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Guatemala, domingo 30 de septiembre de 2007

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EDITORIAL
Riesgos de una metrópoli frágil

Hoy hace ocho días, la capital amaneció sumida en la preocupación y el caos a causa de los daños a viviendas, calles y carreteras ocasionados por las copiosas lluvias del día anterior.

Mientras numerosas familias en distintos sectores lamentaban la pérdida de seres queridos o de bienes, el paso de vehículos por la Calzada de la Paz y la ruta a El Salvador estuvo cerrado gran parte del sábado, y sus efectos se extendían a la mayor parte de arterias de la urbe, en donde el tránsito era lento y exasperante.

Aquella tragedia puso en evidencia, una vez más, la acentuada vulnerabilidad de la capital ante cualquier hecho inesperado, aunque sea de poca monta y que gravite entre lo cómico y lo irritante, como cuando se paralizó el tránsito de casi toda la ciudad por 14 horas, porque cuatro mulas se cayeron de un picop, por el Puente de Belice, o el domingo de septiembre del 2004 cuando el aeropuerto La Aurora y las arterias del sur quedaron bloqueadas, a causa de un desfile de globos. Lo mismo sucede a diario con la simpleza de un vehículo descompuesto o las protestas, aunque sean raquíticas.

Si aquellas circunstancias de baja envergadura han sido capaces de paralizar por largo tiempo la capital, -¿qué pasaría si parecidos efectos fuesen resultado de un terremoto, un accidente aéreo en una arteria de primer orden, una explosión u otro tipo de hecatombe?- Lo previsible sería el caos y la imposibilidad de proveer socorro a las víctimas, a causa del bloqueo y de la falta de vías alternas.

La capital -ya se sabe- ha agotado su capacidad de recibir más vehículos y está urgida de la ampliación y modernización de su sistema vial, incluido en esos requerimientos la necesidad de viaductos en arterias con alto flujo vehicular. Por otra parte, el Anillo Metropolitano es necesario para evitar la sobrecarga de automotores, en particular de aquellos cuyo tránsito por la ciudad tiene como único objetivo el paso de una carretera a otra.

Pero esas obras tendrían limitado efecto para atenuar la constante migración de la provincia hacia la capital, a causa de la falta de oportunidades de subsistencia y desarrollo personal en la mayoría de departamentos, debido a la macrocefalia urbanística.

Por eso, aquellas propuestas de infraestructura tendrían limitado impacto si no se impulsan políticas públicas orientadas al desarrollo de la provincia, por medio del estímulo de inversiones que generen empleo y coadyuven al desarrollo integral de personas y regiones.

En otros países se ha tenido éxito en la desconcentración por medio de polos de desarrollo, parques industriales y municipios modelo, en donde tanto el Estado como las municipalidades crean incentivos fiscales y de otra índole, así como procuran mejoras en la infraestructura y los servicios, para atraer la inversión.

La asfixiante problemática capitalina ha dejado de ser un tema de la ciudad, para trascender al plano nacional, y esa circunstancia obliga no sólo a considerarla una verdadera emergencia, sino a darle trato de tema de Estado, para que su solución involucre a distintas fuerzas y sectores, y se proyecte en el tiempo hasta alcanzar resultados satisfactorios.

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Fo
Por: fo@guate.net.gt

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TIEMPO Y DESTINO
Necesidad de otra reforma electoral

Hay una reforma electoral en marcha, en casi toda la América Latina, dirigida a democratizar las elecciones, moralizarlas y dotarlas de eficacia.
Por: Luis Morales Chúa

El año que viene puede ser propicio para una reforma electoral a fondo, porque la ley vigente hace aguas por todos lados, como quedó demostrado en la actual campaña.

Salta a la vista que el tiempo ha modificado la realidad política nacional que existía en 1985, año en que la ley fue aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente.

En efecto, por aquellos días Guatemala estaba saliendo formalmente de la dictadura, pero todos sabemos que los arbitrarios siguieron concentrados en torno al Ejecutivo.

Desde entonces han sido promovidas dos o tres reformas, pero no han sido tocados los temas importantes. Las más recientes son la del 2004, cuyo efecto consistió en poner en actividad a los partidos políticos para aumentar el número de afiliados, y la que este año permitió aumentar el número de mesas receptoras de votos, en todo el país.

En una conferencia dictada hace algún tiempo en el Instituto Republicano por la legisladora Conchita Mazariegos, ex presidenta de la Corte de Constitucionalidad, puso en claro -según mis apuntes- que la población necesita algo más que mayor cantidad de mesas, más afiliados a los partidos políticos, más nombres en el padrón electoral y más votos. Se requiere -agrego yo- una verdadera democratización de los procesos electorales, a fin de que no se conviertan en patrimonio de los que disponen de mayores cantidades de dinero.

En estos momentos hay proyectos de reformas electorales en varios países de la América Latina, pero, muy cerca, al norte, senadores y legisladores, gobiernistas y de oposición se unieron para decretar una reforma electoral de alcances mayores. Hablo de México. Y la publicidad a nivel continental que ha tenido ese trabajo legislativo puede servir de orientación para otras reformas electorales, como las que habrá de emprender la legislatura guatemalteca el año venidero.

Ya la ley mexicana anterior daba a las autoridades electorales fuerza para hacer cumplir sus resoluciones. Guatemala, por el contrario, no cuenta con algo así.

Un ejemplo: el todavía poderoso Partido Institucional Democrático (PRI), ahora en la llanura, después de haber gobernado durante más de 70 años, se ha unido a sus rivales de hoy, el gobiernista Partido de Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática, con el propósito de lograr la aprobación de la reforma electoral.

Ya antes, la autoridad en México era poco tolerante. Tanto que, en medio de las elecciones, las agencias internacionales de noticias difundieron la noticia según la cual el PRI está en aprietos financieros por no poder pagar de golpe la multa de US$90 millones que le fue impuesta por no declarar correctamente el origen de los fondos recibidos durante la campaña electoral del año pasado.

Ese partido omitió informar a las autoridades de un donativo de US$45.45 millones procedente de la empresa petrolera estatal, Pemex.

En Guatemala, las multas son muy bajas y quizás esa sea una de las razones por las que las disposiciones del Tribunal Supremo Electoral no son acatadas por los partidos políticos. Prefieren ser multados, antes de perder la oportunidad de acumular votos.

Y es justamente en ese punto donde nuestra legislación resulta insuficiente, porque no cuenta con medios para averiguar lo relativo a las finanzas destinadas al gasto de campaña. Por otra parte, es necesario que las reformas a la ley contengan garantías, para que los partidos políticos reconozcan el derecho de las mujeres a una mayor cuota de candidaturas en las elecciones generales, porque en esa materia la equidad de género sigue siendo una quimera.

Y quedan pendientes otros tópicos importantes, como la prohibición para que asuman puestos de elección popular ciudadanos y ciudadanas que tienen cuentas pendientes con la justicia. En otras palabras, moralizar en todo sentido la participación política debe ser una de los fines de la próxima reforma electoral.

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SENTIDO COMÚN
Méritos y deméritos

El Producto Interno Bruto (PIB) aumenta a pesar de, y no debido a, los gobiernos.
Por: Manuel F. Ayau Cordón

Los gobiernos suelen adjudicarse los méritos de las buenas y culpar a otros de las malas. La realidad, sin embargo, es lo opuesto.

Por ejemplo, la persistencia de la violencia se debe a la incapacidad del Gobierno (poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial). La función prioritaria de un gobierno es prestar seguridad; las demás funciones le siguen en importancia. Es tan conspicua su incompetencia que recurre a potencias extranjeras para que llenen el vacío que deja. Por supuesto, lo más sencillo es echarle la culpa de sus fracasos al brujo de Boca del Monte o a los poderes “oscuros”.

Parece que nuestros gobiernos no han aprendido que el crimen se impide con certeza de castigo, ya que es la certeza, más que la severidad de castigo, la que disuade al criminal. Se establecen penas cada vez más severas, desproporcionadas a las faltas o crímenes, pero el criminal sabe que hay poquísima probabilidad de que se le aplique. Debido a las deficiencias de nuestro gobierno, hoy se castiga, dicen, sólo el 1.8% de los crímenes.

La maraña de leyes que con mal juicio ha decretado el Congreso, muchas por iniciativa del Ejecutivo, otras por iniciativa de grupos de presión, y otras a cambio de dádivas condicionadas por gobiernos extranjeros, no conducen a una economía eficiente. No necesariamente lo hacen por mala voluntad, sino por estar formados por una cultura deficiente, cargada de prejuicios ideológicos empobrecedores, heredada de la época del auge del mercantilismo y del socialismo.

Es interesante darse cuenta de que las principales causas del poco progreso que ha habido no se deben a los gobiernos, pues ocurren a pesar de ellos y están fuera de su alcance. El principal factor de progreso es la economía informal, en la cual, según estudios, se ocupa el 75% de la población.

A esa economía se le llama informal precisamente porque es ajena al sistema formal del Gobierno. En ella buscan refugio las personas para librarse de la legislación, los reglamentos e impuestos que los gobiernos imponen. Sin la economía informal, quién sabe cuánto más pobreza existiría.

El segundo factor de prosperidad son las remesas familiares (Q25 mil millones), las cuales evidencian el fracaso de los gobiernos que con sus leyes, impuestos, reglamentos, burocracia y corrupción impiden la creación de suficientes oportunidades, dejando a muchas personas dos opciones: seguir pobres o emigrar a donde esperan encontrar un futuro mejor.

El tercer factor de prosperidad en las provincias se debe a haberle quitado al Gobierno central el impuesto que pagan los inmuebles para que dispongan de él las municipalidades. Anteriormente, cuando el Gobierno central manejaba esos ingresos, los municipios eran espectáculos de mayor pobreza. Muchos emigraban a la capital buscando trabajo o se iban de mojados.

Hoy las municipalidades cuentan con tanto automóvil que ya no caben en sus angostas calles hechas cuando el futuro no era muy promisorio porque dependían del Gobierno central. Hoy las nuevas calles son más anchas.

Un cuarto factor es la espontánea proliferación de las maquiladoras, que a pesar de la hostilidad de las autoridades de trabajo y la falta de protección contra las maras, proporcionan ingresos a miles de miles de familias en toda la República.

En mi opinión, nuestros gobiernos y nuestro cuerpo jurídico no serían tan desacertado sin la influencia (y dádivas) de burócratas extranjeros que forman parte de las burocracias no productivas de sus respectivos países, y que ingenuamente creen que la prosperidad la crean los gobiernos. Aceptar su intromisión y empobrecedores consejos ha sido otra falla recurrente y empobrecedora de nuestros gobiernos.

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COLABORACIÓN
Cambio climático

Durante la reunión discutimos las actividades de cada nación relacionadas con seguridad energética y el cambio del clima.

Por: James M. Derham*

El pasado 27 y 28 de septiembre, Estados Unidos fue el anfitrión para la Reunión de las Principales Economías sobre la Seguridad Energética y el Cambio de Clima, una iniciativa basada en la premisa fundamental de que el cambio climático es un reto generacional que precisa de una respuesta global.

Esta reunión, celebrada en la ciudad de Washington, es la primera de una serie de reuniones que incluirán a 17 de las principales economías del mundo -desarrolladas y en vías de desarrollo- y a las Naciones Unidas.

Esta nueva iniciativa internacional fue apoyada por los líderes del G-8 en junio, y por los 21 líderes de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en Sydney, Australia, a principios de este mes.

El proceso de la Reunión de las Principales Economías apoyó las pláticas de las Naciones Unidas sobre el clima, al juntar a las principales economías para que desarrollaran consensos sobre elementos clave para una nueva estructura sobre el cambio climático.

Nuestra meta para la Reunión fue impulsar un proceso por medio del cual las principales economías, a finales del año 2008, lleguen a un acuerdo sobre los elementos clave para una estructura posterior al año 2012.

Quisimos poner especial énfasis en la forma en que las principales economías pueden, en cercana cooperación con el sector privado, acelerar el desarrollo y despliegue de tecnologías limpias.

Durante la Reunión discutimos las actividades de cada nación relacionadas con seguridad energética y el cambio del clima, trabajamos todas las oportunidades y prioridades para el progreso después del año 2012, identificamos las urgentes necesidades para la investigación y el desarrollo de tecnologías para energía limpia y las áreas para colaborar.

Una estructura posterior al año 2012 debería comprometer significativamente a todos los países y reconocer la diversidad de soluciones y planteamientos que tomarán las naciones, según sus necesidades y recursos, para combatir el cambio climático. En vez de un planteamiento “único”, abogamos por flexibilidad, innovación y trabajo de grupo a escala global.

Si las principales economías del mundo pueden ponerse de acuerdo sobre el procedimiento, ese consenso podría acelerar las posibilidades de un acuerdo más amplio por medio de las Naciones Unidas, y sobre el tipo de compromiso global sustentable que se necesitaría -de parte de las naciones desarrolladas y en vías de desarrollo- para proteger y administrar el frágil balance del planeta para esta generación y las generaciones venideras.

* Embajador de Estados Unidos

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COLABORACIONES
Desastres no cesan

En las últimas semanas los guatemaltecos se han visto de nuevo afectados por las lluvias, que siguen cobrándose vidas, como el caso de la zona 5, sin que se obligue a ejecutar planes de prevención.

Los planes no se aplican

Dicho de otra manera, se actúa hasta que se tiene el agua al pecho.

Por: Gustavo Ovalle

Como entidad rectora en materia de derechos humanos sí hemos tenido acceso a planes de contingencia, pero éstos parecen existir sólo en cuanto a la atención de emergencias.

Dependiendo del tipo de alerta que se declare, según el evento y la magnitud de éste, así será el plan que se active con las instituciones involucradas. Esto se conoce como el Plan Institucional de Respuesta (PIR), que, aunque no resuelva el problema, algo se hace.

Sin embargo, este plan no alcanza el objetivo con el cual se creó la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), en la que la palabra reducción lleva implícito el sentido de prevención, y es ahí donde las cosas no han salido como se soñaron. Sin duda existe frustración, ya que no se ha logrado cumplir con lo que establece el decreto 109-96, de preparar a la población en esta materia.

Este basamento legal señala que se deben establecer los mecanismos, procedimientos y normas que propicien la reducción de desastres, a través de la coordinación interinstitucional en todo el territorio nacional.

Sin embargo, el plan institucional de respuesta no ha logrado su objetivo debido a la falta de seriedad de las altas esferas de gobierno para involucrarse en el tema. ¿Cómo podríamos esperar mejores resultados en la planificación y mitigación?...

Se dice que existen las coordinadoras departamentales y, desde luego, las coordinadoras municipales, pero en la realidad no se les ve actuar, como se dice, “no están en la jugada”. La ley indica qué rol deben jugar estas instancias, pero hasta el momento no se ve que funcionen.

Lo mismo sucede a nivel de todo el país: los funcionarios no sólo no se involucran, sino que envían como representantes a personal que no tiene toma de decisiones. Aparecen hasta en el momento que ocurren los desastres, pero desconocedores totalmente de las acciones que deben tomar ante esas circunstancias.

La situación es similar a nivel local, donde supuestamente deben funcionar las Coordinadoras Locales para la Reducción de Desastres, en donde en muy raras excepciones las autoridades, como alcaldes y gobernadores, verdaderamente asumen su papel y se involucran en la atención de este tema.

Dicho de otra manera, se actúa hasta que se tiene el agua al pecho.

Del área de Medio Ambiente, de la Procuraduría de los Derechos Humanos.

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Todos somos Conred

Para reducir los desastres debemos cumplir todos con nuestras responsabilidades.

Por: Hugo Hernández

Cuando hablamos de “planes de emer gencia por desastres” no nos referimos a “planes de prevención de desastres”, por lo que el que se cuente con los primeros no implica “prevención”.

Los primeros son planes técnico-operativos, su articulación implica la participación de diferentes autoridades, actores y sectores con responsabilidades o competencias para responder ante el impacto de un evento adverso o destructivo. Son planes que se estructuran en corto o mediano plazo, y su activación es coyuntural.

De esta cuenta los planes de emergencia no constituyen como tal “planes de prevención”, ya que la estructuración de éstos implica un proceso complejo, de mediano y largo plazos, que debe involucrar a todos los actores y sectores del desarrollo social.

Estos planes son complejos porque se requiere de planes de desarrollo social sostenible, reducción de la pobreza, un ordenamiento territorial que permita el uso del suelo acorde a las necesidades de cada sector, una normativa exigente que logre un equilibrio en el uso de los recursos hídricos y otros recursos naturales, que a su vez permitan una armonía entre naturaleza y ser humano.

Pareciera que lo anterior no tiene relación con la prevención de desastres, bueno, pues la relación se da muy estrechamente cuando somos los seres humanos los que potenciamos nuestra exposición al riesgo y nos exponemos cada vez más a sufrir desastres, al construir viviendas en laderas de barrancos, terrenos con pendiente muy inclinada, en orillas o cauces de ríos, sin la aplicación de normativas antisísmicas y, en general, expuestos a otros fenómenos o amenazas.

Por esta razón, la Secretaría Ejecutiva de la Conred ha venido trabajando en su “plan estratégico” desde el 2004, el cual contempla el fortalecimiento del componente de “planes de emergencia” que dio inicio años atrás, ahora con un enfoque de desconcentración-descentralización, y por otra parte el componente de “prevención”, con un enfoque integral de “gestión para la reducción del riesgo de desastres”, y ya no sólo un enfoque “emergencista”, basados en mandatos de la ONU y del Centro de Coordinación para la Prevención de desastres Naturales en América Central -Cepredenac- y su nuevo Convenio Constitutivo aprobado por el Congreso de la República, en vigencia desde julio de este año. Por lo tanto, para reducir los desastres en nuestro país debemos cumplir todos con nuestras responsabilidades y competencias. TODOS SOMOS CONRED.

Secretario ejecutivo de Conred

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LA BUENA NOTICIA
Un nuevo modelo de cristiano

Ser cristiano no es una carga, sino un don (DA 28).
Por: Víctor M. Ruano

“La vida de nuestros pueblos hoy” es el título de la primera parte del Documento de Aparecida. Los obispos, al desarrollar el primer capítulo, definen la identidad de los seguidores de Cristo bajo la inspiración de un nuevo paradigma denominado “discípulo misionero”, el cual es portador de una gozosa experiencia de Dios, de una nueva imagen de Iglesia, de un estilo distinto de ver la realidad y de una forma diversa de comprometerse en su transformación. Un creyente de ese talante vive  inmerso en la realidad sociocultural de los pueblos  compartiendo sus valores y limitaciones, sus angustias y esperanzas. 

Ahora bien, ¿dónde radica la originalidad de los discípulos misioneros? En el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, contemplado y asumido existencialmente como Camino, Verdad y Vida.  Ese es el secreto que llena “de luz, de fuerza y de esperanza” (21) a toda persona que se abre el don de su presencia, que vive inmersa en la realidad cada vez más compleja, desafiante, y en una Iglesia que necesita renovarse mediante la conversión pastoral.  

El encuentro con Cristo  fue la clave más importante y decisiva  de los primeros seguidores de Jesús que se sintieron “atraídos por la sabiduría de sus palabras, por la bondad de su trato, por el poder de sus milagros y por el asombro inusitado que despertaba su persona”. Esa experiencia hizo que sus vidas adquirieran “una plenitud extraordinaria” como nunca antes la habían vivido (21).

Hacia esa realidad existencial vamos los cristianos y nuestras comunidades hoy iluminados por las orientaciones pastorales de Aparecida, sobre todo cuando tenemos el reto de hacer creíble el evangelio en la sociedad posmoderna, de tal modo que sus valores fecunden las culturas; también cuando sentimos el deber de contribuir a la humanización del mundo y ser testigos de una vida más auténtica que supera la ruptura entre fe y cultura. 

Ciertamente los grandes cambios que acontecen en nuestro mundo “nos afligen, pero no nos desconciertan”, porque “hemos recibido dones inapreciables” (20) que nos permiten otear el futuro con esperanza y vivir con pasión el presente. Esos dones vienen del Padre que nos ama, del Espíritu que nos fortalece y de la presencia del Reino actuante en la historia.

Los tiempos nuevos de hoy exigen un nuevo modelo de cristiano que, al haber hecho la experiencia de encuentro con Cristo,  hace de su vida un canto de “acción de gracias a Dios”, (23-27), una sinfonía de alegría desbordante (28-29) y un compromiso permanente por la evangelización. (30-32) Bendecidos por Dios y agradecidos con Él, alegres con sus semejantes y comprometidos con la evangelización y la transformación del mundo, son los criterios que van perfilando esa nueva forma de ser cristianos en medio de “un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio” (29).

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