Guatemala, 11 de enero de 2008
La publicidad, la televisión, las películas románticas, la música y las propias familias “programan” a la persona para ser feliz, pero no para enfrentar la infelicidad. Esto último, a menudo, es resultado de percepciones, estereotipos y distorsiones de la realidad. Para emprender el camino a la felicidad, el jesuita Anthony de Mello afirmaba que es necesario convencerse de que a ésta nunca se llega: ella es el camino.
“Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido... Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gusta. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero. El producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia glorificación y promoción y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico”, decía el autor.
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