Guatemala, 31 de agosto de 2008
En el afán de llevar más recursos a las arcas municipales, algunos alcaldes incurren en extremos al implementar medidas que afectan ya no solo a sus propios vecinos, sino también a quienes deben cruzar por sus dominios y, por lo tanto, exponerse a exacciones a través de multas, porque tal es el capricho de las autoridades locales.
Uno de estos modelos es el de la alcaldía de Mixco, donde el jefe edil se ha dado a la tarea de dictar medidas en las que es notorio que solo busca agenciarse fondos adicionales, y no el de proteger a la población, como demagógicamente se quiere hacer creer. Esto es lo que sucede con las regulaciones sobre el tránsito de vehículos, cuyos conductores han debido enfrentar persistentes sanciones, porque al ayuntamiento local se le ha ocurrido que la velocidad en una carretera nacional, como la ruta Interamericana, debe ser regulada según sus propios caprichos, y cambia los límites de velocidad en tramos muy cortos y, por supuesto, de eso están pendientes equipos de camarógrafos que documentan las infracciones en las que hacen caer a los conductores, en una arteria de alto flujo vehicular.
Es de lamentar que aquellas autoridades acudan a las argucias citadas, porque al privilegiar el ingreso de fondos a sus arcas claramente están excediéndose y desnudan sus intenciones, lo cual lleva a la conclusión de que no debe permitirse que una instancia local, de manera unilateral, se atribuya derechos de paso en carreteras interdepartamentales.
Si a esas medidas arbitrarias no se le pone coto desde los poderes del Estado, se corre el riesgo de que muchas otras corporaciones incurran en similares atropellos, con el consiguiente riesgo de que ante tanta regulación impere la anarquía por cada norma municipal, pero tampoco puede permitirse que la voracidad de algunos alcaldes se exceda.
Comunas como las de Mixco, al igual que muchas otras, enfrentan el problema de que el sostenimiento de sus burocracias se ha vuelto oneroso para los vecinos, y tal gasto ha desembocado en medidas a todas luces abusivas e ilegales, ya que cuando los fondos no alcanzan es muy fácil imponer medidas que solo apuntan a meter la mano en el bolsillo de los contribuyentes, y tienen poco valor y efectividad para la seguridad vial.
No es ninguna novedad que la comuna de Mixco anda a la caza de más recursos, por cuanto a la decisión de regular la velocidad caprichosamente por tramos se suman los ilegales retenes que coloca su policía de tránsito, Emixtra, en entradas y salidas del municipio, también con la intención de esquilmar a los sufridos vecinos que, lejos de hallar seguridad en sus autoridades, encuentran acoso y abusos propios de politiqueros, difíciles de satisfacer en sus apetitos monetarios.
Es indiscutible que las corporaciones municipales necesitan fondos para un buen funcionamiento, pero esto no se puede lograr mediante el reprochable recurso de extorsionar a los vecinos con medidas evidentemente arbitrarias, como la de poner un límite de velocidad en determinado punto y luego modificarlo drásticamente a los 20 metros. Los mixqueños eligieron alcalde, no verdugo.
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