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Guatemala, 18 de febrero de 2008

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Algunos meses después de la polémica elección, por medio de una votación en Internet, de las “siete nuevas maravillas del mundo antiguo” (cuya selección ignoraba nada menos que dos continentes, África y Oceanía, y conjuntos de naciones como Centroamérica), se invita ahora al público a decidir cuáles podrían ser las “siete maravillas del mundo natural”.

Por supuesto, toda iniciativa que busca la valoración del patrimonio es bienvenida. No obstante, como lo escribí el año pasado en El Nuevo Herald (Miami), “en una época donde más que nunca se busca promover la cultura, el respeto, la solidaridad y la paz, limitarse a siete maravillas resulta incomprensible y contraproducente”.

En realidad, la lista del patrimonio mundial de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), con sus 851 bienes naturales, culturales y mixtos, aparece mucho más representativa de la bella diversidad de nuestro vasto planeta. Tres de los bienes están en Guatemala: la ciudad colonial de Antigua Guatemala, el Parque Nacional Tikal y el Parque Arqueológico Quiriguá.

La lista fue una de las novedades traídas por la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, adoptada por la Conferencia General de la Unesco en 1972, y ratificada actualmente por 184 países. En el 2007 se agregaron 22 nuevas maravillas a la prestigiosa lista.

Transmitidas a través de las generaciones para el placer de nuestros ojos y nuestro espíritu, las riquezas destacadas por la organización internacional tienen hoy un notable impacto turístico. Pueden parecer perennes joyas o “templos del tiempo”, para retomar una hermosa expresión del poeta Paul Valéry. Pero en realidad, la suerte de la herencia de los siglos depende mucho del cuidado de los hombres, y la clasificación de un sitio como Patrimonio Mundial no es necesariamente definitiva.

El Comité del Patrimonio Mundial puede declarar un legado “en peligro”, y el año pasado tomó una decisión aún más dramática: por primera vez, desde 1972, un bien se quitó de la lista. Se trata del Santuario del Oryx, árabe, una antigua reserva natural de Omán (en la península arábica), donde sobreviven difícilmente varias especies, entre ellas, el antílope, que dio su nombre al área. El gobierno de Omán había decidido reducir al 90% la superficie de la reserva…

En el comunicado que hacía público el lamentable precedente, la Unesco explicó sobriamente que “el comité ha expresado su pena que el Estado parte no haya cumplido con sus obligaciones en cuanto a la conservación del santuario, tales como se definen en la Convención del Patrimonio Mundial”.

perrotminnot@yahoo.fr

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