Guatemala, 8 de febrero de 2008
Por Emilio Godoy
Ciudad de México. La creciente cantidad de armas de fuego que están en circulación en Guatemala es un riesgo serio para la estabilidad democrática del país, según estudio hecho por diversas organizaciones.
El informe “Armas pequeñas y livianas: una amenaza a la seguridad hemisférica”, auspiciado por la Fundación Ford, de EE. UU., fue elaborado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
El documento atribuye a las armas pequeñas y livianas una influencia importante en la espiral de violencia que padece el país, junto a sus vecinos El Salvador y Honduras.
“Guatemala registra índices de violencia bastante elevados, al punto de que la Ciudad de Guatemala ocupa los primeros lugares en casos de muertes violentas en América Latina, y los números tienden a subir cada año”, revela el capítulo de Centroamérica, a cargo de Carmen Rosa de León-Escribano, directora ejecutiva del Instituto de Enseñanza para el Desarrollo Sostenible.
En los últimos cinco años, el número de muertes violentas por arma de fuego se ubicó en un promedio de 79.19 por ciento sobre el total de muertes violentas, al punto de que llegó al 82 por ciento en el 2005.
“Esto quiere decir que las armas de fuego constituyen el principal medio de muerte en Guatemala”, apunta el documento, de 502 páginas de extensión y en el que también participaron consultores de El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá.
En Latinoamérica, Guatemala ocupa el octavo escalón en muertes por arma de fuego, con 18.5, mientras que Colombia encabeza ese listado, con 55.7.
Aunque no están disponibles estadísticas oficiales sobre la cantidad de armas ilegales en Guatemala, el estudio sitúa esa suma en unas 800 mil, pues de cada 10 decomisadas por la Policía Nacional Civil seis o siete no tienen documentos.
Las cifras de violencia registradas en años recientes son atribuidas a los efectos de los conflictos bélicos, que desde las décadas de 1960 y 1970 azotaron Guatemala y El Salvador y que concluyeron en el decenio pasado.
En el norte de Centroamérica persiste “un alto circulante de armas y municiones, y una creciente inseguridad urbana motivada, especialmente, por la operación criminal y altamente violenta de las maras o pandillas juveniles”.
“La proliferación de armas pequeñas es un fenómeno que afecta no solo la gobernabilidad de los países, sino que se convierte, por su movilidad y volumen, en un riesgo para la estabilidad democrática de la subregión”, cita el texto.
El estudio, editado por la investigadora Stella Sáenz Breckenridge, caracteriza a Centroamérica como almacenador, distribuidor y consumidor de droga, así como proveedor de armas ilícitas hacia el norte y corazón de tráfico de personas.
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