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Hubo una vez en abril... 

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María del Mar y León Aguilera hicieron de sus vidas un hermoso poema de amor

María del Mar (1923 - 2007)

María del Rosario Radford de Aguilera

• Poeta, escritora, periodista y promotora cultural

• Fue la primera persona en divulgar la poesía nacional y del Istmo a través de la radio

•  Promotora social

León Aguilera (1901 - 1997)

Nació en Nicaragua y se nacionalizó guatemalteco

• Filósofo, escritor, poeta y periodista

•  Publicó ocho libros entre prosa lírica y poesía

•  Escribió la columna Urnas del tiempo

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El cuarto mes del año marcó la vida y la muerte de este matrimonio de escritores. En la foto, el día de su boda.

Por Nancy Arroyave

Hoy se conmemora el primer aniversario luctuoso de María del Rosario Radford, escritora conocida como María del Mar. Su deceso, ocurrido el último día de abril, marcó también el epílogo de la historia de amor que tejiera junto al también escritor León Aguilera y que surgió, precisamente, un mes de abril.

El romance nació a primera vista, el noviazgo duró de abril a julio, y el amor, toda la vida. A lo largo de esos meses, entre el “sí” de la novia y el “sí” ante la ley, el poeta escribió a su amada 75 cartas, entre sonetos y prosa lírica, y recibió de ésta ocho delicadas epístolas escritas en una prosa no menos hermosa y decoradas con originales dibujos suyos.

Las misivas, atadas con un lazo rojo y guardadas celosamente en un cofre, fueron descubiertas hace algunos años por Grecia, una de las hijas del matrimonio. Hoy que abril llega a su fin, antes de que se dé vuelta a la página en el calendario, como un tributo a su memoria Grecia accedió a compartir el contenido de las mismas y la historia que a partir de ellas escribieran sus padres.

Epistolario de amor

“Todo comenzó en abril de 1953. Él trabajaba en el famoso Diario El Imparcial, ella, en la United Fruit Company, en Tiquisate, el desafío: encontrarse en algún momento”, cuenta Grecia Aguilera.

El tiempo que pasaban juntos se hacía fugaz e inasible, por lo que el poeta recurría a las cartas para hacerle sentir su compañía. “Él le escribió setenta y cinco cartas, serían veinticinco por mes”, dice Aguilera.

En una de aquellas epístolas él escribe: “Quiero tus cartas, mi soledad se perfuma con ellas. Quiero tus cartas, a mi ansiedad son azules estrellas. Tus letras arden, tus letras viven, tienen celestes claveles. No sé que dichas hondas reviven cartas con vuelo de aves. Tus frases queman, miman y mecen la divina esperanza. Cartas caricias que me estremecen y aman en lontananza (...)”.

María del Mar, por su parte, escribió en una de sus cartas: “Has venido a hacer de mi cielo, una lámina lila de amarantos; a sembrar en mi tierra de roja amapola con semilla de oro; que se abrirá mañana en el sol de nuestro amor fecundo”.

Cuenta Grecia Aguilera que alguna vez al preguntarle a su padre sobre la correspondencia de su mamá, él respondió: “sus cartas eran madrigales, breves y delicadas como una composición de Gutierre de Cetina en prosa. Las leía en menos de un minuto y me dejaban una evaporación”.

La sensibilidad y la pasión que arrancó de ambos poetas tan sentidas cartas de amor, no mermó con el tiempo a lo largo de un matrimonio que duró tantas décadas. Hasta la muerte de Aguilera (el 13 de abril de 1997) las manifestaciones del sentimiento que se profesaron encontraron diversos canales más allá de la expresión literaria.

Por muchos años, de 1963 a 1985, María del Mar hizo llegar a la oficina de su esposo, con religiosa devoción, tres rosas sin remitente. Aquellas rosas que decoraban el escritorio de Aguilera fueron, a su vez, tema muchas veces de su famosa columna Urnas del tiempo.

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