Guatemala, 6 de julio de 2008
La ex candidata presidencial socialista francesa, Ségolene Royal, causó ayer un alud de críticas, incluso de su propio campo, al opinar que el presidente Nicolás Sarkozy no tuvo “nada que ver” con la liberación de la ex rehén Íngrid Betancourt.
París. Íngrid Betancourt abandonó ayer el hospital militar de Val-de-Grâce de París, de donde salió llena de “felicidad” por las buenas noticias sobre su salud después de siete horas de exámenes médicos.
“Los médicos han sido encantadores y me han colmado de buenas noticias”, expresó en una entrevista con la cadena de televisión France 3 y añadió: “Es la felicidad total”.
La ex rehén colombiano-francesa, de 46 años, liberada el miércoles recién pasado junto con otros 14 rehenes en una operación de las fuerzas armadas colombianas, explicó que durante los casi seis años y medio que pasó en poder de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) había tenido una serie de “inquietudes” sobre su salud.
Betancourt relató que uno de sus compañeros de cautividad que fue liberado recientemente averiguó nada más regresar de la selva que tenía un tumor en el cerebro.
Los médicos han recomendado mucho reposo a Betancourt a causa de la fatiga, y le harán más pruebas aunque no son alarmantes, informó, por su parte, su hermana Astrid, según la cadena de televisión LCI.
Betancourt, que vestía un pantalón blanco y una chaqueta gris, salió del hospital militar de París cogida de la mano de su hija, Melanie.
En el hospital fue sometida a una serie de exámenes para determinar si sufre hepatitis B u otra enfermedad contraída debido a las condiciones insalubres en las que vivió durante su cautiverio.
Desde que fue liberada contó, en las múltiples entrevistas, conferencias de prensa y discursos que encadena sin desprenderse de su sonrisa, que había estado muy enferma.
El ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, en visita a Madrid, España, aclaró ayer que el rescate “fue adelantado 10 días para que los terroristas no se dieran cuenta de la infiltración”.
Bogotá sostiene que varios efectivos de los servicios de inteligencia militar habían conseguido engañar a los rebeldes para trasladar a los rehenes en un helicóptero camuflado al convencerlos de que formaban parte de una misión internacional.
Betancourt consideró ayer que el comandante que la custodiaba, alias Enrique Gafas, “un hombre de una maldad y una crueldad realmente especial” no había sido “comprado” por Bogotá.
“Cuando lo vi en el suelo con puños y pies atados, con los ojos vendados, la expresión de su cara, de su boca, no era la de alguien a quien se ha comprado. Estaba humillado”, aseguró.
EFE-AFP
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