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Guatemala, 22 de enero de 2008

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Por Irma de Luján

En este libro José Toledo Ordóñez recoge una serie de informes, con el común denominador de la pintura infantil. Más específicamente estos informes son el sustento para estudiar, admirar y contemplar el dibujo infantil de Efraín Recinos.

El libro tiene el valor de un testimonio directo, puesto que, además, contiene un CD en donde el propio Recinos explica emotivamente con un lenguaje espontáneo y directo el porqué de algunas de sus obras. Además el libro contiene una bibliografía muy completa. En resumen, esta obra es una estimable aportación para el mejor conocimiento y enseñanza del dibujo del niño.

Consideramos imprescindible para los maestros de arte conocer esta obra que viaja a través de la geografía artística de la creación infantil. De todas las teorías realizadas alrededor de los dibujos y pinturas de los niños, sólo podemos retener un hecho indudable: que mientras mayor libertad se deja a la expresión del instinto y el desarrollo de la imaginación, el dibujo del niño contendrá mayor pureza y por tanto mayor espontaneidad.

Las circunstancias actuales han impuesto a los artistas profesionales la evolución de concebir la educación artística, prácticamente se abolió la practica inútil y nociva de la copia de estampas, y esperamos que el susodicho “dibujo lineal” se esté olvidando. Una de las barbaridades de estas prácticas era que nunca sobrevivía el potencial plástico que el niño poseía de nacimiento. La imaginación del ser humano era destruida por esta práctica, o sea una escuela mal orientada. El profesor de arte debe de ser creativo, ver a su alrededor, y no copiar la pacotilla que nos viene del extranjero, o sea, el inefable Bambi, El Pato Donald y compañía. Estos dibujos no tienen categoría artística, por lo tanto hay que eliminarlos.

En el libro de Picasso por Roland Penrose, considerado uno de los mejores biógrafos de Picasso dice: “Su padre, don José Luis Blasco, era un honorable pintor burgués seguidor de la tradición académica, que daba clases en el instituto local. Tres años después de abandonar Málaga, y observar que su hijo le superaba como pintor, le regaló sus pinceles y pinturas. La velocidad con que desarrollaba su talento y la facilidad con que asombraba a sus examinadores en las exigentes academias de Bellas Artes de Madrid y Barcelona, sugieren que no hubiera tenido problemas en encontrar con facilidad el éxito sin tener que pasar por la academia”.

Picasso no pintaba como niño, al niño le gusta la fantasía, los cuentos de hadas, los príncipes y princesas, castillos encantados. Al contrario, Picasso encaraba al tema de niño como adulto. En su primer obra, El Picador (1889), ya se intuye la curiosidad y la pasión y la libertad, libre de cualquier convención, se nota además el gran sentido de observación.

Las palomas reproducidas en la página 45 del libro de José Toledo, son del padre de Pablo Picasso realizadas en 1831.

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