Guatemala, 7 de agosto de 2008
Otro estudio de la Universidad de Chile determinó que un 40 por ciento de visitantes no volverá a la zona si se construyen las represas.
“La pregunta que hay que hacerse es qué es más ventajoso para el país; desarrollar esa región con el turismo o sacrificar su belleza para construir centrales hidroeléctricas”, expresó el autor del informe, Rodolfo Sapiaíns.
Santiago. La rica Patagonia chilena enfrenta un difícil dilema: mantenerse como una reserva natural prístina, que atrae a miles de turistas cada año, o aportar, con las aguas de dos de sus ríos, al aumento de la capacidad energética de Chile, crucial para sostener el crecimiento económico del país.
En la región de Aysén, en la Patagonia chilena, se proyecta la construcción de un megaproyecto hidroeléctrico, que incluye la instalación de cinco represas sobre los ríos Pascua y Baker, con una producción media anual de 18 mil 430 gigavatios-hora (GWH) y una potencia instalada de dos mil 750 megavatios (MW).
El proyecto, de las chilenas Endesa —filial de Endesa España— y Colbún, está a punto de ser evaluada ambiental y legalmente, un trámite que se extendería durante 14 meses. De aprobarse, la primera central operaría en el 2017.
El proyecto Hidroaysén establece la instalación de dos centrales en el río Baker, y tres en el Pascua, dos caudalosos ríos de aguas cristalinas, rodeados de vegetación, prácticamente, virgen. Ambos se alimentan de glaciares milenarios.
La superficie inundada por los embalses sería de cinco mil 900 hectáreas, y se proyecta la instalación de una gigantesca línea de transmisión de dos mil kilómetros, que trasladará la electricidad hasta Santiago de Chile.
El proyecto afronta la resistencia de grupos ecologistas, aunque desde el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet se han emitido varias opiniones en su favor, considerando la crítica situación energética de Chile, un importador neto de energía.
Desde el 2004, Chile comenzó a ver reducidas sus importaciones de gas natural desde Argentina —su único proveedor—, con la que generaba casi la mitad de su electricidad. Hoy, los envíos son mínimos, y cientos de industrias y generadoras cambiaron sus operaciones a diésel o carbón, encareciendo los costos.
Asimismo, la demanda energética crece a un ritmo de un 7 por ciento anual.
Ante este escenario se ha fomentado la diversificación de la matriz energética, por medio del uso de energías renovables, como la eólica y la solar.
En el 2009 comenzará a operar una planta de Gas Natural Licuado, que permitirá su adquisición desde cualquier punto del planeta.
Los ecologistas no ven razones para la construcción de las centrales hidroeléctricas. Especial preocupación genera la extensa línea de transmisión que se requerirá. De hecho, la imagen de frondosos bosques y cerros tupidos, cruzados por cables del tendido, es la base de una campaña internacional en contra de su construcción.
Hidroaysén argumenta que el proyecto procura la menor intervención ambiental posible, y que es necesario para asegurar el abastecimiento energético del país.
“El proyecto será implementado y operado de manera ambiental y socialmente responsable”, declaró el gerente de Hidroaysén, Hernán Salazar.
“Hidroaysén es compatible con otras actividades económicas, como el turismo y la ganadería”, agregó.
Un estudio del consultor internacional Fernando Salamanca reveló pérdidas para la región, de entre US$22 millones y US$54 millones, debido a una menor llegada de turistas. En el 2007, esta actividad generó ganancias por US$72 millones, con la visita de unos 140 mil turistas.
“En un sentido estrictamente de rentabilidad económica, no tienen sentido aprobar este proyecto, porque genera una pérdida de atractivo de la región”, explicó Salamanca.
AFP
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