Guatemala, 14 de abril de 2008

TASSOLILOQIOSTres columnas sobre treinta y tres mil versos (y III)Tasso Hadjidodou

PUNTO DE VISTAElecciones y cambio en ItaliaSadio garavini di turno

ARCA DE ESPEJOSManolo GallardoAquiles Pinto Flores

EL QUINTO PATIOLa canasta básicaCarolina Vásquez Araya

ECLIPSEArmémonos de pacienciaIleana Alamilla

CATALEJOEl oscuro futuro de nuestros niñosMario Antonio Sandoval
EDITORIAL
La semana recién pasada se informó que el presidente Álvaro Colom anunciaría, durante el fin de semana, la decisión gubernativa de establecer precios tope y nuevos subsidios como forma de detener el incontenible ascenso del valor monetario de toda clase de artículos, sobre todo, aquellos de primera necesidad. Luego, se informó oficialmente que se había suspendido el anuncio, lo cual significa que existe aún la posibilidad de que sean implantadas esas medidas.
Al respecto de los subsidios, es importante señalar que solo se pueden justificar cuando tienen un tiempo preestablecido. Si la idea es mantenerlos para siempre, su efecto es negativo y, sobre todo, existe el problema de que constituyen un elemento que distorsiona el desarrollo normal de la economía. En muy pocos casos puede justificarse el subsidio, pero se le debe considerar como un esfuerzo económico de toda la sociedad para alguno de sus sectores. Y esas justificaciones pertenecen a campos ajenos a la realidad económica, que puede ser muy injusta.
En el caso de los precios tope, son contraproducentes porque están basados en una serie de ideas que no necesariamente corresponden a la realidad. La limitación en el porcentaje de ganancia puede hacerse realidad únicamente en aquellos casos en que es elevado. Pero no todos son así. La mayoría de empresas —en particular, las de pequeño o mediano tamaño e incluso algunas grandes— funciona con pequeños porcentajes de ganancia. Cualquier alteración en los costos, sin poder ajustar el porcentaje de utilidad, puede significar la quiebra de la compañía y el aumento del desempleo, como producto del cierre de las unidades de producción.
En el caso de las empresas no creadas, el precio tope garantiza que nunca se harán realidad. El esfuerzo de crear y sostener un negocio, con todas las responsabilidades laborales y demás obligaciones, se acepta y se mantiene cuando se concreta la esperanza de obtener gratificaciones económicas al empeño y a los riesgos asumidos por quien invierte dinero.
Para que los precios tope fueran efectivos, se necesitaría un nivel enorme de solidaridad entre los miembros de la comunidad, así como una reducción de la dosis normal de avaricia humana. Suena muy fuerte, pero esa es la base del progreso económico en el sistema capitalista, que se fundamenta en el ansia de obtener beneficios económicos como llave que abre la puerta de la inventiva.
A partir de las leyes económicas del mercado libre, con mínima intervención estatal, la idea de fijar precios tope asegura la escasez o disminución total de la calidad y del servicio otorgado a los clientes. El reto en un país como el nuestro es cómo lograr que el nivel de vida, ya disminuido a causa de una serie de factores tanto externos como internos, se pueda sostener como está.
Hay soluciones, pero necesitan de mucha capacidad de análisis y de asumir la valiente actitud de reducir impuestos, administrar bien los ingresos e instar a la fraternidad humana. Todo ello no se consigue si se decide adoptar la política de precios tope.
“Los precios suben; los sueldos, no. El alza en la canasta básica puede provocar un estallido social. Este es el momento en el que debemos unirnos, tanto el Gobierno como el sector privado, para solucionar esta problemática”.CARDENAL RODOLFO QUEZADA TORUÑOArzobispo metropolitano
“En algunos casos faltaron química y sintonía. Pero es mejor que salgan en este momento, y no más adelante. Los cambios no son de alto nivel; las piezas clave siguen, como los ministros de Finanzas o de Educación...”.MARCO ANTONIO BARAHONAAnalista
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