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Guatemala, 31 de agosto de 2008

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LA BUENA NOTICIAVíctor M. Ruano P. Ecos del Congreso Misionero

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Compartimos con los lectores de esta columna algunas ideas del Tercer Congreso Americano Misionero, celebrado recientemente en Quito, y que ha sido el marco para el lanzamiento de la Misión Continental, un proyecto eclesial que nace de la Conferencia General de Obispos en Aparecida. Esta misión llevará a las iglesias particulares a armonizar esfuerzos pastorales e iniciativas evangelizadoras para que el Señor sea cada día más conocido, amado, seguido y alabado, dijo el Papa, quien, a la vez, ofreció a la Iglesia de cada país un retablo en el que aparece Cristo glorioso que, con sus brazos abiertos, acoge a todos. Él nos precede en el camino de la vida, escribió el Pontífice, y nos ayudará a aspirar a la santidad, de modo que se despierte en cada bautizado el misionero que lleva dentro de sí y se venza la vacilación o la mediocridad que a menudo nos asalta.

Una Iglesia que se hace comunidad discípula de Jesús en actitud de escucha al querer de Dios y de la realidad de la humanidad de hoy para sintonizar con el grito de todo el que clama por una vida digna, fue el primer acento del Congreso. En ella los discípulos están llamados a vivir un encuentro profundo con Jesús en la radicalidad de la misión; un proceso de conversión, que lleva a cambiar de mentalidad para vivir los valores del Reino; una experiencia de construcción de comunidad que promueve el encuentro con Cristo y con el otro; una participación en la misión donde todos somos hermanos, sin fronteras geográficas ni culturales.

El segundo énfasis estuvo en una Iglesia que se define como comunidad llevada por el Espíritu y que aprende del Maestro para aprender de la humanidad, que aprende de la vida como él aprendió. En esta dinámica de aprendizaje el Espíritu Santo, compañero inseparable y arrollador de Cristo nos empuja en múltiples direcciones: hacia afuera, para evangelizar sin exclusión; adentro, en comunión con la iglesia; al fondo, para encontrarnos con Jesús en lo más intimo de nuestro corazón; al lado, siendo solidario con el prójimo; atrás, mirando la historia y retomándola; arriba, llegando a la configuración con Cristo y formando el hombre nuevo. Cuando la Iglesia es empujada por el Espíritu pasa a ser menos maestra y más sierva y testigo de la humanidad, procura no solo la salvación del alma sino también la liberación integral de la condición humana, liberación que debe llegar a los campos de la vida humana: economía, política, cultura, para que sean instrumentos al servicio de la realización plena del ser humano.

El último rasgo planteado por el Congreso es el de una Iglesia comunidad misionera para la humanidad en la que su tarea primordial es anunciar por el mundo el amor, cuyo rostro concreto es Jesucristo quien vino a nosotros para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Para llevar a cabo esta misión se espera de nosotros “un testimonio muy creíble de santidad y compromiso”. La misión de la Iglesia debe ser en el Continente y desde el Continente para todo el mundo, aprendiendo del apóstol Pablo a ser pastor y pionero de la Iglesia. Es un anuncio que toma en cuenta la experiencia misionera de liberación, formación y proyección “ad gentes”.

pvictorr@hotmail.com

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