Guatemala, 20 de abril de 2008
“El PP ha sabido aprovechar su peso numérico. Otros partidos no han sabido hacerlo; la Gran Alianza Nacional, por ejemplo, es la tercera fuerza en el Congreso, pero parece estar más enfrascada en resolver cuestiones internas, que en su labor en ese organismo. El resto de bloques es pequeño, y la mayoría carece de líderes fuertes o de interés en incidir más en la agenda legislativa. Por eso Mario Taracena (UNE) y Roxana Baldetti (PP) han sido clave en las negociaciones”, aseguró Lisardo Bolaños, analista del CIEN.
Por Ana Lucía Blas
Las diferencias de campaña no han quedado del todo superadas, y en más de una ocasión, diputados de la bancada oficial han cruzado señalamientos y críticas con los del opositor Partido Patriota (PP) en el pleno. No obstante, pareciera que no se da un paso en el Congreso si no se tiene la bendición de éste, por lo que es común ver a Mario Taracena, jefe de la bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), dialogando con Roxana Baldetti, del PP.
Ante la falta de una aplanadora en el Congreso —tienen 51 diputados, pero se necesitan 80 para aprobar una ley—, Taracena ha optado por negociar con la oposición para avanzar con la aprobación de leyes que le interesan al Ejecutivo y sacar del camino aquellas que no ve favorables.
Muchas veces ha sido criticado incluso por sus compañeros de bancada, porque constantemente se le ve cabildear cerca de Roxana Baldetti, jefa de los patriotas, a pesar de contar con votos suficientes para una ley, sin el apoyo de ese grupo. Juntos aparecen siempre al centro de cualquier negociación, y se han convertido en piezas clave para definir la agenda del Congreso.
“Aunque no tiene todo el apoyo de su bancada, por lo poco consolidada que se encuentra, Taracena sí cuenta con el del Ejecutivo, por lo que se ha convertido en su interlocutor con la oposición, entre la cual sí tiene más peso”, opinó Lisardo Bolaños, analista del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales.
La estrategia ha tenido éxito. Así se logró aprobar, por unanimidad, cinco préstamos por más de Q2 mil 700 millones, para financiar el presupuesto del Estado, que había urgido el Ejecutivo, por ejemplo.
Para el último de esos créditos no se contaba con el apoyo del PP, pero sí con votos suficientes. Aún así, ese partido logró, entre críticas, insultos y señalamientos de ambos bandos, bloquear su aprobación hasta que el presidente Álvaro Colom y el secretario general de aquella agrupación, Otto Pérez Molina, se reunieron, para negociar que se destinaran fondos a programas de seguridad. Pérez dijo en esa ocasión que no se trataba de una alianza, pero que apoyarían las iniciativas de la UNE cuando las consideraran de beneficio para el país.
De esa manera se hizo evidente que, aunque tampoco cuenta con mayoría (tiene 29 integrantes), el PP, como segunda fuerza en el Congreso, es clave para que la agenda legislativa avance.
“El PP ha sabido aprovechar su peso numérico. Otros partidos como la Gran Alianza Nacional, que es ahora la tercera fuerza en el Congreso, no han sabido hacerlo. Ello porque esa agrupación parece estar más enfrascada en resolver cuestiones internas que en su labor legislativa. El resto de bloques es pequeño, y la mayoría carece de líderes fuertes”, expuso Bolaños.
Sin embargo, los partidos pequeños, liderados por el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), también han demostrado que pueden incidir. El último miércoles, por citar un ejemplo, esta bancada logró imponerse para que su diputado Julio César López represente al Legislativo en el Consejo Nacional de Atención al Migrante Guatemalteco, y no Léster Reyna, como quería la UNE. En esa ocasión, la bancada oficial quedó fuera de las pláticas y vio, impotente, cómo la oposición se unía para lograr su cometido. “Nosotros siempre los tomamos en cuenta, y ellos ni nos consultaron”, reclamó Taracena.
Los patriotas, en tanto, consiguieron designar a Gudy Rivera como integrante de la Comisión Nacional de la Niñez y Adolescencia.
Las bancadas pequeñas también han alcanzado logros sin la participación del PP o de la Gana. El 11 de marzo recién pasado, aquellas unieron fuerzas para bloquear la elección de magistrados al Tribunal Supremo Electoral, con el argumento de que las bancadas mayoritarias no las habían tomado en cuenta para definir la planilla de candidatos. Al final, éstas tuvieron que negociar con los partidos con menos diputados al Congreso, para poder cumplir con la designación de los magistrados.
“Con esto se logró que los pequeños seamos tomados en cuenta”, opinó Efraín Ríos Montt, dirigente del FRG, cuando se retiraba del hemiciclo aquel día. Este diputado ha insistido en que “lo importante no es el número, sino la capacidad”.
Según Bolaños, aunque el FRG ahora tiene solo 14 integrantes, y por ello “menor capacidad de maniobra, la experiencia cuenta, lo cual le falta a la mayoría de bloques minoritarios”.
“La experiencia es un tesoro. Quienes conocen bien el teje y maneje del Legislativo, son quienes tienen mejores oportunidades de influir en las decisiones. Eso ha pasado con partidos como el Unionista, que, a pesar de que tiene solo siete diputados, ha logrado hacer valer su opinión e incluso ocupa un cargo en la Junta Directiva de ese organismo”, comentó Marco Antonio Barahona, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies).
Para él, además de Taracena y Baldetti, han sido clave legisladores como Mariano Rayo, jefe del bloque unionista, y Arístides Crespo, del FRG.
“En este Congreso se ve un juego democrático en el que hay intereses diversos, pero, a pesar de todo, se ha logrado mantener un equilibrio”, afirmó Barahona.
Mientras congresistas como Baldetti y Taracena ganan protagonismo en el Congreso, otros han quedado al margen. Manuel Baldizón, quien hasta el año recién pasado era una de las cartas de presentación de la UNE al momento de negociar, ahora ha quedado al margen. Su prueba de fuego la tuvo recientemente, cuando promovió un aumento a las pensiones para los jubilados del Estado y ni siquiera consiguió el respaldo de su bancada.
Mas no fue así cuando, el año pasado, como presidente de la Comisión de Finanzas, consiguió apoyo para aprobar un presupuesto del Estado que deja discrecionalidad al Ejecutivo para transferir fondos.
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