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Guatemala, 1 de junio de 2008

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Por un ambiente libre de humo de cigarro

“El tabaquismo se ha convertido más en un tema político que de salud” 

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Humo por todos lados

Un estudio efectuado el año pasado demuestra que la mayoría de lugares en Guatemala no están libres de humo, lo cual afecta la salud del guatemalteco.

“Antes de la libertad de los fumadores, está la de todos a respirar aire puro (....) Cuando alguien enciende un cigarro aumenta, en un 30 por ciento, el riesgo de enfermedad cardiaca de los que están a su alrededor”.

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Joaquín Barnoya

Por Myriam Larra

Si alguien sabe lo que significa ir en contra de la corriente y de los intereses políticos y económicos es el cardiólogo Joaquín Barnoya, director de Investigación de la Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala y asesor en control del tabaco, quien dedica parte de su vida a la lucha por erradicar la “epidemia” que en el mundo está causando el tabaquismo, en especial lo que el llama el “humo de segunda mano”.

Muchos lo consideran loco por sostener esta lucha sin cuartel, pero en sus palabras se puede deducir que no parará hasta lograr que Guatemala sea un país con ambientes libres de humo de tabaco, con un fin primordial: salvar la vida de los guatemaltecos, pese a que muchos ya están condenados a una muerte segura, aun cuando ni ellos mismos lo saben.

¿Cuál es la incidencia de las enfermedades causadas por el humo del tabaco en Guatemala?

Desafortunadamente, la manera como se recolectan datos en Guatemala no es apta para sacar datos fidedignos de cuántas muertes se producen a consecuencia del tabaco y cuántas, por enfermedades cardiacas. Nos basamos en estimaciones internacionales. Lo que le puedo decir es que en el mundo hay 1.6 millones de personas que padecen del corazón por esa causa.

Pero... ¿tendrán algunos cálculos?

Las estimaciones son que en Guatemala mil 700 infartos de corazón al año son por culpa del tabaco.

¿Cuánta gente fuma en el país?

Depende del estrato social y del grupo etario (de la misma edad). La encuesta de la juventud que se hizo en el 2002, estima que un 15 por ciento de los jóvenes de entre 13 años y 15 años fuma en Guatemala. Si hablamos de toda la población, el porcentaje sube a entre un 25 por ciento y 30 por ciento. La prevalencia puede llegar a 35 por ciento en hombres y 15 por ciento en mujeres.

¿Por qué no hay datos recientes?

No existe una responsabilidad institucional para hacer una encuesta nacional de tabaquismo, que es lo que hacen todos los países con dos dedos de frente. No sabemos nada de la incidencia entre los indígenas ni en las áreas rurales

¿A qué se debe el poco interés?

Seguimos teniendo gobiernos con mentalidad infecciosa, enfocados principalmente en enfermedades derivadas de la pobreza. Ignoran el tema de las enfermedades crónicas y la capacidad que tenemos de prevenirlas. Pero cuando uno mira lo que está pasando en el mundo debería preocuparse.

¿Cuánto dinero se podría ahorrar el país si se lanzaran campañas efectivas de prevención y se aprobaran leyes como la de ambientes libres de humo de tabaco?

Un bypass (revascularización coronaria) tiene un costo de unos Q70 mil. Si tomamos en cuenta que se efectúan unos 150 al año en Unicar (Unidad de Cirugía Cardiovascular), estaríamos hablando de más de Q10 millones. Todo este dinero se podría ahorrar e invertir en otras áreas como desnutrición. Las medidas de prevención son altamente costosas, ya que el tabaco no solo ataca al corazón, la mayoría de órganos del cuerpo se ven afectados. El 90 por ciento de los casos de cáncer de pulmón que son tratados en el Incan (Instituto Nacional de Cancerología) son ocasionados por el tabaco. La gente que tiene estos problemas fumaba, vivía con un fumador o trabajaba en un bar o restaurante.

Esto quiere decir que quienes inhalan el humo de tabaco son igual de propensos a contraer una enfermedad coronaria o del pulmón que quienes fuman.

El problema no es solo del fumador, sino de todos los que están alrededor; esto la industria tabacalera lo sabe, pero se resiste a llevar el problema más allá y hacerlo social. Cuando alguien enciende un cigarro aumenta, en un 30 por ciento, el riesgo de enfermedad cardiaca de los que están a su alrededor.

¿Cuánto tiempo de exposición basta para que el humo afecte el cuerpo?

Solo media hora. Cualquier persona que va a un bar, restaurante, o permanezca por media hora cerca de alguien que esté fumando, ya está afectada. Estudios de laboratorio y experimentales lo demuestran. Han colocado monitores Holter —que ofrecen una lectura continua de la frecuencia y el ritmo cardiaco durante un período de 24 horas o más— a individuos sanos y los meten al cuarto de fumadores de un aeropuerto, similar al de muchos bares de Guatemala, pequeños y sin ventilación. La reacción es inmediata, al entrar empieza a latir diferente el corazón, media hora más tarde el endotelio, que es la principal capa de la arteria, empieza a funcionar diferente. (El endotelio para una arteria es como el teflón para una sartén, si quitamos el endotelio al igual que el teflón se pega la grasa).

Pero en muchos sitios ya no se permite fumar.

Se han desarrollado programas de convivencia en armonía, que es lo que usted mira cuando entra en un restaurante y ve áreas de fumar y no fumar. Pero la medida no es eficaz para evitar el daño, debido a la densidad del humo de tabaco. Para mantener un ambiente limpio se necesitarían vientos muy, muy fuertes, que harían de cualquier bar o restaurante imposible de habitar. Los más perjudicados son los trabajadores de esos lugares, quienes están expuestos por varias horas al humo de los demás.

¿Son reversibles los daños?

Afortunadamente el sistema cardiovascular es muy agradecido y sí es reversible el daño; el problema es cuando alguien tiene ya enfermedad cardiaca establecida. Son estas personas, en especial, quienes deben evitar la exposición al humo de segunda mano.

El tema ahora está en manos de los políticos, quienes discuten en el Congreso la iniciativa de ambientes libres de humo de tabaco. ¿Cuáles son los avances que ha habido al respecto?

Este es uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos. El tabaquismo en Guatemala se ha convertido más en un tema político que de salud. La industria tabacalera mueve mucho dinero y es la primera beneficiada con esta ausencia de datos, ya que sin estadísticas reales en Guatemala, se creen con derecho a decir que quienes estamos luchando por erradicar esta epidemia somos locos.

¿Cree que el contenido de la ley es el adecuado?

La Ley 33-09 es bastante progresista, a pesar de que no incluye bares, pero esperamos que con el tiempo éstos caigan por un efecto dominó.

¿Por qué no se ha aprobado si ingresó en el 2005 en el Congreso?

Por dos factores fundamentales: la influencia de la industria tabacalera y la presión ejercida por bares y restaurantes que piensan errónamente que se verán afectados sus ingresos económicos.

Esos son los argumentos de los bares y tabacaleras, ¿cuáles son los suyos para que se prohíba fumar?

Antes de la libertad de los fumadores, está la de todos a respirar aire puro. Uno no va a un restaurante a fumar, usted va a comer, y quienquiera fumar que se salga un momento y luego entre. Con ello protegemos la salud de los comensales, de los dueños y de los trabajadores.

El argumento económico tampoco es válido, es falso que los bares o restaurantes vayan a perder dinero por prohibir que se fume. En ningún lugar del mundo donde se han implementado estas leyes ha habido una baja en los ingresos. Al contrario, aumentan las ganancias, porque los lugares son más agradables, la comida sabe mejor, los dueños gastan menos en los sistemas de ventilación y disminuye el índice de ausentismo de los trabajadores.

Insisto, si esto es así, ¿por qué en Guatemala la ley no prospera?

Hay mucho cabildeo de parte de personas compradas por la industria tabacalera. Las empresas proponen que solo se contemple el tema de las áreas de fumar o no fumar, pero no aceptan ambientes totalmente libres de humo de tabaco.

¿Qué partido se ha opuesto más al tema?

El partido que más la ha bloqueado hasta ahorita es la UNE. Lo que llama la atención es que el vicepresidente electo por ese partido es cirujano cardiovascular, y viene de un país donde estas leyes son el común denominador.

El problema es que la aprobación de la ley se ha convertido en un asunto político y económico, donde el poder de la industria tabacalera dice mucho.

Pero Guatemala ratificó el convenio mundial marco para control de tabaco.

El Estado como tal se comprometió a proteger a los fumadores de segunda mano, pero en el Congreso las cosas son diferentes, y no se sabe cuándo va a pasar esa ley.

¿Sabe si el Consejo Nacional para la Prevención y el Control del Tabaco en Guatemala, del cual usted es miembro, ha tenido algún acercamiento con las tabacaleras?

No, no podemos tratar con alguien que está negociando con la salud, y a ellos es obvio que no les interesa el tema, responden a los intereses de los accionistas, como cualquier empresa.

¿Qué otras medidas se deberían tomar para evitar el consumo?

Aumento de los impuestos, los cuales deben ser usados para programas de prevención y no para pagar los viajes de los diputados al extranjero. Otra cosa es colocar etiquetas en los paquetes de tabaco con fotos del daño causado al cuerpo.

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