Guatemala, 4 de enero de 2008
Anunciaron que a los usuarios de Telefónica, patrocinador del concierto de Carlos Peña, les venderían entradas en preventa. La encargada de venta nos mostró la pantalla para escoger el lugar, y escogimos los lugares C29 y C30. El día del evento —después de largas filas— nos querían enviar de la fila 40 en adelante, por lo que explicamos cuáles eran nuestros lugares. Por fin
—después de hora y media de espera—, en el lugar que nos correspondía había una señorona que con prepotencia nos dijo que ella era familiar de Hugo Peña y por eso no se movería de allí. Luego llegó un señor que nos dijo que, debido a que eran parientes del cantante, no los podían “mover”. Al final nos colocaron muy lejos de donde habíamos pagado. Qué mala organización.
Dra. Ma. Lucrecia de Zambrano
dralzambrano@hotmail.com
El 3 de diciembre pasado me presenté en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), zona 9. Pasé la noche sin atención médica; únicamente me hicieron unos exámenes, a pesar de haber llevado los resultados de laboratorio y el informe de un médico que señalaba mi cuadro clínico. Como a la 1 de la madrugada me suministraron suero. Al ver que mi enfermedad empeoraba y no me atendían, decidí retirarme voluntariamente y firmé un libro de descargo de responsabilidad. Tuve que internarme en un sanatorio privado, donde me atendieron. El 9 de diciembre me dieron de alta con prescripción médica. El colmo de esto es que me recetaron Primaquina, un medicamento que solo tienen en el IGSS. Decepcionante para un afiliado que durante su vida ha aportado sus cuotas como trabajador.
Óscar H. Gómez
A-1 18,699, afiliación 16819181-5

Varios agentes han perdido la vida por no usar chalecos antibalas.
Me conducía por la calzada San Juan, en busca de Bosques de San Nicolás. El semáforo marcaba alto, por lo que no me era posible virar. Entonces, el piloto de un bus extraurbano —que transitaba en la misma dirección— bocinó insistentemente a los vehículos que esperaban el cambio de vía. Luego, un autopatrulla se acercó con las luces encendidas y se estacionó delante del bus; se bajaron varios policías, y se dirigieron hacia la parte de atrás de aquella unidad de transporte.
Los agentes tenían puestas las manos sobre sus armas y esperaban algún movimiento sospechoso, para reaccionar. Los automovilistas bajamos los vidrios de las ventanillas, a fin de que la autoridad observara el interior de nuestros autos. De pronto, alguien gritó: “¡En aquel vehículo!”, en referencia a un carro que se adelantaba al bus, a fin de precipitarse a salir de la fila. Los agentes se subieron en el autopatrulla e iniciaron la persecución. Lamenté ver que los policías no llevaran chalecos antibalas —supongo que los tienen en cada autopatrulla—, ya que los presuntos delincuentes pudieron haberles disparado. Son muchos los policías que han expuesto su vida, y se les ha rendido homenaje, pero ya post mórtem.
Héctor E. Berducido Mendoza
hecberme@gmail.com
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