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ARCA DE ESPEJOS 20 estrellas para la Cicig
Se trataba de un batallón de policías encabezados por el Ministerio Público.
Por:
Aquiles Pinto Flores
Con amigos así, la Cicig no necesitará enemigos. Desde cuándo, señores, van a encontrar chance en sus filas, precisamente los que tienen que ser investigados, tanto en su capacidad como en su probidad, que para los efectos de combatir la criminalidad vienen a ser dos condiciones indispensables.
Para hablar de la capacidad para el cargo, relato un suceso que viene como anillo al dedo: un viejo poeta jubilado del trabajo, pero activo en las labores periodísticas, con las cuales complementa decorosos ingresos, como todos los días se levantó muy temprano y se metió al baño para despabilarse con un buen regaderazo.
Muy contento de iniciar otro día de los que el Señor bondadosamente le ha concedido, muy lejos estaba de imaginar la terrible pesadilla que minutos después tendría que vivir al lado de su abnegada esposa, pues en medio del ruido de la ducha, oyó unos tremendos gritos, amenazando con romper las puertas si no eran abiertas, y se angustió más al darse cuenta de que los intrusos se metían por encima de la verja del inmueble.
Desnudo, como estaba, salió del baño para aprestarse a defender, a riesgo de su propia vida, su hogar y su patrimonio, en contra de los que en ese momento creyó que se trataba de asaltantes, de los que hoy abundan en todas las zonas capitalinas.
Pero no fue eso. Era algo mucho peor, pues se trataba de un batallón de policías encabezados por agentes del Ministerio Público que se presentaron para allanar el inmueble, mostrando la respectiva orden judicial.
Sin oposición de nadie, se les permitió cumplir su cometido, o sea, el de revolver todo, pero sin encontrar nada de lo que buscaban, por lo que, luego de levantar el acta de rigor, se retiraron ofreciendo disculpas, tratando de sacarse la cola de entre las piernas por el ridículo incurrido al atropellar la tranquilidad de un hogar honrado, lo cual pudo haber tenido un desenlace fatal, de haberse encontrado con un enfermo cardíaco o diabético.
Todo el desmadre se desprendió de una denuncia anónima secundada irresponsablemente por el oficial segundo de la Policía, jefe de la Sección de Investigaciones de la SAIA, José Armando Sic Camo, quien, con base en su “experiencia”, le hizo ver al juez que en la susodicha casa había coca, crak, marihuana, armas de calibre prohibido, dinero nacional y extranjero y mil zarandajas, producto de una mentalidad enferma, buena para hacer novelas de ficción, pero jamás para orientar la acción pública.
Ojalá que a la ministra –que anda más perdida que la Llorona– no se le vaya a ocurrir proponer en su lista de estrellas detectivescas, para “fortalecer” a la Cicig, a esa clase de sabandijas que se venden por un pan.
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