Guatemala, 10 de agosto de 2008

LA BUENA NOTICIA Iglesia misioneraVICTOR M. RUANO P.

SENTIDO COMÚN“Pongámonos de acuerdo”MANUEL F. AYAU CORDÓN

ESCENARIO DE VIDANoruega, en escenaVIDA AMOR DE PAZ

TIEMPO Y DESTINOChinos fabulososLUIS MORALES CHÚA
EDITORIAL
El cambio climático es uno de los mayores desafíos de la humanidad, al punto de que para gobiernos y diversas instancias internacionales ha pasado a ocupar un lugar relevante en sus agendas. A esto se une el hecho de que la mitad de la población urbana mundial está constituida por menores de 25 años, según el informe 2007 del Fondo Mundial de Población de la Organización de Naciones Unidas, entidad que ha propuesto el tema “Los jóvenes y el cambio climático”, como objeto de reflexión en el Día internacional de la juventud, que se celebra este martes.
Sin embargo, de la reflexión se debe pasar a la acción, y ello implica que gobiernos, instituciones privadas y entidades no gubernamentales abran espacios de discusión y participación para la población joven. La iniciativa de la ONU es saludable, sobre todo si se toma en cuenta que ese grupo poblacional tendrá, en las próximas dos décadas, un papel protagónico ante las consecuencias, ya perceptibles en la actualidad, de la contaminación y el deterioro ecológico. En la mayoría de los casos, la población infantil y juvenil ha sido simple espectadora y receptora de una herencia de descuido medioambiental.
Evidentemente, para el mundo no ha sido fácil enfrentar los trastornos climáticos, porque es un problema de gran complejidad, y su costo, tanto en desastres como en la implementación de planes preventivos, representa sumas enormes de dinero, pero además involucra a poderosos sectores productivos e intereses económicos, al punto de que algunos gobiernos no se atreven a asumir compromisos, o bien suscriben tratados en los cuales se declaran buenas intenciones, mas no metas concretas.
La juventud se caracteriza por ser una etapa de la vida en la cual se busca transformar el orden de las cosas; la rebeldía y pasión inherentes a esta edad requieren ser canalizadas y aprovechadas, para que generen un cambio de actitud, no solo en cuanto a la crisis por el calentamiento global, sino en cuanto a otros problemas sociales: violencia, desnutrición, desintegración familiar y consumismo desmesurado.
Para sociedades como la guatemalteca, este es un reto impostergable, aunque es de destacar que también hay que sortear las ancestrales barreras: pobreza, deficiente acceso a la educación, escasas oportunidades de empleo y desarrollo, pero también la actitud de políticos para quienes los jóvenes solo existen durante la campaña electoral, porque después se pierden en los vericuetos del poder.
Según proyecciones del INE, la población de Guatemala para el 2008 será de 13 millones 677 mil 815, y de ésta, ocho millones 773 mil 31 son personas menores de 25 años, lo que indica que un 64.14 por ciento es joven. La cifra plantea todo un reto para que el Gobierno atienda a este amplio sector, pero, sobre todo, para que proyecte en el futuro cercano algo más que la educación elemental, y se empiece a invertir en ambiciosos planes que estimulen el potencial que representa ese enorme porcentaje de la población que mucho puede hacer por el desarrollo del país.
“El alto nivel de deserción escolar, sobre todo en los básicos, es lamentable, ya que el país pierde la oportunidad de tener adultos formados para el futuro. Ninguno de esos jóvenes podrá mejorar su calidad de vida, si no acude a la universidad”.LAURA ORDÓÑEZ,REPRESENTANTE DE LA ASOCIACIÓN DE ESTUDIANTES DE LA USAC
“Hace falta cambiar el modo en que está organizado el trabajo (en el Congreso), para producir mejores resultados. Es necesario tener archivos clasificados. Una institución carente de archivos difícilmente puede dar cuentas a la sociedad.”MAMFREDO MARROQUÍN,PRESIDENTE DE LA ACCIÓN CIUDADANA .
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