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Guatemala, 22 de enero de 2008

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Aplausos al FHA 

“El FHA demuestra que con personas decentes, transparentes y competentes se pueden lograr cambios asombrosos… incluso, en la administración pública”

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Por césar garcía

Opinión

El Instituto de Fomento de Hipotecas Aseguradas —FHA— tiene justamente mi edad, cumplirá —en pocos meses— 47 años.

Su importantísima función es “facilitar la adquisición de vivienda a las familias guatemaltecas a través de asegurar la inversión en financiamiento a largo plazo que otorgan las Entidades Financieras”.

El FHA entonces, asume un papel de “aval”, al garantizar los préstamos que los compradores de casas deben gestionar para poder hacerse de su vivienda.

Es obvio que miles de guatemaltecos, quienes adquirimos nuestra primera casa alguna vez… no pudimos haberlo logrado sin el apoyo del FHA.

Ese es justamente mi caso; siempre recordaré con gratitud al FHA y al Banco Granai & Townson, por haberme —siendo un patojo trabajador de 22 años— en 1983, concedido un crédito de Q21 mil para adquirir mi primera casa… un inmueble de 180 metros cuadrados de terreno y 59 metros cuadrados de construcción, cuyas cuotas —con tasa fija— me costaba mucho pagar mucho, pues no ganaría —entonces— más de Q600 mensuales.

El FHA ha tenido ciclos de orgullo y de vergüenza, y ello ha estado relacionado con la gestión de esta “institución estatal descentralizada”; como otras de naturaleza parecida, han estado —tanto— a cargo de gente competente y diligente, de gente decente pero incompetente y también de facinerosos que han llegado a ver que sacan… en una institución cuya visión es noble.

La calidad de su gestión y resultados —como en cualquier entidad— parte de la calidad del nombramiento de presidente y de gerente, los cuales resultan ser —sin duda— los cargos clave.

Me ha tocado ser testigo del desarrollo del FHA por mi vinculación —por más de dos décadas— en la banca y luego, por mis roles de columnista y consultor.

He sido testigos de sus altibajos, y me tocó —en algún momento como banquero— participar en la reactivación del instituto, cuando a principios de la década de los noventas, el banco que dirigía (Continental) decidió innovar, al entrar a un nicho que se encontraba —para esos años— deprimido, pero otrora —por medio de Granai & Townson e Inmobiliario— había sido muy dinámico.

A partir de la entrada de Continental en la escena, el FHA resurge y no fueron pocos los bancos que se interesaron en la vivienda, sector —que para bien de la economía— se ha convertido en muy importante y competitivo.

Sin duda, el sector vivienda genera directa e indirectamente tantos empleos como pocas actividades económicas.

Algunas instituciones y naciones, extraordinariamente pasan por épocas de gloria, y el FHA está en esa plausible etapa que esperamos tenga exitosa continuidad.

En efecto, como se pude notar en las gráficas, el tesonero trabajo de sus autoridades directivas y administrativas, pero especialmente de su presidente Francisco Sandoval, empresario exitoso, probo, tenaz y visionario, así como de su gerente Ronaldo Arana, ejecutivo, talentoso, decente, sensato y dinámico, ha dado como el resultado el éxito.

Éste, traducido en un FHA mucho más competente, dinámico y transparente, también una institución —como muy pocas en la administración pública— sólida, ordenada y rentable.

Existen posiciones dogmáticas que jamás llegaré a comprender, como las que cuestionan la rentabilidad de este tipo de entidades, pero es que ésta les garantiza —entre otras cosas— su importante permanencia en el mercado y obviamente la búsqueda incansable de la eficiencia y competitividad.

Con el FHA, ha pasado justamente eso; su importante rol de apoyo a la vivienda que además se ha convertido en un buen negocio, ha inspirado la competencia y hoy día no está solo en el mercado, sino compite con mucha dignidad con otras tres entidades afianzadoras que se han sumando —en un esfuerzo encomiable— a dar apoyo al importante sector vivienda, a la vez que generan —lícitamente— utilidades.

El FHA demuestra que, con personas decentes, transparentes y competentes, se puede lograr cambios asombrosos… incluso, en la administración pública.

¡Aplausos!.

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