Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 3 de enero de 2008

Tipo de cambio

US$1.00 | Q7.60

Búsqueda

  

Archivo digital

Publicidad

Cultura

CABALGANTE

Mitos y otros demonios 

Resumen Internacional

Publicidad

Ciertas creencias pueden atarnos la vida entera. Recuerdo que cada principio de año mis vecinos y algunos familiares descifraban la lectura del huevo dentro de un vaso que se había conservado debajo de la cama. Allí salían bodas, desgracias, encarcelamientos y enfermedades. Tales maldiciones vinieron, con o sin el huevo, para todo el vecindario. También aprendimos la conveniencia de amanecer cada 1 de enero con dinero dentro de la bolsa; es bueno dar un paseo en carro para mantenerse viajando; quienes amanecen bailando parrandearán los 365 días siguientes; quienes lloran en ese momento justo se la pasarán sufriendo. Es un infortunio creer que la vida se rige por gatos negros. Donde hay pobreza, suele pasar la superstición con su báculo dando bendiciones a quienes la veneran. Les echa su agua bendita de promesas y les riega polvos y estrellas de ofertas navideñas.

Tengo un amigo poeta de pueblo que repite cada año un rito muy extraño: cada 31 de diciembre coloca una copa de vino en la mesa, habanos, una máquina de escribir, flores y hojas en blanco. A las doce de la media noche se sienta a escribir como si fuera un iluminado; con o sin inspiración, deja que su conciencia fluya y escribe poemas locos, cursis o cochinos, de los que salgan; la cosa es escribir para sembrar una creatividad que dará buena zafra todo el año; o para decirlo en palabras suyas, “poéticamente hablando”, por supuesto, “para inseminarme de la poesía que me embarazará doce meses”. A pesar de eso no escribe ni lee nunca, y nadie lo conoce no obstante ya publicó un par de libros.

Esas reflexiones vienen a propósito de este nuevo inicio de año, cuando quienes se cuidaron de tener dinero dentro de la billetera tendrán que enfrentar la pobreza de este país cada vez más encinta de miseria. El círculo es tan vicioso que es un círculo ebrio. Zigzagueante, una estrella fugaz se pierde en la noche.

En los hogares se atiza el fuego del miedo por las pandillas; la agresión callejera es un infierno instalado en los parques y las camionetas cuyo vientre es un azaroso sarcófago. Ese mismo pueblo cruzó otra vez los dedos, se persignó tres veces, tocó madera, dio su diezmo y permaneció unido en un abrazo. Cualquier cosa servirá de protección contra la pobreza y las angustias. Es por superstición, muchas veces, que las familias fingen que son felices. Eso a pesar de que antes y después de las doce haya gobiernos ladrones, botellazos, tirones de pelo y maldiciones.

Lo cierto es que una estrella cruza el horizonte, siempre; las galaxias estallan mientras que en esta Tierra camina un pueblo todavía encorvado, pero con los mismos derechos que cualquier lugar del mundo a tener una vida cada vez más digna.

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2007 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio