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Guatemala, 7 de febrero de 2008

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ALEPHElecciones 2011 a la puertaPor Carolina Escobar Sarti

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Ya sé que aún no nos recu- peramos de la goma que nos provocó la campaña electoral pasada, pero cuatro años son pocos, muy pocos, para todo lo que hay que hacer en Guatemala antes de las próximas elecciones. Más aún, si tomamos en cuenta que en este país las cosas no caminan en el tiempo que podrían, sino en el que se les antoja a quienes tienen la responsabilidad de hacerlas andar. A la inercia que va definiendo los procesos importantes para el país, se suma la intención de personas y sectores interesados en “poner el palo delante de la llanta” para que el carro no continúe su marcha.

Por ejemplo, hace pocos días recibimos la noticia de que el Registro Nacional de Personas (Renap) comenzaría a funcionar más tarde de lo previsto. La falta de presupuesto se esgrimió como una de las razones, pero también los innumerables problemas que existen en el país alrededor del tema del registro ciudadano. Libros de registro demasiado viejos en los cuales ya no se puede leer claramente la información; requerimientos tecnológicos para los cuales no estamos preparados; cientos de archivos perdidos o quemados desde la época del conflicto armado interno hasta hoy; comunidades que se niegan a entregar los documentos de su Registro Civil al Renap, solo para mencionar algunos.

Con todo y los vacíos de fondo que contiene la norma que crea al Renap, lo considero no sólo necesario, sino indispensable. Contar con un documento único de identidad puede marcar el inicio del fin de la crisis de credibilidad que se ha cernido sobre nuestro caduco y oscuro sistema de registro ciudadano, hecho que cada cuatro años se ha puesto en evidencia cuando hasta los muertos se levantan de sus tumbas para ir a votar. Por otra parte, el hecho de contar con un registro de personas no es un tema de competencia únicamente electoral, porque todo país que se asuma democrático o en vías de serlo, debe de contar con un instrumento que le permita manejar datos estadísticos confiables, principalmente con el fin de diseñar y ejecutar políticas públicas más congruentes con la realidad nacional.

Así que decir que “solo” se retrasarán unos seis meses más en comenzar a funcionar, es perder de vista que ese registro debería de estar listo por lo menos un año antes de las próximas elecciones para construir el padrón electoral; además, un proceso de esa naturaleza, en 332 municipios, no es cosa fácil. Es interesante comenzar a imaginar lo que podría pasar si llegamos al 2011, mitad a pie, mitad a caballo, sin haber registrado a toda la población guatemalteca.

Por otra parte, tenemos temas pendientes que son verdaderamente importantes para el país en el corto, mediano y largo plazos. Cuatro años (tres, porque el último no cuenta mucho), no son nada para tratar de darles respuesta. Por ejemplo, reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos en el contexto legislativo actual es una tarea titánica que es capaz de volver loco a cualquiera. ¿A qué horas se ponen en sintonía 158 diputados de tantas bancadas diferentes y con tantos intereses en juego?

Otro de los temas postergados es el fortalecimiento de un desgastadísimo Tribunal Supremo Electoral, al que le urge rescatar el espíritu que orientó su creación y justificar con más seriedad su existencia. Las deficiencias que se dieron en procesos electorales anteriores pueden comenzar a ser corregidas hoy, con el fin de lograr una descentralización electoral real y efectiva. Por otra parte, los magistrados que tomarán la batuta en poco tiempo, habrán de darse cuenta de que un tribunal trabaja muchos años para que un solo día todo funcione bien. Se dice que los chapines dejamos todo para el último momento, pero esa no es excusa que se aplique a los magistrados de un alto tribunal guatemalteco que son electos para garantizar procesos electorales más eficientes y transparentes.

Cuatro años también son insuficientes para formar cívica y políticamente a la población guatemalteca. Esta necesaria sensibilización marcaría un punto de inflexión en la respuesta ciudadana hacia los procesos políticos que se viven en el país. En fin, aquella canción de Volver dice “que veinte años no es nada”, así que cuatro son aún mucho menos.

cescobarsarti@gmail.com

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