Guatemala, 30 de abril de 2008
Violencia Una de ellas murió en el hospital; ataque era contra joven de 17 años
Kimberly Michelle Alvarado se queja del dolor en sus pies, heridos por una bala. Su madre, María Castillo, la consuela, en la Pediatría del Hospital General San Juan de Dios.
Por Julio F. Lara
Marta Patricia Salomé Ávila, de 7 años, murió ayer, a las 17.40 horas, en el Hospital General San Juan de Dios, de un balazo en la cabeza; ella y dos de sus compañeras, estudiantes de una escuela, resultaron heridas por balas perdidas cuando tres individuos protagonizaron una balacera, en la 2a. avenida y 17 calle de la zona 3.
El hecho se dio a las 8.10 horas. En el intercambio de balazos fue ultimado Hugo Leonel López Morataya, de 17, quien había discutido con dos hombres.
“Pensé que esos hombres estaban jugando, pero empezaron a disparar, y lloré cuando vi que mis pies sangraban (por un balazo). A una niña la hirieron en el cuello, y a otra, en la espalda”, narró llorando Kimberly Michelle Alvarado Castillo, de 7, estudiante de segundo primaria de la escuela República de Cuba.
Las niñas caminaban con su maestro de física, Jorge Castellanos, y otras dos docentes, ya que se dirigían al parque municipal de la avenida Centroamérica y 18 calle, zona 1, cuando quedaron en medio del ataque.
Los Bomberos Voluntarios trasladaron a las niñas al referido hospital. La pediatra Gisselle Aguilar informó que Marta Patricia Salomé Ávila, de 7, fue atendida “por un balazo en el occipital”.
También fueron ingresadas en el hospital Kimberly Michelle y Melani Liset De León Quiñónez, de 7.
El estado de las dos era estable. Una sicóloga del San Juan de Dios les dio apoyo al observarlas emocionalmente afectadas.
De León Quiñónez fue trasladada horas después al Centro Médico Militar, a solicitud de su padre, Mario De León, sargento primero del Ejército, informaron facultativos del hospital.
Castellanos llevaba a 60 estudiantes al parque municipal, como lo hacen en forma habitual, para recibir el curso de educación física, debido a que la escuela no tiene espacio suficiente.
Los docentes observaron que tres hombres discutían en la esquina donde ocurrió el incidente y, según Castellanos, nunca se imaginó que en un instante todo se iba a convertir en una pesadilla.
Explicó que los desconocidos sacaron armas y se dispararon entre sí, y que solo tuvo tiempo de gritarles a los niños que se lanzaran al suelo para protegerse.
Observó a un hombre tirado en la acera, y logró a escuchar cuando uno de los que participaron en la balacera, con una pistola en la mano, le gritó a una de las maestras: “Cállese, que ya terminó todo”. Después le exigió que callaran a los niños.
Los dos delincuentes huyeron caminando por las calles del sector, y los docentes atendieron a los niños heridos, mientras llegaban los bomberos.
Minutos después llegó Rosa Morataya y reconoció el cadáver de su hijo. Ella informó a los investigadores de la Policía que el joven salió temprano de su casa, situada en la zona 18, a comprar unos repuestos, pero no precisó de qué tipo ni para qué le iban a servir.
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