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Orquídeas de Baja Verapaz
Por:
Carlos Grave
Salamá /.-“Un hogar sin plantas no es hogar”, cita Ángela Mejía de Zuleta, quien junto a su familia ha hecho del pequeño patio de su casa un jardín donde florecen orquídeas, en Salamá, Baja Verapaz.
La pasión por estas flores surgió hace unos 30 años, cuando siendo recién casada participó con su esposo, Sergio, en una caminata silvestre grupal por una de las montañas de Salamá.
Como les habían contado, allí encontraron una amplia variedad de orquídeas. Compraron un ejemplar que cultivaron en su casa, y floreció junto al matrimonio que ha procreado dos hijos, que también han llegado a ser amantes de esta variedad.
En la actualidad, se dedican a la floricultura y son miembros de la Asociación Bajaverapacense de Orquideología (ABO).
Esta organización está formada por 36 miembros que cultivan, protegen y promocionan estas plantas. Jorge Ramírez, uno de los fundadores, comentó que lo primordial para ellos es dar a conocer estas flores como componentes naturales, y que deben ser conservadas y preservadas; al mismo tiempo, buscan que la gente las cuide y proteja.
En ese sentido, expuso que algunas personas adquieren gran cantidad de estas flores, pero no poseen la capacidad técnica para conservarlas. Lamentablemente, las plantas mueren, y la naturaleza pierde esas especies.
Por ello, la ABO se esmeran en que cada uno de sus miembros tenga no más de un promedio de dos ejemplares para que le brinden el cuidado adecuado. “No se trata de dejar privada a la naturaleza de lo que le pertenece, por ahí debe empezarse”, expresó.
Comentó que hay más organizaciones como lo son: la Asociación de Orquideología de Guatemala (AGO) y la Asociación Altaverapacense de Orquideología (AAO). “Por muchos años fuimos las tres únicas entidades, pero ahora ya han sido formadas otras en Quetzaltenango, Petén y otros lugares”, subrayó.
Lugar privilegiado
Según los miembros de la ABO, Baja Verapaz tiene un ecosistema privilegiado ya que cuenta con ocho zonas de clima diferente. Va desde la montaña alta o bosque nuboso, como Chilascó, hasta climas de la boca costa, como Salamá.
Los orquideólogos se concentran en Rabinal, San Jerónimo, Salamá y El Chol. No obstante, en Purulhá es donde más se han encontrado especies nuevas.
En todo el departamento se han inventariado más de 800 especies, que van desde muy minúsculas, y deben de apreciarse con lupa, hasta las que tienen flores grandes y vistosas. En todo el país hay como mil especies de las casi 30 mil que hay en todo el mundo. “No sabemos con exactitud cuántas clases tenemos, pero ocupamos el primer lugar en Centro América. El segundo es Costa Rica”, refirió.
Clases
Hay varias clases de orquídeas. Unas viven en el absoluto suelo, otras sobre las hojas podridas, sin que profundicen raíces en tierra. Otras crecen sobre rocas y utilizan el musgo y las hojas que caen en los bosques como un colchón o sustrato. También hay las que tienen de hábitat en los árboles, cuya gama es amplia y varía dependiendo del tipo de corteza de árbol.
Cultivo
Sergio Zuleta refirió que no se puede estandarizar el cultivo de estas flores, ya que cada uno de los orquideólogos practica su particular receta; sin embargo, cada género y especie requieren de un trabajo especial y adecuado. “Su cultivo depende de la creatividad del cultivador”, refirió.
La familia Zuleta Mejía utiliza un método en el que trata de adecuar los sustratos propios del hábitat de donde las orquídeas provienen.
A los iniciados en el cultivo se les recomienda tener cuidado del clima e iluminación, ya que necesitan bastante humedad y no soportan mucho sol ni los cambios bruscos de temperatura.
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