Guatemala, 19 de agosto de 2008
“He hablado por lo menos con 50 empresarios en las últimas semanas, y ninguno gusta del reciclado IETAP, hoy llamado ISO, impuesto aberrante y absurdo que castiga la productividad e inhibe la inversión”.
Por césar garcía
Opinión
Hace pocas semanas, podía verse y escucharse muy preocupados a algunos congresistas, quienes —eventualmente— esperaban una revuelta popular que terminara sacándolos del hemiciclo.
Esto, como resultado de la última “gracia” legislativa que tiene en alto riesgo de pérdida Q82 millones, lo que corresponde apenas a un 5 por ciento del presupuesto anual que ese organismo dilapida, a razón de más de un millón de quetzales diarios, incluyendo, sábados, domingos, días festivos, puentes y vacaciones.
Arístides Crespo, declaraba —compungido— que era una de las épocas más difíciles para el Organismo Legislativo.
Se notaban asustados los congresistas, pero su preocupación no era por Guatemala, ni por la vergüenza que ocasiona “una mancha más al tigre”, sino al perder su statu quo, por dejar de asirse del suculento hueso que para la mayoría de los congresistas, representa —en cuanto a la economía familiar se refiere— pasar de zopes a gavilanes.
La pena les duró poco, pronto se dieron cuenta —no cómo erradicar la tradicional hediondez del organismo, que debiese ser la columna vertebral de la democracia— sino cómo podrían lavarse la cara y “salir airosos” ante la población, “demostrando” que “la mayoría” son buenos diputados, y solo una minoría está metida en el juego sempiterno de la transa y la codicia.
Resueltos a lavar cara, eligieron chivos expiatorios y los sacrificaron públicamente; éstos eran culpables, por acción, omisión o ineptitud, pero —obviamente— no son los únicos involucrados en los mañosos manejos del Congreso.
También pretendieron lavarse cara —sin entender el problema— tomando partido por la CNEE, en el conflicto que ésta mantiene con la EEGSA, a lo que la CNEE —dada la nula credibilidad de su oficioso defensor— deberá pedirle: “no me ayudes compadre”.
Así las cosas, el Organismo Legislativo, “representante” natural de la democracia y del pueblo —frente a los pensantes— cae en mayor descrédito y en adelante… cualquier cosa puede esperarse de ellos, incluidos los —tan abundantes como anodinos— diputados “nuevos”, cuyas buenas intenciones y probidad no se ven por ningún lado. Lo que se avecina —desde el Congreso— es más arbitrariedad, más transas, más complacencias con el Ejecutivo, y —obviamente— la transparencia, la representatividad y los valores seguirán sin asistir al hemiciclo.
Dos grandes negocios de corto plazo para los diputados: 1) la aprobación de la adhesión a Petrocaribe y 2) la aprobación de la enésima “reforma” fiscal, la cual —dice el Gobierno— “ya fue consensuada con los empresarios”, y me pregunto yo ¿Con qué empresarios, quiénes se atribuyen el derecho de la representatividad empresarial, acaso un puñado de ex tecnócratas asalariados?
He hablado por lo menos con 50 empresarios en las últimas semanas, y ninguno gusta del reciclado IETAP, hoy llamado ISO, impuesto aberrante y absurdo que castiga la productividad e inhibe la inversión. Lo más comprometedor —para el nuevo gobierno—, al proponer una reforma fiscal precipitada, es que reconoce que no hará nada en pro de la transparencia, y en contra del despilfarro y la corrupción.
Pero “no importa”, los padrastros de la patria, van adelante, buscando sus aviesos propósitos, sin autoridad moral alguna para aprobar nada; menos aún, más gasto, más endeudamiento o más impuestos.
El presupuesto que aprobaron estos apátridas, hace apenas 10 años, era la mitad del que aprobaron éste, y se aprestarán a aprobar un inmoral presupuesto para el 2009, que superará los Q50 billones, es decir un ritmo de gasto de Q136 millones diarios, Q5.7 millones por hora, Q95 miles por minuto y Q 1 mil 600 por segundo, ¿cómo la ve? ¿Estará Guatemala en condiciones de este derroche? ¿Estará la Contraloría General de Cuentas en capacidad de fiscalizar esta danza de millones? ¿Tendrá el Congreso la autoridad moral de aprobar esta barbarie, y el Ejecutivo la probidad para administrarlo?
Lo dudo mucho, y con tristeza me pregunto ¿si en la democracia, el poder soberano está en el pueblo, por qué el pueblo sigue pávido? ¡Piénselo!
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