Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 1 de junio de 2008

Tipo de cambio

US$1.00 | Q7.43

Búsqueda

  

Archivo digital

Suplementos
Anuncio

Publicidad
Opinión

TIEMPO Y DESTINOLa reducción del CongresoLuis Morales Chúa

SENTIDO COMÚN¿Qué pasó con las adopciones?Manuel F. Ayau Cordón

ESCENARIO DE VIDARespondiendo al cambio climáticoVida Amor de Paz

COLABORACIÓN¿De qué lado está usted?Alejandro Sinibaldi

COLABORACIÓNUna medida que debe analizarseTomás Rosada

Especiales
Encuesta
Fotogalerias
Entretenimiento
Mapas de Guatemala
Publicidad

LA BUENA NOTICIAMario Alberto Molina Sociedad y religión

Enviar por e-mail Formato de impresión

¿Qué consecuencias tiene para la sociedad que sus miembros practiquen una sola religión o, por el contrario, practiquen varias religiones distintas? La modernidad se caracteriza por el esfuerzo de relegar la religión al ámbito de lo privado. Por eso los responsables de la conducción de la cosa pública consideran irrelevantes tales preguntas y ni siquiera se las plantean. El Instituto Nacional de Estadística no incluye la religión entre los aspectos sociales que merezcan indagación. En nuestro país no tenemos información fidedigna, sino sondeos más o menos confiables, acerca de la composición religiosa de nuestra sociedad.

En otros tiempos, la religión era parte de la organización política de la sociedad. Los tiempos han cambiado a partir de las revoluciones ilustradas de finales del siglo XVIII. La Iglesia Católica también reconoce que su independencia del Estado le da mayor libertad. Pero el logro político de la modernidad en este respecto, que consistió en la separación de la Iglesia y el Estado, no debe significar la indiferencia ante la incidencia de la religión en la sociedad.

En una sociedad cuyos miembros mayoritariamente practican una misma religión, hay una comprensión compartida del sentido del mundo, de la sociedad y de la historia, y eso es un fundamento no despreciable para la cohesión social y como fundamento de la moral pública. Estas cosas debieran ser de interés para los políticos. La diversidad religiosa que conocemos en Guatemala está constituida fundamentalmente por variantes del cristianismo, y aún así es lamentable constatar, especialmente en las comunidades pequeñas, cómo esa diferencia crea fracturas que hacen más ardua la convivencia y más difícil perseguir y alcanzar objetivos comunes.

Y luego, está la otra pregunta, ¿son todas las religiones igualmente válidas y beneficiosas? Puede sorprender que Jesús dijo, en tono de censura, que llegaría el día en que algunos reclamarían: “¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?” Esos tales recibirán de él esta respuesta: “Aléjense de mí, ustedes, los que ha hecho el mal.” Jesús rechaza y descalifica la religión amante de milagros, de expulsión de demonios y portentos maravillosos, sin exigencia ética. Una buena parte de las preferencias religiosas que se dan en nuestra sociedad acentúa lo portentoso. En cambio Jesucristo indica el criterio de la verdadera religión con estas palabras: “No todo el que me diga ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.” (Mateo 7,21-23). La verdadera religión se reconoce en la coherencia moral de quienes la practican, no en los portentos de que puedan presumir.

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio