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Guatemala, domingo 30 de septiembre de 2007

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Deportes

Óscar Raxón
La maravilla no vidente de la aldea Las Trojes
Por: Claudia Castro

Foto de portada
Óscar ha ganado tres ediciones de la carrera de la Luz y el Sonido. Este año espera repetir. Foto Prensa Libre: Eddy Recinos.

Óscar no le teme al asfalto ni a la oscuridad, mucho menos a la tierra; sus pies están acostumbrados a correr en cualquier superficie y su instinto le ha enseñado a no tener miedo. Es el segundo de seis hermanos, de los cuales él y otro son ciegos de nacimiento y dos más padecen ceguera parcial.

Pero la falta de visión no ha sido un obstáculo para el corredor de la aldea Las Trojes, San Juan Sacatepéquez.

Desde pequeño aprendió a caminar entre las piedras y el pasto que crece alrededor de su casa empinada.

La mayor parte de su vida la había pasado en su aldea, pero, en el 2002, se inscribió en la Escuela para Ciegos de Agroquímica Cecap, en Palín, donde aprendió a correr en los cerros, cultivar zanahoria, cilantro, milpa; también a picar la tierra y a leer en sistema Braillie. Para Raxón, eso ha sido una ayuda, como lo es para sus hermanos.

Freddy, quien es ciego parcial, es su compañero de entrenamiento y posee una pequeña cosecha de milpa y tres cuerdas de café, mientras que Carmelita, quien todos los días sale a las cuatro de la mañana hacia Escuintla en donde tiene su venta, es pilar importante para la economía familiar. Su papá, Marcos, murió hace 15 años.

Mientras que su hermana Ana, también no vidente, se encarga de cocinar y hacer la limpieza del único cuarto, con cuatro camas y la cocina. El hermano más pequeño trabaja en una tienda.

Miguel Ángel, el tercero (también no vidente), trabaja en Chimaltenango en una finca, en donde cultiva verduras. Sólo el hermano mayor está casado y vive en la misma aldea.

A competir

Su vida ha cambiado desde ese momento, porque con la ayuda de sus hermanos empezó a correr.

“Ya estoy acostumbrado a andar entre las piedras; sólo tengo que levantar bien las patas y no ir tan rápido para no caerme”, reconoce.

Su primera competencia tuvo lugar en el 2003, en la carrera de la Luz y el Sonido. En esa ocasión ocupó la segunda posición, pero un año más tarde, se coronó campeón.

Las del 2005 y 2006 también las ganó, en las que su guía fue su tío Tito.

En el 2004, entrenó para los 21 kilómetros, pero no se sintió bien, y por eso, regresó a las carreras de 10 kilómetros.

Óscar detalla que sus principales rivales han sido los mexicanos, pero esa no ha sido la única lucha que ha tenido que afrontar, sino también la falta de apoyo económico. “Ellos tienen de todo para entrenar y por eso nos superan en algunas carreras”, se lamenta.

En los Paralímpicos

A pesar que Óscar no ha contado con el apoyo económico suficiente, sino sólo el del entrenador nacional Alberto Jiménez, clasificó para los pasados Juegos Parapanamericanos de Río de Janeiro.

Como preparación, 15 días antes de la prueba, entrenó todos los días en la pista del estadio Mateo Flores; pero ya no asiste a ese escenario porque no tiene el dinero del pasaje para el autobús, o sea Q20 diarios.

Sin embargo, para viajar a Río reunió el dinero y asistía todos los días a sus entrenamientos.

Pero ese no fue el único obstáculo por el que atravesó Óscar, quien no pudo viajar a los Juegos Panamericanos con su hermano Freddy, con quien entrena todos los días, y debió participar con dos guías que no conocía.

En la prueba de cinco kilómetros lo acompañó un chileno, quien no soportó su ritmo y cruzaron la meta en quinto lugar.

En su especialidad, los 10 kilómetros, su guía fue el brasileño Ricardo, con quien se entendió bien. Óscar dijo que llegaron en tercer lugar, pero les quitaron la medalla y se la dieron a un mexicano, según le contó su acompañante.

La delegación no hizo nada, pues el representante nacional también era no vidente y no podía presentar ningún reclamo.

“Ricardo lloró, porque habíamos hecho un buen trabajo. Si yo hubiera ido con mi guía, habríamos peleado el segundo lugar”, se lamentó.

Tras su regreso de Brasil, Óscar se deprimió mucho, pues considera que ya no tiene sentido competir más, pues no tiene apoyo de ninguna institución y su mamá es la única que lo apoya; pero ella tiene que mantener a sus hermanos.

“Ojalá y alguien nos ayudara para poder entrenar mejor, porque a nosotros nos gusta correr y tenemos las condiciones”, dice Raxón.

Amigos y familiares lo animaron para que continuara con sus entrenamientos y así lo ha hecho, ahora se prepara para la carrera de la Luz y el Sonido que se disputará el 14 de octubre en la que buscará su tercer conquista consecutiva.

Además, también se prepara para conseguir la marca para los Paralímpicos de los Juegos Olímpicos de Pekín, el próximo año. Para eso necesita hacer una marca de 35 minutos, tiempo que, confiesa, lo conseguirá pronto.

“Tengo muchos sueños, pero para cumplirlos, necesito la ayuda de las empresas, pero para uno que es ciego es muy difícil que se abran las puertas”, expresa.

Óscar continuará en la aldea Las Trojes, con su trabajo diario. 45 minutos entre las piedras, lodo y pasto, porque a él nada lo detiene.

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