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Guatemala, 31 de agosto de 2008

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Cobre es codiciado como el oro 

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latinoamérica  Perjudicados 

En Brasil, las pérdidas anuales por el robo de cobre ascienden a US$12.3 millones. En Colombia, los usuarios del transporte público perjudicados por el saqueo de cable sobrepasaron los 660 mil en el 2007.

Reino Unido  Récord de robos 

El 2008 batió récords de crímenes relacionados con el metal rojo en el Reino Unido. Se calcula que la pérdida del material y las ulteriores cancelaciones de servicios cuestan a la economía británica más de US$700 millones al año.

Curiosidades

Saqueos sin escrúpulos

El primer metal usado por el hombre es ahora valioso para los ladrones.

• En Philadelphia (EE. UU.), desaparecieron en el 2008 más de dos mil 500 cubiertas de alcantarilla, las cuales terminaron en manos de comerciantes de metales.

• La iglesia St. Lawrence, en el condado británico Derbyshire, ha sido asaltada 14 veces en los últimos 10 meses por ladrones que sustrajeron campanas, revestimiento del techo y partes del equipo de aire acondicionado. Se considera un ejemplo que para los saqueadores de cobre ningún lugar es sagrado.

• Uno de los mayores robos del “oro rojo” del mundo se perpetró en el 2004, en una empresa estatal chilena, la mayor productora mundial de este metal, de donde se llevaron 10 mil toneladas, valoradas en US$25 millones.



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Por brenda martínez y agencias de noticias

No todo lo que brilla es oro, pero algunos metales, aún sin resplandecer tanto, se comercializan casi al mismo precio que este valioso metal. Es el caso del cobre cuya alta revalorización en los mercados de materias primas y la creciente demanda mundial ha disparado el interés de todos los inversores e incluso de los ladrones.

Las interrupciones en el sistema de transporte y los cortes del servicio eléctrico y telefónico se han convertido en las principales consecuencias de la oleada de robos de cobre, que seduce por la gran cantidad de dinero al que se cotiza en la actualidad.

Una tonelada del metal que en el 2005 se pagaba a US$1 mil, ahora roza los US$8 mil en el Mercado de Valores de Londres. De manera paralela, se ha extendido el uso de la chatarra para fabricar productos derivados del cobre y así ahorrar en gastos.

“La proporción de cobre robado es muy pequeña, pero se convirtió en un problema global porque afecta a millones de personas que se quedan sin teléfono o electricidad durante días”, explicó Jon Barnes, analista de metales de la consultora británica CRU.

El súbito aumento del precio del llamado “oro rojo”, que vio multiplicado su valor en tan solo dos años, y el incremento de la demanda de los gigantes asiáticos explican los robos.

China es el primer consumidor de chatarra, con 80 por ciento de las importaciones mundiales, seguido de la India. Chile es el mayor productor de cobre en el mundo.

Barnes explica cómo la carrera alcista que ha protagonizado el precio del cobre ha hecho creer a muchos —bandas organizadas pero también individuos oportunistas— que el riesgo de robarlo, electrocuciones incluidas, vale la pena.

Sin embargo, no es suficiente. Quienes en su día se especializaron en robar radios de automóviles, ahora dirigen su olfato hacia todo lo que lleve cobre, como cable telefónico, materiales de la construcción o líneas férreas.

Comienza a ser habitual que desaparezcan las placas de metal de las lápidas en los cementerios, que también atraen a saqueadores de latón y bronce.

Una de las principales razones que explican la ambición por este metal se debe a que es el mejor conductor de electricidad, se utiliza para la tubería de agua, gas, calefacción central y aire acondicionado, por lo que su venta está prácticamente asegurada en cualquier instalación industrial.

Medidas contra robos

La magnitud que alcanza el robo del metal rojo llega acompañada de las primeras medidas. En Latinoamérica, el corte de la línea telefónica ocurre a menudo. Entre sus principales afectados están Chile y Argentina, donde los gobiernos optaron por aumentar el arancel de exportación para desalentar a quienes procesan de manera clandestina el metal hurtado.

Varios estados de Estados Unidos aplicaron una legislación que obliga a los compradores de chatarra a pedir la identidad del vendedor. De esa forma, si se denuncia un robo, es más fácil dar con el ladrón.

Sobre las comunicaciones, las empresas de telefonía optan por reemplazar parte de sus redes con fibra óptica o colocar alarmas en los puntos estratégicos de la red para detectar robos.

Sin embargo, la dificultad en verificar la procedencia de la mercancía que llega a los países compradores de cobre complica aún más el combate contra este ilícito.

Quitan el aislante del cable, lo venden en lugares donde no hacen preguntas, el cobre viaja en contenedores y llega por mar a su destino. Resulta difícil identificar, por tanto, qué es robado y qué es legal.

Si los pronósticos aciertan y los precios del cobre continúan en ascenso durante los próximos cinco años, todo apunta a que la fiebre por el cobre —con sus ya fieles admiradores— seguirá inmune a la crisis que vive la economía mundial.

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