Guatemala, 8 de febrero de 2008
Investigadores de la Universidad Wake Forest en Winston-Salem, EE. UU., descubrieron aspectos del funcionamiento cerebral que podrían explicar por qué rascarse produce alivio y por qué a veces es difícil de parar.
En el estudio participaron 13 voluntarios sanos (siete hombres y seis mujeres) que pasaron por pruebas de resonancia magnética funcional que muestra las áreas del cerebro activas durante diversas actividades. Los investigadores rascaban en la pierna a los participantes con un pequeño cepillo durante unos 30 segundos y se detenían por otros 30, y así sucesivamente durante cinco minutos.
“Descubrimos que algunas áreas del cerebro asociadas con emociones y recuerdos desagradables se volvían menos activas mientras rascábamos a los participantes. Es posible que rascarse pueda suprimir componentes emocionales del picor y proporcionar así alivio”, señala Gil Yosipovitch, uno de los investigadores.
Yosipovitch apunta a que en ocasiones sus pacientes le explican que hacerlo con fuerza, hasta el punto de sacarse sangre, es lo único que alivia su picor crónico.
El estudio también mostró que algunas áreas cerebrales se volvían más activas con el rascado, incluyendo el cerebelo, la corteza somatosensorial secundaria, una zona que participa en el dolor, y la corteza prefrontal, que está asociada con la conducta compulsiva. “Esto podría explicar la compulsión por seguir rascándose”, apunta Yosipovitch.
De hecho, añade, hasta ahora se habían obtenido imágenes cerebrales de los circuitos neuronales que están activos cuando sentimos picor, pero ésta es la primera vez que se observa qué ocurre con la “recompensa” del rascado.
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