Guatemala, 30 de abril de 2008

ALEPHUn hombre y su patriaCarolina Escobar Sarti

UCHA´XIKk¿Quién sabe?Sam Colop

ECLIPSELibertad de prensaIleana Alamilla

A CONTRALUZCon las manos vacíasHaroldo Shetemul

CARA PARENSCorrupción/impunidadLucrecia Méndez

CATALEJOMario Antonio SandovalAgresión de policías ediles
EL VIERNES PASADO OCURRIÓ un incidente en realidad preocupante por sus implicaciones y posibles explicaciones: la agresión cometida por agentes de la Policía Municipal de Tránsito (PMT) contra miembros de la Policía Nacional Civil (PNC). Sólo en Guatemala parece ser el lugar donde un incidente de esa naturaleza pueda tener lugar, pues parece increíble. Un policía municipal atropelló a un motorista, por lo que los nacionales lo retuvieron para conducirlo, pero un grupo de sus compañeros atacaron a los miembros de la PNC para rescatar al hechor, y por ello se armó una gresca en plena calle, en la cual participaron vendedores callejeros, aliados a los policías municipales. El asunto terminó sin problemas más serios, pero en sí tiene una gran seriedad.
ES NECESARIO PENSAR en cómo se puede explicar la actitud de los policías ediles. La Policía Municipal de Tránsito, como su nombre lo indica, se debe dedicar con exclusividad al área de todo lo referente a los vehículos capitalinos. Ni siquiera tiene jurisdicción en los temas de tránsito en las carreteras, o en cualquier otra población del país. Su jerarquía, entonces, es menor a la de la Policía Nacional Civil. Esta última tiene al país como su territorio. Puede capturar a personas cuando las encuentra in fraganti o todavía en el lugar donde se ha cometido una acción contra la ley, como lo es el atropellamiento de un peatón o de un vehículo ligero. Y si esa persona pertenece a otro cuerpo policial, ello no hace en realidad ninguna diferencia.
LA ACCIÓN DE LOS AGENTES de la PMT es un claro ejemplo de actitud prepotente, causada por la arrogancia y por el convencimiento de estar por encima de la ley. La agresión a policías nacionales es un delito, pero cuando proviene de los integrantes de otro cuerpo policial adquiere la característica de mayor gravedad, porque si alguien está obligado a obedecer la ley son los agentes encargados de cumplirla en cualquiera de sus manifestaciones. Quienes participaron en la gresca, pero sobre todo quienes la dirigieron o instigaron, no pueden permanecer más en un cuerpo policial, porque la buena imagen de toda la institución se ve afectada por las consecuencias de esta acción, absolutamente inaceptable, repudiable y merecedora de castigo.
CUANDO LA PMT FUE CREADA, hace algunos años, fue positiva la reacción de los ciudadanos. El tránsito de la capital necesita, sin duda, de una fuerza policial encargada con exclusividad de ordenar el paso de vehículos y todos los temas relacionados. Sin embargo, conforme ha pasado el tiempo, el prestigio logrado en los primeros tiempos se ha venido abajo a causa de las constantes quejas de los ciudadanos. La actitud de los policías es prepotente, en demasiados casos, sobre todo en la aplicación de cepos y la manera como realizan su trabajo, sobre todo en el caso de estacionamiento de vehículos. La colocación de estos inmovilizadores se realiza aun cuando un vehículo se encuentra con el motor encendido mientras se descarga mercadería.
EL PROBLEMA PRINCIPAL radica en el mensaje tácito emitido por las máximas autoridades ediles capitalinas, según el cual la autoridad es un sinónimo exacto de la prepotencia, del abuso y de la imposición a veces insolente de las reglas de Tránsito. La actitud edil de rechazo airado a la crítica, de usar el poder según los intereses de algunas personas, tiene un reflejo en la PMT. Hasta el momento, no se ha sabido de castigos a los participantes, y el silencio de las autoridades municipales de la capital aumenta las razones para repudiar la acción de los policías ediles. Lo peor, pienso yo, es una verdad clarísima: se trata sólo del primero de varios incidentes de índole ilegal con participación de los policías del uniforme verde chillante.
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