Guatemala, 1 de junio de 2008
El 80 por ciento de la ciudad se inundó
• La tragedia de Katrina dejó mil 500 muertos y 1.3 millones de desplazados, así como 204 mil casas destruidas o muy dañadas.
• Aún quedan 17 mil familias que viven en casas rodantes.
• Tras el paso del huracán, llegaron a esa ciudad unos cien mil inmigrantes, el 54 por ciento, indocumentado, según un estudio del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de California en Berkeley. Ahora se estima que quedará la mitad.
• Los grupos grandes son hondureños, mexicanos y guatemaltecos.
Muchos inmigrantes guatemaltecos esperan en las calles a ser contratados para alguna tarea, que va desde mudanzas hasta trabajos de construcción. Hay días buenos, pero la mayoría no lo son tanto.
Por gema palencia
Cientos de guatemaltecos analizan regresar o trasladarse a otro Estado, en busca de mejores oportunidades, después de tres años de haber trabajado sin descanso para levantar la ciudad de Nueva Orleans, que quedó bajo las aguas, tras el paso del huracán Katrina, en el 2005.
La falta de especialización en tareas específicas en la construcción y la afluencia de trabajadores han hecho que los servicios de los connacionales ya no sean tan requeridos, pero, en su momento, aquellos llegaron a constituir el tercer grupo más numeroso en tareas de reconstrucción, después de hondureños y mexicano.
Cada mañana se reúnen en una esquina en Clayborne, a la espera de que los empleadores lleguen a buscarlos. Algunos se regresan a su casa sin haber tenido éxito, lo cual reduce el aporte que envían a sus familias en Guatemala.
Pedro Vásquez, originario de Totonicapán, viajó hace un año de Houston a Nueva Orleans, animado por la gran oferta de trabajo que se esperaba en esa zona.
En la última semana solo le dieron trabajo para dos días, lo que le hace pensar cada vez más en regresar a Guatemala. “Casi no puedo ni mandar dinero a la casa. No sale estar aquí, y en dos meses creo que me vuelvo a Guate”, cuenta Vásquez.
Otros como Crescencio Velásquez, quien vivía en esa ciudad antes del paso del huracán, han tenido mejor suerte. Fue víctima de las inundaciones y trabaja desde hace cuatro años en la reconstrucción, con la misma empresa, pero afirma que los salarios son ahora más bajos, y el trabajo es menos. El pago por el trabajo, que antes era de entre US$100 y US$125, ahora no sube de los US$80 diarios.
A la falta de trabajo se suman las quejas por abusos e incumplimiento de pago. “Te dicen que al día siguiente, pero ya no aparecen, y a veces los hispanos se aprovechan de que uno no sabe el idioma, y no te dan el dinero. ¿Y qué se puede hacer, si no tenemos papeles”, se queja Juan López, originario de la zona 18 de la capital de Guatemala y quien llegó hace un año para hacer trabajos de carpintería en EE. UU.
El tiempo en Nueva Orleans también está contado para Ramiro Portillo, de Gualán, Zacapa, a quien no le salen las cuentas para pagar el alquiler, la comida y el teléfono cuando solo puede trabajar dos o tres días por semana.
Mientras en las esquinas los connacionales se quejan de su suerte, una camioneta blanca se acerca. Todos se arremolinan en busca de que los contraten para trabajar en alguna obra.
“Mire, solo a uno o dos van a jalar. Y los demás, nada, a esperar aquí. Aquí ya no se puede”, lamenta Portillo.
Tras Katrina, unos 40 mil inmigrantes fueron a trabajar a Nueva Orleans, un área con escasa presencia de hispanos. En esos momentos a nadie pareció importarle el idioma, la situación legal y su apariencia. El color de la ciudad comenzó a cambiar, y los restaurantes, tiendas y negocios de envío de dinero se empezaron a multiplicar.
Todos tenían trabajo: el 80 por ciento de la ciudad había sido destruido. Ahora la cosa ha cambiado, y al igual que los guatemaltecos, cientos de latinos salen a las esquinas de gasolineras y almacenes de material de construcción, a la espera de que alguien los contrate.
La desesperación ha generado, según Dennis Soriano, de la organización Congreso de Jornaleros, que apoya a migrantes, mucho recelo entre la comunidad afroamericana y la hispana.
Esa organización ha tenido que mediar con dueños de tiendas y gasolineras, para que permita que se reúnan allí. “Se han dado problemas, pero sin el trabajo de los latinos, Nueva Orleans no se habría podido reconstruir”, añade Soriano.
Mientras, unas 17 mil familias afectadas por la referida tormenta siguen viviendo en caravanas, según la Agencia Federal para Manejo de Emergencias, a la espera de que sus viviendas sean reparadas.
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