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Guatemala, domingo 30 de septiembre de 2007

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Nacionales

Un motivo para celebrar
La Fundación Aldeas Infantiles SOS les brinda vivienda, educación y alimentos a 540 niños, quienes han podido transformar su futuro, gracias a ese apoyo
Por: Leonardo Cereser

En la víspera de la celebración del Día del Niño, esta es la historia de un proyecto que ha rescatado el futuro de centenares de menores. Éstos son hoy profesionales de éxito, gracias al apoyo de Aldeas Infantiles SOS, que comenzó a trabajar en el país luego del terremoto de 1976.

La primera sede se fundó en San Juan Sacatepéquez, y en la actualidad se han extendido a Quetzaltenango; San Jerónimo, Baja Verapaz; Jocotán, Chiquimula; Retalhuleu y Ciudad San Cristóbal, Mixco, donde brindan apoyo para mejorar la realidad de un país que tiene bajos indicadores en atención a la niñez, de Centroamérica.

Unicef destaca que 75 mil niños están gravemente desnutridos, 67 por ciento de los menores indígenas sufren desnutrición crónica, y respecto de educación, sólo cinco de cada 10 estudiantes terminan el nivel primario en zonas urbanas, y dos de cada 10, en las zonas rurales.

Solamente el 20 por ciento de niños se matricula para la escuela primaria.

Proyectos como éste han transformado la vida de cientos de niños y los ha llevado a convertirse hoy en jóvenes exitosos. Al menos, 700 de ellos han concluido la secundaria e incluso una carrera universitaria.

Una familia, un futuro

El austriaco Herman Gneimer estaba muy lejos de imaginar que la fundación que creó en 1949, para apoyar a los niños que quedaron huérfanos a causa de la segunda Guerra Mundial, se convertiría en un exitoso proyecto en Guatemala y le daría un giro a la vida de niños como José Sandoval, para quien haber sido enviado a las Aldeas Infantiles SOS fue lo mejor que le pudo suceder.

Su madre murió cuando él tenía tan sólo 7 años, era el penúltimo de cinco hermanos, y aunque el mayor de ellos, de 18 años, hizo grandes esfuerzos para mantenerlos, fue imposible y los dos más pequeños fueron enviados a las Aldeas.

“Mi hermana y yo recibimos todo lo que necesitábamos, nos dieron educación, comida y un lugar seguro dónde vivir”, recuerda José.

Comenzó en primer grado de primaria a los 9 años y a los 21 terminó la secundaria. Fue entonces cuando decidió estudiar la carrera de abogacía, de la que ya cerró el pénsum, una oportunidad que no tienen muchos.

Hoy, a los 34 años, José trabaja como auxiliar fiscal en la oficina contra el Crimen Organizado del Ministerio Público y reconoce que sin la ayuda de la Fundación no podría haberlo logrado.

José reconoce que la Fundación se convirtió en su familia, con la que todavía se reúne. Con frecuencia visita a quien fue su cuidadora y también a su madre sustituta, y se mantiene en contacto con sus compañeros de grupo, a los que llama hermanos.

“Estoy muy agradecido, no nos faltó nada y nos echaron una gran mano cuando atravesábamos uno de los peores momentos”, asegura.

Miriam Cifuentes es otra de las jóvenes cuya vida habla de la labor que Aldeas Infantiles lleva a cabo.

Llegó a la Fundación con sólo 1 año y ha podido estudiar desde entonces hasta cerrar pénsum de ecoturismo. En la actualidad, vive con sus dos hermanas y su cuidadora, a quien ella considera su mamá y le retribuye todo el amor y cariño con su cuidado y dedicación, pues ha estado enferma.

Gregorio Enríquez tenía 7 años cuando llegó a Aldeas Infantiles SOS. Sus padres lo abandonaron, pues no tenían cómo mantenerlo. La Fundación le tendió la mano para que tuviera un techo seguro y comida, con ese apoyo cursó el bachillerato industrial y perito en electrónica digital, hasta graduarse.

En la actualidad, estudia ingeniería en sistemas en la universidad y tiene una academia de computación. Pero lo que mejor describe a Gregorio son sus acciones: a los 18 años quiso conocer a sus padres biológicos, los mismos que lo habían abandonado, y al ver la pobreza en la que vivían empezó a ayudarles económicamente para que pudieran tener mejores condiciones de vida.

Apoyo fundamental

La Fundación Aldeas Infantiles SOS está presente en 132 países, y en Guatemala ayuda en la actualidad a 540 niños que en su mayoría son declarados en abandono por un juez.

“Pretendemos darle una familia sustituta y posibilidades de desarrollo a cientos de niños en abandono. Creemos en su futuro y esperamos que esta experiencia cambié su vida para siempre”, explica el director de la Fundación, Víctor Reyes.

Cuando los pequeños llegan a las Aldeas Infantiles SOS, se gestiona conjuntamente con la sede en Austria un patrocinio por parte de familias, en su mayoría europeas.

Muchas veces, los aportes alcanzan incluso para financiar la educación y cobijo de niños que no tienen un padrino.

Reyes cuenta que el 90 por ciento de niños a su cargo están apadrinados y que con esos fondos alcanza para auqellos que no los tienen.

Las cuidadoras o madres sustitutas son quienes se encargan de brindarle atención a por lo menos nueve niños hasta que llegan a la adolescencia y pasan a vivir en comunidades juveniles. Al cumplir la mayoría de edad residen en casas de huéspedes y se les respalda hasta que terminen sus estudios universitarios.

La organización se encarga también de que los niños y jóvenes se mantengan en contacto con las familias que los apoyan, a quienes envían postales, fotos por la Internet y también comparten con ellos cuando visitan Guatemala.

Estudia ecoturismo

“Mi vida cambió”

Miriam Cifuentes ingresó cuando tenía 1 año a Aldeas Infantiles, en Quetzaltenango, junto con sus dos hermanas mayores, allí transcurrió su primaria; a los 14 años, se trasladó a una aldea juvenil en la capital, al terminar empezó sus estudios de ecoturismo, donde ya cerró pénsum. Hoy, a sus 24 años, trabaja en el hotel Clarion Suites, en la zona 10.

Cifuentes agradece a Aldeas Infantiles por la oportunidad que le brindó de estudios y tener una familia, ya que ella todavía vive con su cuidadora, a quien considera su mamá.

Futuro ingeniero

“Habría sido marero”

Gregorio Enríquez fue abandonado por sus padres en Chiquimula, cuando tenía 4 años. A los 7, llegó a Aldeas Infantiles SOS, en donde recibió apoyo para estudiar. Cursó el bachillerato industrial y perito en electrónica digital. Luego de graduarse, empezó a estudiar ingeniería en sistemas en la universidad y cursa el cuarto año. Fundó una academia de computación y venta de artículos electrónicos. Admite que sin esa ayuda él podría haber sido un pandillero, pero, en cambio, hoy ayuda económicamente a los padres que lo abandonaron.

Auxiliar fiscal

“Estoy muy agradecido”

José Sandoval perdió a su madre a los 7 años, y dos más tarde ingresó en Aldeas Infantiles SOS.

Sandoval era el penúltimo de cinco hermanos y el mayor, de 18 años, hizo esfuerzos para mantenerlos, pero le fue imposible. Junto a su hermana, José llegó a la Fundación, en donde le brindaron la posibilidad de estudiar y convertirse en profesional.

Hoy, a los 34 años, terminó la carrera de abogacía y labora como auxiliar fiscal en la oficina contra el Crimen Organizado, del Ministerio Público.

Ingeniero industrial

“Tuve una familia”

Jesús Contreras Osorio llegó a los 8 años a Aldeas Infantiles SOS. Cursó la primaria y los básicos en Chiquimula, y se graduó como técnico en mecánica agrícola en Escuintla, con el apoyo de la Fundación. En la actualidad cursa el sexto semestre de ingeniería industrial y trabaja como supervisor del área de maquinaria agrícola en el ingenio San Diego.

Contreras agradece a sus padrinos: uno noruego y otro guatemalteco, por todo el apoyo que le brindaron, y a Aldeas Infantiles por haberle dado una familia.

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