorga). El dibujo de esta niña coloca, en el centro de su universo infantil, a Garzón y al mismo tiempo, crea un enigma que reta al visitante.
Aunque hay material para por lo menos otra columna, tengo que cerrar acá. Sin embargo no puedo dejar de mencionar dos fotos. Una, la de Esperanza Lobato, porque ella es reacia a dejarse ver (aunque su pluma es popular en el país). La otra es el retrato de Víctor Martínez. Éste porque además de abrir la muestra desde un primer plano protagónico, está en la entrada, ha llamado la atención para otro tipo de registros.
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