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Tres puntos...: A Carlos Peña
Por:
Guillermo Monsanto
No se me ocurre una mejor manera de empezar esta columna que dándole las gracias a este artista. Esto porque como guatemalteco me siento dimensionado a la máxima potencia (ya Arjona nos ha provocado sensaciones similares en varias ocasiones y Tanya Zea hizo lo suyo en su momento… aún me sigo emocionando con aquella vibrante interpretación de Yo Soy, con la que se adjudicó el segundo lugar en la OTI de 1972).
En esta línea, para hacer justicia a otros artistas dedicados a las artes escénicas como Paco Calvillo en México, Diana Paola Alvarado ahora en Francia, Oscar Clavería y Silvia Pontaza en EE.UU., Percibal Orantes y Julio Miranda en España, entre otros muchos que siguen luchando, hay que anotar que todos pasan o sufrieron privaciones para cumplir un sueño en el que, al menos medianamente, han logrado encontrar cierto reconocimiento como chapines distintivos.
El listado es abundante en todas las ramas y si exceptuamos los resultados provocados por el talento de protagonistas internacionales como Ricardo Arjona, Miroslava o el barítono Luis Felipe Girón May, Carlos Peña ha conseguido en pocas semanas y amparado en sus méritos personales, un consenso que lo catapulta entre los mejores artistas populares latinoamericanos.
La solidaridad continental no es nada fácil de alcanzar y conseguir que la gente invierta su dinero en llamadas telefónicas, tampoco. En este sentido si sus logros se tradujeran a ventas por la Internet, Peña ya habría obtenido su primer platino (cosa imposible para un cantante guatemalteco que apenas arranca su carrera).
Todo este barullo mediático sería espuma sobre café si no fuera porque el cantante posee ángel y una personalidad escénica bien definida. Su manejo de la voz (se nota que es dueño de una buena técnica), cuerpo y el encanto que crea la magia que ha cautivado a jurados y fanáticos lo aporta sólo él.
El muchacho canta y lo hace con categoría. No hay nadie de su generación mejor cimentado en este momento en el escenario nacional y esto es algo que algunos envidiosos no entienden…
Amén de toda la pasión que se puede llevar adentro, el estar bajo el escrutinio de un “reality show” que para más fregar es un recicle de un “American Idol” y estar secuestrado por los productores de los programas no es nada sencillo.
El acoso psicológico de actuar ante tanta gente, en la televisión, ante un trío de críticos famosos, apropiarse beneficiosamente de los accidentes que conlleva una actuación en vivo (porque un artista no es una máquina programada. Siente e interpreta sentimientos) y salir bien parado -pese a un inoportuno gallo- son valores que hay que tomar muy en cuenta.
Sin lugar a dudas Carlos Peña es ya una figura positiva en esta comunidad y además, un ejemplo a seguir por aquellos cuyas aspiraciones les pide escenarios más grandes.
En estos tiempos en que el país no sabe a donde va, este muchacho está demostrando que si se quiere llegar a una estrella, la mejor nave es seguir los caminos correctos con fe, ahínco y decisión.
En otras palabras: estos son los líderes que nos hacen falta en Guatemala. Embajadores así de esta calidad son los que necesitamos. Hay que votar por él, sean solidarios.
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