Guatemala, 6 de abril de 2008
Pruebas de ADN serán determinantes
“Los juicios para determinar filiación, y obligar a un padre a que pague una pensión alimenticia son largos y onerosos. Es difícil comprobar la paternidad, pero el ADN podría ayudar”, opinó Hilda Morales, de la Red de la no Violencia contra la Mujer.
“Hay que educar. Las mujeres tienen que ser capaces de decidir cuántos hijos quieren tener, y cuándo, y los padres deben ser responsables por ellos. Por eso es importante cumplir con la Ley de Planificación Familiar, pero el Estado no ha tenido voluntad”, opinó Zury Ríos, diputada del FRG.
“La paternidad irresponsable tiene su origen en la pérdida de valores que enfrenta la sociedad. Recuperar los principios morales es tarea de todos. La Iglesia debe orientar, con la ayuda del Estado”, expresó Marco Antonio Rodríguez, de la Alianza Evangélica.
Sonia Escobedo, de la junta coordinadora del Consejo Nacional para la Prevención de la Violencia Intrafamiliar y contra la Mujer, expresó que el tema de la paternidad responsable se debe abordar “con delicadeza y profundidad”, para asegurar los resultados adecuados.
De tratarse “a la carrera”, la situación podría complicarse y resultar contraproducente, expuso.
No se puede negar que hay muchos padres irresponsables, incluso madres que abandonan a sus hijos, pero hay que reconocer que también hay otros que sí son responsables. Incluso hay hogares de madres solteras que logran salir adelante. Por eso hay que tener cuidado al abordar esos temas, para que no se conviertan en motivo de discriminación de este tipo de familias.
¿Cómo lograr que se garantice el cuidado de los niños?
El fomento de la paternidad responsable es un tema que requiere análisis detenido. Hay que entender, desde un sistema patriarcal, hasta dónde llegan las responsabilidades de los hombres, y tratar de cambiar actitudes machistas, y otras conformistas, porque se tiende a pensar que basta con que el hombre aporte dinero para la manutención de sus hijos.
Eso no es responsabilidad, un padre debe también dar apoyo moral y emocional a sus hijos, para que puedan desarrollarse.
El problema es cómo lograr que todos los padres lo hagan. Se debe comprender que la crianza de los hijos, además de ser una responsabilidad de la familia, también lo es del Estado.
En los últimos años el Estado se ha ido reduciendo, y lo mismo ha pasado con su labor en ese sentido. Cada vez hay menos guarderías públicas, por ejemplo, y las madres que trabajan tienen que recurrir a parientes para que cuiden a los niños, o dejarlos solos en casa.
Hacen falta políticas públicas para garantizar la adecuada crianza de los niños.
Una de las formas en que el Gobierno puede contribuir a fomentar la paternidad responsable es educando, para cambiar el imaginario social, para que desde pequeños se enseñe una visión no machista y se aprenda que ser padre no solo es dar dinero.
Pero tanto con esas políticas como con las leyes hay que ser precavidos, porque hablar de paternidad responsable puede ser confuso, y luego podría convertirse en tema de conflicto, por ejemplo, en cuanto a quién debe tener la tutela de un menor.
Por Ana Lucía Blas
Por eso el Ejecutivo impulsa una reforma al Código Civil, para que a través de pruebas de ADN (Ácido Desoxirribonucleico) se pueda establecer la paternidad y demandar el cumplimiento de obligaciones.
Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) define la paternidad responsable como “aquella que, sin dejar de cumplir con la provisión, atiende el trabajo de la crianza, establece una relación afectiva entre padres e hijos, propicia su desarrollo autónomo, y en definitiva valora la paternidad como un proyecto con metas gratificantes y asumido libre y conscientemente”.
La Carta Magna declara que el Estado debe garantizar la protección social, económica y jurídica de la familia, y promover su organización sobre la base legal del matrimonio, la igualdad de derechos de los cónyuges, la paternidad responsable y el derecho de las personas a decidir libremente el número y espaciamiento de sus hijos.
No obstante, varios sectores opinan que en el país lo común es la paternidad irresponsable. La falta de principios y valores es muchas veces la causa de ello, y para otros influye la poca educación al respecto, así como la falta de castigos a los irresponsables.
Solo el año recién pasado se interpusieron dos mil 10 denuncias por negación de asistencia económica; en el 2006 la cifra fue de mil 811, y en el 2005, de mil 559. Con suerte las madres logran reclamar, luego de al menos año y medio —que es lo que generalmente duran esos procesos—, al padre de sus hijos una pensión que podría oscilar entre Q500 y Q5 mil, con lo que muchas veces deben alimentar a más de un niño, a pesar de que el costo de la canasta básica vital para una familia de cinco personas es de Q3 mil 157.
“En más de 30 años como abogada he llevado cuatro casos para reclamar una pensión alimenticia; de ellos, solo ganamos uno, y porque el padre se había hecho cargo de los gastos del hospital cuando nació el niño, y había rentado un apartamento donde vivía con la madre del menor. Por lo demás, esos juicios resultan largos y onerosos, pues es difícil comprobar la filiación con los requisitos que fija el Código Civil”, aseguró Hilda Morales, de la Red de la no Violencia contra la Mujer.
Para facilitar que se compruebe el parentesco, la Comisión legislativa de la Mujer estudia una iniciativa de ley, propuesta por el mismo presidente Álvaro Colom, para modificar el Código Civil e incluir la prueba de ADN como medio para comprobar y, por ende, declarar judicialmente la paternidad, lo que obligaría al pago de pensiones alimenticias.
De acuerdo con ese proyecto, las muestras serían enviadas a cualquier laboratorio público o privado que pueda efectuar análisis de ADN.
No obstante, Rosa María de Frade, congresista de la bancada Guatemala e integrante de la sala de la Mujer, consideró que esa responsabilidad podría quedar en manos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif). “Ya ampliamos en Q200 millones su presupuesto, para que pueda comprar el equipo necesario, pues las pruebas de ADN también son clave en la investigación de crímenes”, refirió.
Ese método ha funcionado en Costa Rica desde que, en abril del 2001, cobró vigencia una Ley de Paternidad Responsable. Con ese cambio legal, la mujer es la que indica quién es el padre de su hijo y así se le inscribe. Si el hombre considera que el bebé no es suyo, debe someterse a un examen de ADN para demostrar lo contrario. Si él no se presenta, se da por un hecho que es el padre de la criatura, y la ley lo obliga a pagar pensión.
Gracias a ese sistema han descendido las tasas de crecimiento poblacional, y los hombres se han cuidado más en sus prácticas sexuales, según reportan medios de comunicación locales. Cifras del Centro Centroamericano de Población de ese país dan cuenta de que, mientras en el 2000 existía 31 por ciento (24 mil 313) de niños con padres desconocidos, en el 2005 la cifra bajó hasta 7 por ciento (cinco mil ocho).
Para corregir el fenómeno de la irresponsabilidad paterna en el país hace falta “conciencia”, expresó Morales. La secretaria presidencial de la Mujer, Gabriela Núñez, coincidió en que es necesario educar e informar a la población, desde temprana edad, sobre los riesgos y consecuencias de tener relaciones sexuales.
Para ello solo falta voluntad política, pues hay normas aprobadas en ese sentido, como la Ley de Acceso Universal y Equitativo de Servicios de Planificación Familiar, enfatizó Zury Ríos, legisladora del Frente Republicano Guatemalteco, aunque esa norma ha sido reprobada por la Iglesia, en especial la católica.
“Hay que educar para cambiar los patrones machistas que prevalecen en nuestra sociedad; hay que sensibilizar desde la escuela, para que los futuros adultos tengan una visión distinta del país que quieren”, afirmó Nineth Montenegro, diputada de Encuentro por Guatemala.
De acuerdo con el estudio de Cepal, que aborda el tema de la paternidad responsable en Guatemala, “tanto en áreas rurales como en urbanas, el hombre inicia más temprano sus encuentros sexuales (...) La mayoría de estos jóvenes no han recibido en su casa la adecuada información sobre el tema (...) Una de las consecuencias de esa desinformación son los embarazos no deseados. Los hombres presentan una fuerte resistencia a la planificación familiar porque la asocian a una pérdida de su autoridad y a la eventual infidelidad femenina”, establece el documento.
Quizá esa sea la respuesta a porqué el país tiene una de las tasas más altas de fecundidad de toda América Latina: 4.4 hijos, para el año 2002. Las cifras más elevadas se registran en el área rural (5.2 hijos) y entre las mujeres indígenas (6.1 hijos), según el informe “La niñez en cifras”, presentado el 2 de abril recién pasado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. En él se enumera que de 383 mil 704 niños nacidos en el 2004, dos mil 124 fueron dados a luz por mujeres menores de 15 años.
Marco Antonio Rodríguez, de la Alianza Evangélica, consideró que esa educación debe ser “tarea de todos”, pero en especial de las iglesias, que deben “orientar la recuperación de los valores morales, cuya pérdida es la causa de que haya hombres y mujeres que abandonan a sus hijos”.
De Frade también ve una solución en el fortalecimiento de los principios y valores. “No solo hay que enseñar a usar preservativos para prevenir embarazos no deseados, sino también hay que insistir en la abstinencia y la fidelidad. Las personas deben tener suficiente madurez para llegar a su primera relación sexual, para ser conscientes de lo que conlleva”, sostuvo.
La Cepal recomendó, además, que cualquier propuesta para fomentar la paternidad responsable debe incluir los temas de salud sexual y reproductiva, bajo un enfoque de género.
Montenegro aseguró que es importante aplicar sanciones “fuertes y efectivas” a aquellos padres que no cumplan con sus responsabilidades. “No se trata de crear más leyes, sino de cumplir las que ya existen”, dijo.
“De esa forma se contribuirá al desarrollo, porque si los niños no tienen quién les dé de comer, no podrán mejorar su calidad de vida”, resaltó.
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