Guatemala, 15 de febrero de 2008

CATALEJOUn regalo para nuestro idiomaPor Mario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASEl amor en los tiempos de orquídeasPor AlfredKaltschmitt

FAROEl fenómeno ObamaPor Rodrigo Castillo Del Carmen

VENTANASotz’ilPor Rita MaríaRoesch

COLABORACIÓNVulnerabilidad políticaPor José Miguel Argueta

SIEMPRE VERDE¿Qué está cambiando?Por Magalí Rey Rosa
En todo el mundo hay debate sobre el tema del cambio climático. En un extremo están quienes afirman que no hay cambio en el clima planetario, y aquellos que creen que —si es que lo hubiera— éste nada tiene que ver con las actividades humanas; en el otro extremo están quienes dicen que hay cambios en el clima mundial y que veremos consecuencias catastróficas muchísimo antes de lo que se está pronosticando.
En el medio, diría yo, están los expertos y científicos que parecen no tener ya ninguna duda de que el cambio que ellos están encontrando esté relacionado con las actividades humanas, y que advierten sobre las consecuencias de no hacer nada.
Me parece que los cambios en el clima son tan notorios que solamente se atreven a mantener que no hay cambios en el clima planetario quienes se benefician directamente de las actividades que producen gases que aumentan el efecto invernadero o que causan deforestación y pérdida de ecosistemas.
Sean cuales fueren las causas del cambio climático, es sensato —por sentido común— pensar en cuáles podrían ser los efectos y cómo podemos prepararnos para enfrentarlos.
Según Markkus Niskala, secretario de la Federación Internacional de la Cruz Roja, América es una de las regiones más expuestas a catástrofes por el cambio climático.
Javier Urbina, quien colabora con el Instituto Nacional de Ecología (INE) en el estudio social del cambio climático, explica que la violencia social en las grandes ciudades tenderá a incrementarse gradualmente conforme aumente la temperatura del planeta ante el cambio climático. Las temporadas más intensas y prolongadas de calor, que se pronostican para los años subsecuentes, traerán mayor irritabilidad y violencia entre la gente que habita las grandes urbes.
El estrés al que están sometidos las personas de las grandes ciudades, aunado al ruido y la contaminación, provocan que la irritabilidad y agresividad surjan con mayor facilidad.
En Guatemala, en los últimos 10 años, hemos casi triplicado nuestras emisiones de gases que producen efecto invernadero, mientras nuestra capacidad para absorberlos ha disminuido aproximadamente a la mitad.
Los pronósticos de los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático indican que tendremos menos lluvia en la época lluviosa y más huracanes. Sin importar qué lo está originando, ¿qué haremos las y los guatemaltecos frente al cambio climático?
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