Guatemala, 27 de febrero de 2008

UCHA ´XIK¿Mayanización?Sam Colop

COLABORACIÓNEl visitante africanoDanilo Arbilla

ECLIPSELa Cicig y su retoIleana Alamilla

A CONTRALUZDe futbol y militaresHaroldo Shetemul

CARA PARENSEncíclica Spe SalviLarry Andrade-Abularach

CATALEJOMario Antonio SandovalLa apertura de archivos castrenses
VARIOS SON LOS PUNTOS de vista desde los cuales se debe analizar lo afirmado por el presidente Álvaro Colom, en el sentido de estar dispuesto a ordenar la apertura de los archivos militares del país. En principio, se puede señalar la muy alta posibilidad de aceptación de la ciudadanía a esta medida, porque sin duda alguna quienes sufrieron la pérdida de familiares y de amigos en la etapa del conflicto armado interno tienen derecho a saber lo ocurrido a ellos. Sin embargo, en ese mismo punto crucial y toral, es necesario señalar la necesidad de realizar una investigación similar para la totalidad de quienes murieron, porque en toda guerra hay bajas en los dos bandos en lucha, especialmente si tiene características de civil, como la de Guatemala.
EN CIRCUNSTANCIAS como las de este caso, casi siempre se habla de “conocer la verdad”. Sin llegar al campo del análisis filosófico, sino quedarse en el de la realidad práctica, se debe recordar la imposibilidad de conocerla en su totalidad, porque por decirlo de alguna manera simple, la Verdad —con mayúscula, como ente abstracto— está integrada por una serie o un conjunto de verdades menores pero igualmente importantes. El conflicto armado de Guatemala tiene muchas verdades de éstas, y al conocerlas todas o al menos unas cuantas se puede atisbar la complejidad del tema. Por aparte, este conflicto tiene igualmente muchas complicaciones, y esto lo hace muy difícil de comprender en su totalidad y de explicar en unas pocas palabras.
A MI MODO DE VER LAS COSAS, la promesa de apertura de los archivos militares tiene el riesgo de despertar muchas expectativas imposibles de cumplir, en su sentido de esperanza y posibilidad razonable de realizar o de conseguir algo, cuando ocurre algo. La desesperación y el sufrimiento por tantos años pasados sin conocer lo sucedido a personas desaparecidas, por ejemplo, puede despertar creencias e ilusiones, por tanto, imposibles de lograr. El resultado de esto igualmente puede ser aún más doloroso, porque al no obtener nada, o muy poco, se sufre de nuevo, se vuelven a pasar los mismos caminos de la pena, la humillación, la desesperanza. En otras palabras, se debe ser muy cuidadoso respecto de cuáles metas se deben esperar.
OTRO DE LOS PUNTOS DE gran importancia para analizar se refiere a la cantidad de las violaciones a los derechos humanos, en cualquiera de su amplia gama de manifestaciones. En una guerra hay dos bandos, y por ello dos fuentes de hechos repugnantes, cuya calidad la otorga la acción en sí, no su número. Ciertamente es un factor por tomar en cuenta, pero no permite dividir a los grupos en uno bueno y el otro malo. En todo caso, uno malo y el otro peor. La razón nunca se aloja con exclusividad en un bando, en una etnia, en un país, en una cultura. Por lo general se reparte entre varios. Ello causa, precisamente, los grandes problemas derivados de la natural tendencia humana a considerar al grupo de uno mismo como el de los buenos.
ESTAMOS HABLANDO DE un tema humano. De lágrimas, de dolor, de todo tipo de sufrimiento, de acciones imposibles de resarcir, en realidad. Los daños causados a los familiares quedarán allí para siempre. Eso es verdad en éste y en todos los conflictos y guerras, sobre todo las fratricidas, aunque se podría calificar de esa manera a todas, porque los seres humanos debemos considerarnos hermanos. La razón ética fundamental para tratar de resolverlo es esa: traer a quienes quedaron la tranquilidad de saber lo ocurrido. Pero también la de poner al alcance de la ley a quienes abusaron, por cualquier razón o motivo. Lo más importante de todo es preguntarnos si todos, como sociedad o como individuos, estamos preparados para esas verdades.
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