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Guatemala, 29 de enero de 2008

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Economía

Claro y conciso

Importantes percepciones 

“La decisión del nuevo Gobierno, de realizar este traslado, no debe causar especulaciones indeseables que provoquen pasividad o temor en los agentes económicos...”

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Por césar garcía

Opinión

Las declaraciones de Allan Greenspan, respecto de la discutible próxima recesión de los EE. UU., fueron suficientes para desencadenar reacciones que llevaron —en relativamente poco tiempo— a las bolsas de valores más importantes del mundo, al borde de la desesperación.

La indisciplina en el gasto público de la economía más grande del mundo que generaba un preocupante déficit fiscal, así como su aparatoso déficit comercial, hicieron suponer a varios analistas —desde hace algunos años— que llegaría el momento de afrontar las consecuencias de la nada aconsejable relajación del gasto público que se derivó —principalmente— de una economía de guerra.

Todos esperamos que las medidas que el Gobierno estadounidense está implementando, basadas en poner dinero en los bolsillos de los consumidores, den resultado y éstos vuelvan a ganar confianza, consumiendo y dinamizando —de nueva cuenta— importantes sectores… como el inmobiliario que hoy por hoy, resulta —junto con la banca dedicada a su financiamiento— el más afectado.

La economía —al igual que la seguridad— se basa en percepciones; la gente se siente o no se siente segura, así como se siente o no se siente motivada a comprar, invertir o gastar.

Cuando existe motivación por el consumo o la inversión en bienes esenciales como la vivienda, la economía empieza a moverse y a crecer.

¿Por qué? Llanamente, porque se está generando empleo y el consumo que deriva de esos nuevos trabajadores, a su vez genera dinamismo en muchos otros sectores de la economía.

En este orden de ideas, lo peor que le puede ocurrir a una economía es que se impregne de desconfianza, pues cuando eso ocurre, los consumidores, los agentes económicos, se refugian en una trinchera y asumen una actitud cautelosa, la cual perjudica directamente la actividad económica, que se retrae tanto el consumo como la trascendente inversión.

En las semanas recientes, algunos clientes y allegados, me han consultado, acerca del repunte de la tasa de interés “anunciado por el nuevo gobierno”; lo primero que les aclaro es que no ha existido tal anuncio, aunque podría “percibirse” que eso ocurrirá, cuando se habla de una “política restrictiva de liquidez”, la cual empezará por retirar —del sistema bancario privado— los depósitos del Estado, ello a tenor de lo dispuesto por la Ley Orgánica del Banco de Guatemala, en la cual se expresa la disposición sobre las entidades del Estado, de tener sus depósitos en el Banco Central o Banguat, cuya función —entre otras— es ser banquero del Estado.

A este respecto ya en junio de 2002, mediante resolución JM-178-2002 de Junta Monetaria, se programó un traslado de este tipo de fondos, del sistema bancario privado al Banco Central. Sin embargo, posteriormente, regresaron al sistema bancario, estimándose que actualmente estos depósitos superan los Q11 mil millones.

La decisión del nuevo Gobierno de realizar este traslado no debe causar especulaciones indeseables que provoquen pasividad o temor en los agentes económicos, pues esta medida no —necesariamente— tendrá como resultado un repunte —brusco— de la tasa de interés, aunque es un hecho que ésta se está ya elevando levemente.

¿Por qué no hay de que entrar en pánico o estrés? Básicamente, habría que poner atención a la gráfica que muestra la evolución de la inflación de nuestro país durante los últimos 10 años, así como el saldo de las Operaciones de Mercado Abierto —–OMAS— cuyos montos –a partir del 2004- incluyen —quetzalizados— los OMAS en dólares.

Sobre el particular, son los propios bancos los principales clientes del Banguat, en estas operaciones que actualmente superan los Q14 mil millones, de modo que tendrán de dónde reponer la liquidez, cuando se inicie el proceso de retiro de fondos del Estado, para ser trasladados al Banguat; medida indiscutiblemente legal, pero que deberá manejarse con muchísima cordura, mediante un programación bien pensada que evite la desconfianza, temor o funesta paralización de los agentes económicos.

Es importante al tomar medidas, no cambiar las percepciones.

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