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Guatemala, 26 de febrero de 2008

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DE MIS NOTASAlfred Kaltschmitt¿Lo sabían?

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Tengo amigos queridos que lo perdieron todo en la offshore del Banco de Comercio. La renuncia del superintendente, la semana pasada, ha causado que junto a los demás afectados lleven a cabo manifestaciones y protestas para exigir que el ex superintendente contribuya a esclarecer lo pendiente antes de partir a asumir un cargo internacional y, por ello, el arraigo.

Pero con todo el respeto a mis amigos, no hay que olvidar de dónde se origina todo el entuerto. Operadora de Comercio era una entidad fuera de plaza, que otorgaba a sus clientes tasas de interés mucho más altas a las del mercado local que, al final, tampoco pagaban impuestos. ¿Quién no sabe que las offshore son precisamente eso, entidades “fuera de plaza” que no están sujetas a las regulaciones financieras “normales” de la banca regulada?

Lo que corresponde es que el Ministerio Público y las autoridades correspondientes encuentren la forma de devolver sus inversiones a quienes usaron la Operadora de Comercio invirtiendo de buena fe.

Deben recordar que los ex directores del Banco de Comercio comunicaron a las autoridades que ya no podían seguir operando porque diversos factores del sistema financiero los habían afectado. La Superintendencia de Bancos había encontrado más de Q350 millones de créditos vinculados en diciembre del 2006, lo que provocó la quiebra del Banco de Comercio. Lo cierto es que las autoridades debían garantizar depósitos por Q954 millones a los más de 120 mil clientes.

Tres meses atrás, el Banco del Café había sido absorbido por tres bancos del sistema, por lo que las autoridades decidieron hablar con otra entidad bancaria para que absorbiera las operaciones reguladas del Banco de Comercio, lo cual ocurrió de inmediato. El Banco Industrial, que recibió a los clientes del Banco de Comercio, asumió Q954 millones de cuentas de ahorro y depósitos monetarios, una cartera de créditos cercana a los Q750 millones —de los cuales, unos Q350 millones son incobrables—, y a cambio, el Fondo para la Protección del Ahorro le dio Q732 millones. Si el Banco Industrial consigue cobrar los Q350 millones que se prestaron entre sí los socios del Banco de Comercio, no pierde nada, pero todo lo que no logre cobrar será pérdida segura.

¿Qué habría pasado si los bancos no hubiesen entrado al rescate de los dos bancos quebrados? La respuesta es simple: era la única manera de mantener la estabilidad del sistema bancario nacional, que estaba en riesgo luego de esas dos caídas y la falta de efectivo a finales del 2006.

Cuando se produjeron las dos quiebras, salió a luz que las dos offshores involucradas en ambos casos funcionaban al margen de la ley y no estaban garantizando las inversiones de los clientes, que vieron una buena oportunidad para ganar cifras superiores a las que los bancos pagan. Ninguna de las dos aparece en los registros legales de la Superintendencia de Bancos autorizadas para captar fondos y reinvertirlos.

Si las autoridades monetarias sabían o no lo que ocurría en esas entidades —como aducen los afectados cuando enseñan cartas firmadas por la Superintendencia—, eso deberá ser determinado por la justicia, y ante ella deberán responder. Los clientes de los bancos quebrados que tenían cuentas en los bancos y no en offshores están protegidos desde que fueron absorbidos por los otros bancos. Los que se corrieron el riesgo de ganar más, especulando en entidades offshore, pero creyendo que lo estaban haciendo en una entidad legal, deben argumentar su caso contra las dos offshore por el debido proceso legal.

En cuanto al ex superintendente, al ser ahora un ciudadano más, antes de partir a ocupar un cargo internacional debe cooperar para finiquitar lo pendiente en un caso que afectó a muchos.

Mis amigos tienen la razón.

alfredkalt@gmail.com

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