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EDITORIAL Al respecto de las recientes encuestas
Una de las razones de discusión sobre las anteriores elecciones es lo ocurrido con las encuestas de intención de voto contratadas por los medios, entre ellos Prensa Libre. Se debe explicar qué en ningún caso los resultados fueron los previstos, y si estas diferencias hacen válida la afirmación de que esta vez fallaron y, por tanto, es equivocada o incorrecta la idea de realizarlas.
Se debe recordar:
a) La Prensa contrata a profesionales que se encargan de hacerlas, por lo cual la responsabilidad de los medios se circunscribe a cómo las presenten al público y sobre qué bases.
b) Las encuestas pueden tener diferencias en sus resultados porque los encuestados cambien de opinión u ocurra algo que afecte su presencia en las urnas.
c) Un actor crucial de una encuesta es el “margen de error”, que debe ser tomado en cuenta para no sacar conclusiones erróneas de los resultados.
d) Los indecisos puede provocar cambios.
e) Es absurdo pensar que un medio cambiará los resultados en beneficio de alguien, porque perderá su credibilidad. No vale la pena.
Vox Latina, cuando Colom obtuvo 28.28 en vez de 31.67, tuvo un resultado aceptable, de 3.39, porque decidió tener un margen de error de 4.1. Falló con Pérez Molina, quien obtuvo 23.55 en vez de 31.77, lo que daba una diferencia fuera del límite, o sea, de 8.22. Giammattei tuvo 17.19 en vez de 14.59, o sea, 2.6 más.
Demoscopía falló en las tres, porque sus diferencias fueron mayores al margen de error de 1.8 por ciento, que esa empresa eligió. Colom tuvo 28.26 en vez de 34.7 (8.44 menos). Pérez Molina, 23.55 en vez de 26.8 (3.25 menos), y Giammattei 17.19 en vez de 12.30 (4.79 menos). Borge también falló en las tres: su margen era de 3.5, pero dio a Colom 34.5 (6.24 más); a Pérez Molina, 32.1 (8.55 más), y a Giammattei, 12.5 en vez de 17.19 (4.59 menos).
Esto comprueba que factores como el alto nivel de abstencionismo y las lluvias tienen efecto en una elección, además de que las encuestas pueden no ser exactas sin dejar de estar en lo correcto estadísticamente, por referirse a un hecho del pasado, es decir, al día de su realización.
Pero las tres mediciones comentadas acertaron en el orden de los tres primeros puestos, aunque ninguna acertó con la exactitud de otras ocasiones.
Lo ocurrido otorga una lección: las presentaciones y la titulación de las noticias relacionadas a las encuestas deben ser más cuidadosas. La encuesta puede tener un resultado muy cercano, incluso igual, en dos o más candidatos, pero es erróneo afirmar que están empatados. Sólo significa que en la medición tuvieron cifras iguales, las que es muy difícil, aunque no imposible, que en nuestro país se repitan en la realidad, sujeta a tantos imponderables, impredecibles e imposibles de controlar.
Cuando se une el desconocimiento respecto de las encuestas con la mala fe y la crítica malsana, el resultado son comentarios a veces rayanos en la sandez. Las encuestas son un instrumento válido, muy caro, técnico, que pueden fallar a pesar de todos los cuidados, pero ello no justifica el absurdo de descalificarlas per se, ni tratar de enlodar a los medios, que sólo desean servir al público.
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