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Guatemala, 13 de abril de 2008

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El bien más preciado de San Andrés Semetabaj 

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Carmela Sacuj Matzar, al frente, y compañeros de la Asociación de Gestión Integral de Desarrollo recolectan setas del invernadero de Juan Ervin Choc.

Comisión

Apoyo local

La Comisión Presi- dencial de Apoyo Local nació en el 2004.

• Tiene como objetivo primordial articular y facilitar los esfuerzos de los organizaciones guatemaltecas para impulsar el bienestar y la transformación socioeconómica del país.

• Impulsa alianzas y esquemas de participación entre el Gobierno, la empresa privada y la sociedad civil. En el caso del hongo ostra, hay un espacio de capacitación.

• Por ahora, la comisión apoya el trabajo de comunidades de Totonicapán, Petén, Alta Verapaz y Quetzaltenango, que desarrollan una gama de exitosos proyectos productivos.

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Por Claudia Méndez Villaseñor Periodismo comunitario

La esperanza, el tesón y la lucha inclaudicable de 50 mujeres y un hombre lograron que el cultivo del hongo ostra se convirtiera en el bien más preciado de San Andrés Semetabaj, Sololá.

En el 2003, Carmela Sacuj Matzar, de 45 años, originaria del poblado y hoy presidenta de la Asociación de Gestión Integral de Desarrollo Visión Maya, decidió que no podía perder más tiempo. Tenía que hacer algo para mejorar la calidad de vida de su familia y la de otras mujeres de aquella localidad.

Con ingenio y liderazgo, convenció a un grupo de conocidas de que el momento había llegado.

“Platicamos, porque no podíamos continuar con la siembra del maíz; había que diversificar los productos”.

Para esa época, en San Marcos La Laguna, comenzaron a cultivar el hongo ostra que, además de ser un alimento rico en nutrientes, posee cualidades curativas.

“La idea nos gustó, y preguntamos cómo podíamos cultivarlo. Nos dijeron que recibiéramos capacitación, y la buscamos en la Universidad de San Carlos”, agregó.

Juan Ervin Choc, de 38, el único hombre que forma parte de la junta directiva y quien suele ser blanco de las bromas de sus compañeras, recordó cómo, tras haber concluido los cursos, comenzaron las primeras pruebas para cultivar la seta.

“Preparamos el sustrato —a base de olote—, colocamos las primeras semillas y colgamos los pasteles (como llaman a los pequeños pilones). Esperamos y esperamos, pero ninguno germinó. Entonces, nos entró la duda, porque ninguno de nosotros había visto un cultivo de hongos físicamente”, agregó.

Pese a la incertidumbre que generó el primer fracaso, el grupo decidió intentarlo de nuevo. “Repetimos el proceso con 10 pilones y, después de un mes, cosechamos las primeras cuatro onzas”, explicó Choc.

Para entonces, había pasado casi un año del experimento.

Época de bonanza

Con la primera cosecha comenzó una época de bonanza, que duró hasta octubre del 2005, cuando aquella región fue azotada por la tormenta Stan.

La Comisión Presidencial para el Desarrollo Local, dirigida por Rodolfo Paiz Andrade, decidió apoyar a dicha organización, y en el 2004 consiguió abrirles un espacio de venta en la cadenas de tiendas y supermercados de La Fragua —hoy, Wal-Mart Centroamérica—.

“Entregábamos 15 cajas dos veces a la semana, porque teníamos la capacidad de cosechar dos quintales diarios”, recordó Sacuj.

El producto pudo competir en el mercado gracias a que la mujeres de la asociación cuidan hasta el menor detalle del proceso de envase, sellado y etiquetado.

“Somos exigentes con la higiene, para el manejo de los hongos. Cuidamos todo el proceso; incluso las etiquetas describen sus valores nutricionales”, refirió Choc.

En octubre del 2005, Stan arrasó con la mayoría de poblados de Sololá, incluido San Andrés Semetabaj.

Fuertes aguaceros destruyeron casas y caminos; también, la mayoría de invernaderos de hongos ostra localizados en ese municipio.

“Las invernaderos que se salvaron continuaron produciendo, pero como no había carretera, no podíamos vender en la capital. Fue por eso que bajaron los pedidos”, añadió Sacuj.

Después de dos años, el número de socias descendió de cien a 50. Choc continúa con ellas, y se encarga del manejo de las finanzas.

“Tenemos capacidad para producir un quintal de hongos diariamente; ya empacados, se vuelven 10 cajas diarias, pero nos compran solo 10 cajas a la semana”, se lamentó Josefina Coroxón Muj, también de la referida asociación. Sin embargo, han logrado comercializar el producto en algunos restaurantes y en el mercado de Panajachel.

Noches de vigilia

Para las mujeres de la Asociación, la producción y cuidado del hongo ostra son algo más que un negocio. “Son una forma de compartir con las amigas y los esposos, de relajarse y de mantener la esperanza”, añadió Sacuj.

Por ello, reunirse en las noches a platicar, regar los hongos y empacarlos se ha convertido en uno de los momentos del día más agradables para las mujeres. “Me gusta trabajar en la madrugada; los riego, los miro cómo crecen, me da mucha tranquilidad”, expresó.

Cuando terminan la jornada y se acuestan, sueñan con millones de paraguas de marfil y ébano que crecen en las alacenas, en los techos y en todo el poblado.

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