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EDITORIAL Caso Fujimori abre nueva era
Una nueva era en la historia de América Latina comenzó la semana anterior, con la decisión tomada por el Gobierno de Chile para extraditar al ex presidente Alberto Fujimori y permitir su traslado hacia Perú, donde deberá afrontar diversos cargos por corrupción y violaciones a los derechos humanos.
Este hecho debe ser recibido con beneplácito por quienes en nuestro continente luchan porque funcione el sistema de justicia, y en especial porque éste no sea sujeto de burlas y manipulaciones.
Por primera vez, un ex presidente acusado de delitos cometidos en el ejercicio de su mandato y que se aprovechó del derecho de asilo para escapar a la justicia es enviado de regreso a su país para que responda ante los tribunales.
La historia latinoamericana se encuentra llena de ejemplos de mandatarios y toda clase de funcionarios públicos enriquecidos a la sombra del poder, que se han refugiado en otros países y han logrado permanecer allí gracias a subterfugios legalistas.
La decisión de Chile es digna de aplauso, porque demuestra la voluntad política de un gobierno para que el sistema judicial de otro país pueda funcionar. Cuando un ex gobernante acusado de corrupción logra que el país donde se ha refugiado no autorice su extradición, se sienta un pésimo ejemplo y se manda un mensaje lamentable.
Todos los corruptos, al escapar y buscar refugio fuera de su tierra, aseguran ser exiliados políticos, cuando en realidad son simples prófugos de la justicia. Ese es el caso de Alfonso Portillo, ahora residente en México, donde se le permite burlar la ley guatemalteca.
Es importante señalar que Fujimori tiene el derecho de utilizar todos los recursos legales al alcance de cualquier ciudadano. No necesariamente será hallado culpable de todos los cargos que se le imputan, pero tampoco hay duda alguna de que sus actuaciones al frente de Perú, cuando ejerció la Presidencia, estuvieron envueltas en toda clase de acciones políticas muy cuestionables en el campo legal, ético y moral.
Luego de surgir prácticamente de la nada y de recibir el apoyo de los votantes, comenzó una presidencia que al principio llamó la atención del continente, por la firmeza de sus decisiones, pero luego se volvió uno de los regímenes más corruptos y represivos de la historia peruana reciente.
La extradición de Fujimori es importante, principalmente para los peruanos, porque les permite que funcione su sistema legal, y para los chilenos, porque les demuestra que, con voluntad política, se puede colaborar para el fortalecimiento moral del sistema político.
Pero también es importante para el resto de repúblicas del continente, porque demuestra que a los funcionarios ya les será cada vez más difícil robar y escaparse a algún otro país.
La extradición de Fujimori es importante para países como el nuestro, con rampante corrupción y el agravante de que los corruptos muchas veces hacen alarde de su súbita riqueza. Perú y Chile hicieron lo que debían: pedir y otorgar la extradición, respectivamente. Ese ejemplo debe ser tomado en cuenta en el resto de Latinoamérica.
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