Guatemala, 3 de enero de 2008
Vida Breve
Todo cambia, las personas y las costumbres, la moral y hasta la Fe. Los seres humanos mentimos con la misma naturalidad con que respiramos para sentirnos mejor nosotros mismos, para que otros nos consideren mejores, y para la búsqueda de unas mejorías sociales o para encubrir nuestros pecados.
Tenemos nuestro Dios personal, indulgente. El mundo del cristianismo parece que ya no tiene muchos cristianos. El cuerpo y el alma cambian, hay menos formación religiosa y más distracciones. El sexo, las drogas, las sectas con sus alternativas de la Fe, para sentirnos mejor con nosotros mismos. La nuestra es una sociedad laica, decididamente libre en la época actual y decididamente desgraciada, estresada y descarada.
Está bien claro que poseer cosas no hace feliz y el matrimonio ya no es imprescindible para amarse. La familia ha perdido su poder unificador y esto conduce a la humanidad a la soledad, al egoísmo, al amor libre o liberal, débil sin las ataduras, las bodas y las bendiciones.
La sociedad se ha vuelto comprensiva, es más amplia, caben en ella todos los derechos y derroches humanos y la fe en la democracia. No está de moda creer en la inmortalidad, ni en la muerte a la que nos acercamos de espaldas. La muerte es un callejón sin salida. ¿Creer o no creer? Interesa más la economía y la política. Pero ¿se puede vivir sin valores? y sin dejarse llevar por las palabras del Evangelio. Estas no cambian con el tiempo, ni con las personas incrédulas. No se trata de una Fe ciega, ni de una obediencia de los mandamientos que hay que aceptar sino de una Fe que nos guía no porque seamos sentimentales, ni unos menores de edad mental, sino nuestro profundo bien espiritual es el que nos enseñó Jesús en los evangelios.
Conscientes de que la sociedad está cambiando a pasos agigantados y todos sólo ambicionan vivir mejor económicamente, cueste lo que cueste, como se ha mermado la confianza incondicional en Dios. Nosotros le hemos abandonado. Conocerse es fatal y será siempre el problema de todos los hombres, ¿pero qué es lo que somos sin Dios? ¿Vale la pena vivir con la certeza de que no existen certezas? Creer es un impulso necesario, tan vital que no creer hubiera sido fatal. Poder creer es uno de los fenómenos más enigmáticos. Para unos es fácil creer, para otros poder creer es una de las mayores preocupaciones y para muchos otros, ateos o apáticos, es tal vez indiferente mientras todo va bien, pero también ellos buscan a Dios cuando llegan las desgracias o las enfermedades. Los caminos a Dios son tan diversos como el olvido, la vejez, la enfermedad de cada cual. Alguien me dijo “la Fe es como una carta que alguien manda a sí mismo”. La Fe es, según yo, las palabras de la oración mitad gratitud, mitad rogación, que convierten la vida en paz, con la certeza de que Dios nos escucha y nos guía. Si hemos estado algo distanciados que nos perdone y reciba. Unos explican la Fe con sus reflexiones filosóficas, otros la sienten con emoción. La Fe no se describe con palabras sino sólo con obras de aquellos que realmente creen.
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