|
DE MIS NOTAS Los ticos y el TLC
La oposición viene del sector público y del monopolio estatal, el más grande de Centroamérica.
Por:
Alfred Kaltschmitt
Dentro de unos días, el referendo que tiene partida a Costa Rica casi por la mitad decidirá si se aprueba el Tratado de Libre Comercio. Una encuesta dada a conocer a principios de esta semana revela que el “sí” ha perdido 10 puntos porcentuales en las intenciones de voto para el plebiscito, mientras que el “no” ganó 6 por ciento en el último mes, lo que ha originado un empate técnico.
Según un reciente sondeo, 49.1 por ciento de los costarricenses votará a favor del TLC, mientras que 46.3 por ciento lo haría en contra. La caída de 10 puntos es atribuida al escándalo “del memo”, un memorando enviado por el vicepresidente Casas y el diputado Fernando Sánchez -primo del presidente Óscar Arias- en el cual le sugieren implementar una campaña de atemorización a fin de lograr el triunfo del “sí”.
La renuncia de Kevin Casas a la Vicepresidencia y al cargo de ministro de Planificación, así como la separación del diputado Sánchez de la presidencia de dos comisiones legislativas, han causado conmoción política y gran desgaste al presidente Arias y al movimiento por el “sí”.
Este factor, totalmente ajeno al fondo de la controversia, ha tenido más peso en ganar adeptos del “no” desde que se anunció el referendo hace casi un año, tiempo durante el cual el “sí” había tenido un crecimiento gradual, hasta colocarse a casi 10 puntos encima.
La oposición en Costa Rica contra el TLC es especialmente influenciada por el sector público, el cual posee el mayor número de empleados de la región. Datos del Banco Mundial en el 2003 señalan que Costa Rica, con menos de cinco millones de habitantes, tenía 103 mil empleados.
Guatemala, para una población de 13 millones, tenía a 109 mil empleados públicos en ese entonces.
Si a eso sumamos que en Costa Rica la intervención estatal en áreas como la participación en la actividad bancaria y seguros, en la generación eléctrica, fabricación de licores y la administración monopolística de puertos marítimos y telecomunicaciones, entre otros, es total, se puede entender el interés de esos sectores públicos para oponerse al Tratado, a sabiendas de que éste aceleraría eventualmente el proceso de privatización y modernización del sector público.
En ningún país de la región durante el proceso de la negociación ha primado tanto emocionalismo. El sentimiento nubla los análisis más serios y las estadísticas más rigurosas.
Con la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, el 74 por ciento de los productos del país entran ahora libres de impuestos en Estados Unidos, pero eso se acabará si se rechaza la firma del Tratado.
En el sector agropecuario, es lamentable que el gran perjudicado por la exclusión de estos productos sea el consumidor costarricense, quien se verá privado de poder adquirir papas y verduras más baratas, y de mejor calidad, provenientes de Estados Unidos.
En cuanto a quién pierde o gana más, el asunto está claro, según lo señala el Cato Institute: “La economía norteamericana ganará muy poco comerciando con un país que cuenta con producto interno bruto que equivale a menos de 0.16 por ciento del suyo.
Las exportaciones de Estados Unidos a Costa Rica equivalen aproximadamente a 0.3 por ciento de su comercio total. En cambio, Costa Rica envía a Estados Unidos 53 por ciento de sus exportaciones totales.
Además, el 54.1 por ciento de la inversión extranjera directa del país proviene de Estados Unidos. Obviamente, Costa Rica es el mayor beneficiado de entrar en un contrato con su principal socio comercial”.
“Y, sin embargo, se mueve”, les diría aquel...
|