Guatemala, 30 de abril de 2008
A cien días del inicio, los problemas políticos han cobrado relevancia
Miles de personas vitorearon ayer el paso de la antorcha olímpica por la ciudad más importante de Vietnam, donde terminó el tramo internacional del relevo después de semanas de protestas.
La antorcha ahora será llevada a los territorios chinos de Hong Kong y Macau y luego al resto del país anfitrión, incluyendo el Tíbet y la cima del Monte Everest.
“Esto me pone feliz”, dijo Emily Chen, una obrera china que trabaja en una fábrica de Nike en Vietnam. “Esto le da más poder a China”.
Vietnam prometió que no permitiría que manifestantes.
Algunos turistas se apostaron frente al contador de los días previos al inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín. A la izquierda, en grupo de personas tibetanas protestaron frente a la sede del COI, en Lausana, Suiza.
Beijing. Todos los fastuosos estadios y miles de millones de dólares invertidos, para transformar a Beijing en una ciudad moderna, han quedado en un segundo plano por las protestas pro Tíbet, un caótico relevo mundial de la antorcha olímpica y la indignación de los chinos hacia Occidente, al considerar que su esperado magno evento ha sido estropeado.
A falta de cien días para su inauguración, mantener la política alejada de los Juegos Olímpicos de Beijing parece una causa perdida.
Un año atrás, el ex presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, pronosticó que los de Beijing serían los mejores de la historia. Su sucesor, Jacques Rogge, se lamentó hace un par de semanas de que los mismos están en crisis.
¿Podrán China y el COI devolverle algo del brillo perdido? Esta no es la primera vez que cuestiones políticas interfieren con los Juegos, pero los de este año han resultado ser lo más conflictivos desde los boicots de los años ochenta.
“Las autoridades chinas tienen en sus manos un serio problema de relaciones públicas”, comentó David L. Shambaugh, politólogo y director de un programa de estudios chinos en la Universidad George Washington.
Beijing irradia un ambiente negativo estos días. Un oleada de disturbios el mes pasado en Tíbet provocaron manifestaciones anti China en Londres, París, San Francisco y otras ciudades por donde pasó el fuego olímpico. El trayecto pasó a ser una farsa por los numerosos cambios de último minuto en la ruta, con pases de invitación especial para evitar protestas.
Aún hay tiempo para que los Juegos levanten cabeza, pero Beijing necesita suerte.
Podría hacerlo con una serie de eventos de menor perfil a partir de hoy, cuando los organizadores celebrarán la cuenta regresiva de los cien días.
El primero será una mini maratón alrededor de las dos sedes más llamativas: el nuevo Estadio Nacional, conocido como el Nido de Pájaros, y el Cubo de Agua, donde se disputará la natación. También se completará el concurso de cuatro años para escoger los temas musicales de los Juegos.
AP
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