Guatemala, 6 de abril de 2008

ESCENARIO DE VIDAFrente al cambio climáticoVIDA AMOR DE PAZ

SENTIDO COMÚN Doble imposición propuestaMANUEL F. AYAU CORDÓN

COLABORACIÓNLa gran estafaROXANA BALDETTI

COLABORACIÓNNo es la soluciónANÍBAL GARCÍA

LA BUENA NOTICIA Narcos, ¡qué vergüenza!VICTOR M. RUANO P.

TIEMPO Y DESTINOLUIS MORALES CHÚA Una Guatemala apropiada y justa
Siempre que me invitan a una reunión en la que se hablará de niños, niñas y adolescentes de mi país, sé de antemano que no habré de escuchar cosas bonitas, agradables, satisfactorias, que conciten al optimismo, a la esperanza, a la alegría.
Siempre oiré una denuncia acerca de mortalidad, enfermedad, hambre, pobreza, indigencia, violencia, abandono social y un casi total olvido del Estado de esta problemática que debería quemar las entrañas hasta del más indiferente, tanto como las de aquellos que afirman estar dispuestos a sacrificarse, en el altar de los empleos públicos, para resolver los grandes problemas colectivos de los guatemaltecos.
Pero acudo a esas jornadas informativas para mantener al día mis nociones sobre temas que me conducen a reiterar invariablemente, como lo hago desde hace tiempo, que padecemos bajo el peso de una organización estatal obsoleta que no responde a sus elevados fines.
El jueves pasado participé en una multitudinaria cita en un hotel de la zona 10. No sé cuántos centenares de personas se me habían adelantado, pero el enorme local estaba a reventar. En la tribuna tenían lugar Beat Rohr, coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas; Xavier Michon, director- país del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; Manuel Manrique Castro, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, y Karen Slowing, coordinadora del Informe Nacional de Desarrollo Humano. El motivo era presentar públicamente un libro titulado La niñez guatemalteca en cifras, que contiene un estudio estadístico acerca de la situación de los niños, niñas y adolescentes guatemaltecos. El propósito es determinar lo que ha hecho nuestro país en el cumplimiento de los compromisos de la Cumbre del Milenio, celebrada en las Naciones Unidas, en septiembre del 2000. Esos compromisos son:
1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre; 2. Lograr la enseñanza primaria universal, es decir, que ningún niño guatemalteco en edad escolar quede sin aprobar el sexto grado; 3. Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer; 4. Reducir en dos terceras partes el número de niños que mueren por desnutrición o enfermedad; 5. Mejorar la salud materna, reduciendo en dos terceras la cantidad de madres que mueren, por motivos que pueden ser evitados; 6. Combatir e VIH/sida; 7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y 8. Fomentar la asociación mundial para el desarrollo.
El estudio no se ocupa de todos esos puntos. Se concentra en examinar los avances en el cumplimiento de los objetivos citados, desde el punto de vista de los indicadores relacionados con la infancia, y de sus conclusiones deduzco que los gobiernos guatemaltecos no han cumplido con la palabra empeñada; los progresos alcanzados son pocos, para lo cual hay varias explicaciones, no justificaciones. Una es la incapacidad y falta de voluntad, por parte de los gobiernos, para hacer frente a esos retos. Otra es que la progresiva reducción del aparato administrativo, bajo presiones de quienes desean derrumbar cortapisas para mejorar sus negocios, lo está dejando sin recursos para invertir en el cumplimiento de las metas del milenio. La tercera es que los pocos fondos fiscales son derrochados irresponsablemente en acciones reparadoras de algunos fracasos empresariales, como ha sucedido con ruinosos negocios bancarios. Finalmente —no por ello menos importante— es necesario citar otro factor de descomposición estatal, y es la corrupción en gran escala que afecta a importantes sectores oficiales. Características que ponen el sello inconfundible de la irresponsabilidad en lo más alto de las banderas gubernativas, desde hace tiempo.
Hay que hacer un país nuevo para que florezca la Guatemala apropiada y justa que la población merece.
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