Guatemala, 1 de junio de 2008

TIEMPO Y DESTINOLa reducción del CongresoLuis Morales Chúa

SENTIDO COMÚN¿Qué pasó con las adopciones?Manuel F. Ayau Cordón

ESCENARIO DE VIDARespondiendo al cambio climáticoVida Amor de Paz

COLABORACIÓNUna medida que debe analizarseTomás Rosada

LA BUENA NOTICIA Sociedad y religiónMario Alberto Molina

COLABORACIÓNAlejandro Sinibaldi¿De qué lado está usted?
Vamos a hablar como el ciudadano común, como el guatemalteco de la calle, ese que se pregunta día a día: ¿hasta cuándo seguirá este incremento en el combustible?, ¿qué hará el actual gobierno para paliar la crisis?, ¿con qué compro las medicinas de los patojos?, ¿qué haré si sube el pasaje? La lógica señala que el Gobierno se mueve gracias al dinero que los ciudadanos le brindan, casi siempre por la vía de los impuestos, los que el Gobierno utiliza para pagar salarios a los servidores públicos, para pagar burocracia, para que en el mejor de los casos propicie inversión, principalmente en infraestructura y, claro, los servicios esenciales.
La misma lógica enseña que el Gobierno solo redistribuye aquello que previamente, en el mercado, nosotros los ciudadanos nos distribuimos cambiando tomates por quetzales o quetzales por panes, o quetzales por gasolina o diésel. Así es como se crea y distribuye riqueza, y gracias a los impuestos el Estado la redistribuye, solo después de que usted y millones de guatemaltecos más la han creado con mucho esfuerzo y con mucho sudor en la frente.
¿Qué sucede entonces en el caso de los combustibles? Por un lado, aquellos que quieren conservar los recursos que el Estado recibe de dichos impuestos (a los derivados y el IVA de los combustibles), principalmente para destinarlo a pago de burocracia y burócratas, algo que parece razonable si quien lo dice es un burócrata, un ministro o inclusive un presidente, puesto que de eso viven.
Por el otro lado, estamos del lado del ciudadano que crea con su trabajo dinero y así, capacidad de sostener a sus hijos, familia y, quizá, su propio negocio. Porque primero es usted y su capacidad de ahorrar cerca de Q5 por cada galón de diésel para que lo destine a pagar sus alimentos, la luz o el agua. Los que se oponen a que quitemos el impuesto al combustible no quieren que usted se quede con Q5 en su bolsa.
Dicen que de nada servirá, porque en un mes el precio volverá a subir y será el mismo. Falso, no se deje engañar; cuando menos nosotros, como diputados, habremos cumplido con quitarle una carga de Q5 por cada galón de combustible que usted consuma. Claro que puede ser que el precio siga subiendo, pero siempre tendrá una menor carga, porque ya no estará pagando impuestos por combustibles.
Formas para optimizar los recursos que necesita el Estado hay muchas. Una de ellas, y quizás la más importante, es que el Gobierno disminuya el gasto de aquello que ciertamente es superfluo, como la publicidad, los blindados, los asesores, la burocracia y, sobre todo, los viajes de trotamundos con grandes comitivas.
La exoneración ayudará a paliar esta crisis, a frenar de alguna manera la escalada de los precios de la canasta básica, ayudará a que la economía no se paralice, será una válvula de escape a un estallido social. ¿De qué lado está usted? Piénselo.
* Presidente de la Comisión de Energía y Minas del Congreso
Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos
© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio