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Guatemala, 29 de enero de 2008

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SIEMBRASindicalismo negativoPor Carlos Enrique Zúñiga Fumagalli

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El movimiento sindical guatemalteco es de los más débiles de América Latina. Esto no es cuestión de casualidades. Si bien es cierto que hay muchos líderes que empiezan a tener una visión distinta del movimiento que representan, al estilo de los movimientos en la Unión Europea. Al menos los europeos más modernos han comprendido que el sector productivo lo conforman ambos: empresarios y trabajadores.

Desde el origen de la teoría económica se listan al capital y el trabajo como pilares fundamentales para desarrollo económico, que dicho sea de paso, es esencial para lograr el desarrollo social. Es hora de que entendamos de una vez por todas que empleador y empleado conformamos un equipo y, como tal, debemos colaborar en armonía por alcanzar la mayor productividad y competitividad en beneficio de todos.

Sin el capital, la inversión, no hay trabajo; y sin los trabajadores, no se puede aumentar el capital. Al crecer el capital, se genera más inversión, más trabajo y crece la demanda de bienes y servicios, fomentando así el nacimiento de cientos de micro, pequeñas y medianas empresas: más empleo. ¿Qué pasa que aquí no se quiere entender una ecuación social tan sencilla? La realidad es que el verdadero bienestar común se alcanza únicamente colaborando entre todos. En Guatemala hay cientos de empresas con estándares internacionales, con excelente relación con sus trabajadores y sin organización sindical. Demuestra también la madurez alcanzada por la gerencia moderna al comprender claramente esa obvia relación de dependencia que existe entre ambos.

Gracias a esa excelente relación que existe entre empleadores y empleados no sindicalizados y al rechazo generalizado de los guatemaltecos a continuar conviviendo en conflicto es que el movimiento se ha tornado impopular, si bien hay que reconocer que existen líderes que se están esforzando por innovarse y cambiar el esquema de combativo y nefasto del pasado, principal generador del deterioro continuo de un movimiento sindical nocivo.

El principal enemigo del movimiento sindical es el sindicalismo mismo. El liderazgo negativo como el de Joviel Acevedo y otros cuantos, que han generado en la población una fobia generalizada ante este gremio. La armonía se logra con acciones y no con demagogia populista y actitud violenta. Este dirigente está condenando a nuestras futuras generaciones a la mediocridad; todo por comer de gorra.

cezunigaf@hotmail.com

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